El conflicto ucraniano está convirtiéndose en una guerra en la que Occidente se enfrenta a Rusia y China. Cada bando está convencido de que el otro quiere destruirlo y el miedo es muy mal consejero. Sólo será posible preservar la paz si cada bando es capaz de reconocer sus errores. Tendrá que lograrse un cambio radical porque hoy las acciones rusas y el discurso occidental no corresponden a la realidad.
Ningún dirigente político quiere una guerra en su territorio. Cuando las guerras llegan a desatarse es, generalmente, bajo el efecto del miedo. Con razón o sin ella, cada bando teme al de enfrente. Por supuesto, siempre hay individuos que empujan hacia el precipicio, pero son fanáticos y extremadamente minoritarios.
Esa es exactamente la situación actual. Rusia está convencida, con razón o no, de que Occidente quiere destruirla. Occidente está idénticamente convencido de que Rusia ha iniciado una campaña imperialista que acabará destruyendo sus libertades. Mientras tanto, en la sombra, un pequeño grupo de individuos, los straussianos, desean que se llegue al enfrentamiento.
Eso no significa que la Tercera Guerra Mundial va a comenzar mañana. Pero si ningún dirigente político cambia radicalmente su política exterior estaremos caminando directamente hacia el abismo y habremos de prepararnos para el caos más absoluto.
Comentario: Es claro quién se beneficia y quién resulta más herido como resultado de este evento.