La campaña del Gobierno británico a favor de la identificación digital se está convirtiendo en una auténtica distopía, con ministros que barajan en privado la idea de asignar identidades digitales a los recién nacidos junto con sus historiales médicos.

La medida está siendo criticada como una flagrante usurpación de poder, y muchos advierten de que no tiene nada que ver con el control de fronteras y sí con la erosión de las libertades desde el nacimiento.
La propuesta surgió en reuniones secretas del Gabinete dirigidas por el ministro Josh Simons, quien citó el modelo de Estonia, donde los bebés reciben números únicos en el registro de nacimiento para acceder a los servicios públicos.












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