Que algunos españoles americanos vivieran mejor que los peninsulares solo era, a ojos de otras potencias europeas, una muestra más de la degeneración en la que había devenido el Imperio español. Los imperios son los malos de la película. Del imperio galáctico a los exabruptos de Napoleón o Hitler... El imperialismo tiene hoy una clara carga negativa, si bien aquello tiene más que ver con el fenómeno del Colonialismo británico o francés que con el verdadero «milagro» de
los imperios al estilo del romano o, a su modo, de la URSS o la Unión Europea. Los auténticos imperios sirven para abrir caminos, puestos comerciales, universidades, hospitales y toda suerte de estructuras para unir bajo una figura supranacional a muchos pueblos que, viviendo a pocos kilómetros, no habían interactuado nunca entre ellos. Solo los imperios que han traído prosperidad con ellos han sobrevivido en el tiempo. Y solo ellos pueden llamarse imperios.

En 1572 contrajeron matrimonio don Martín García de Loyola, sobrino de San Ignacio y gobernador de Chile, y la princesa inca Beatriz Isabel Clara Coya. Se han realizado numerosas representaciones pictóricas de ese enlace. En las imágenes podemos ver una de ellas.
Creadores contra depredadoresFue el filósofo
Gustavo Bueno el que puso énfasis en diferenciar entre estos imperios generadores y los colonizadores (depredadores). Esto es, la diferencia entre los imperios que, como
el macedonio,
el romano, el carolingio o el español, exportaban allí donde iban sus tecnologías (políticas, lingüísticas, culturales, económicas, mercantiles, religiosas, etc) y hacían partícipes de su empresa a la población; frente a los depredadores que, como
los británicos, los franceses, los holandeses o los portugueses, no solo no compartían sus avances, sino que los usaban en exclusiva para exterminar la realidad que habitaba en el territorio intervenido. «Un rasgo fundamental del imperio depredador es el de no mezclarse jamás biológicamente con la población aborigen del espacio ocupado, algo que ha caracterizado puritanamente al imperio inglés, que
colonizó Norteamérica "en familia", al viajar los colonos siempre con sus esposas, y mantener en reservas, recintos o guetos a la población nativa».
Es por esta razón que
los viajeros franceses e ingleseses que pasaron en tiempos de la Ilustración por tierras americanas del Imperio español quedaron horrorizados de que los agricultores de allí pagaran menos impuestos que algunos agricultores españoles.
O que algunas ciudades del continente, como Lima o la ciudad de México, fueran de una magnitud y una modernidad superior a las principales de la Península ibérica.
Comentario: La realidad del mundo hispano parece ser muy diferente de lo que siempre nos han contado: