Traducido por el equipo de SOTT.netDesde sus inicios, Israel ha construido una marca para sí mismo, un poderoso reclamo que se basaba en dos pilares principales: Democracia y estabilidad.

© Times of Israel/AP/KJNBenjamin Netanyahu
Los principales destinatarios de esta marca han sido los poderosos Estados occidentales que ejercían un poder político, económico y militar desproporcionado.
Estos gobiernos occidentales, junto con sus influyentes medios de comunicación corporativos, hicieron su parte,
puliendo la imagen de Israel -como el más democrático y el más estable- mientras empañaban la de sus enemigos árabes y palestinos -o la de cualquiera que se atreviera a criticar a Israel. Poco importaba si Israel era realmente un faro de democracia y estabilidad, porque estos términos suelen conjurarse y utilizarse para adaptarse convenientemente a los intereses de quienes detentan el poder.
Para mantener la farsa,
la tarea de Israel era bastante sencilla: transmitir una fachada de democracia en casa -incluso si esta democracia está orientada racialmente y es excluyente- y proporcionar suficiente "estabilidad" para permitir que las empresas extranjeras confíen en que sus inversiones en Israel son seguras.