Traducido por el equipo de SOTT.netNuevos documentos del Departamento de Justicia revelan una frenética operación de destrucción de documentos en el Centro Correccional Metropolitano de Manhattan, apenas unos días después de la muerte de Jeffrey Epstein en 2019, lo que aviva las sospechas de protección a la élite y obstrucción por parte del «Estado profundo».
Esta última revelación, extraída de un análisis realizado por el Miami Herald de miles de páginas de los expedientes de Epstein, encaja en el patrón de irregularidades que hemos sacado a la luz en nuestros reportajes anteriores.
Menos de una semana después de que Epstein fuera hallado muerto en su celda el 10 de agosto de 2019, se ordenó a un recluso que llevara bolsas de material triturado a la puerta trasera de la cárcel y las arrojara a un contenedor de basura el jueves 15 de agosto, y de nuevo el viernes 16 de agosto. El enorme volumen le pareció inusual.«Lo están triturando todo», le dijo el recluso a uno de los guardias, añadiendo que le habían pedido que echara una mano a los funcionarios con la trituración, mientras documentos clave desaparecían antes de ser revisados.
Un funcionario de prisiones del centro de detención llamó al Centro Nacional de Operaciones contra Amenazas del FBI esa misma noche, un viernes, a las 18:28 h, para informar de que «nunca había visto tal cantidad de bolsas de documentos triturados saliendo para ser depositadas en el contenedor de basura de la puerta trasera del Centro Correccional Metropolitano».A la persona que llamó le pareció sospechoso que un equipo de investigación encargado de la investigación estuviera triturando enormes cantidades de papeleo con funcionarios del FBI, BOP y OIG en el edificio.
A un funcionario de prisiones de la puerta trasera también le inquietó lo que presenció. En una nota dirigid a los investigadores tres días después, el lunes 19 de agosto, escribió: «Creo que puede resultar inapropiado que un equipo de investigación esté triturando documentos relativos a la investigación, y quizá convenga investigar por qué los empleados de la BOP están destruyendo registros».
«¿Podemos echar un vistazo al contenedor de basura lo antes posible para ver si el papel sigue allí? Es posible que aún no lo hayan tirado», respondió uno de los agentes federales.
Pero ya era demasiado tarde. La basura se había recogido esa misma mañana.
Los fiscales federales descubrieron otra irregularidad: «Hoy nos hemos enterado de que, al parecer, "han desaparecido" todas las hojas de recuento de la prisión correspondientes a fechas anteriores al 10 de agosto de 2019, que solicitamos el 12 de agosto de 2019».La Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York abrió tres investigaciones independientes: una sobre la muerte de Epstein, un caso de obstrucción a la justicia relacionado con la destrucción de documentos y la posible conducta indebida de los funcionarios de prisiones, y otra investigación por corrupción bajo el pretexto de la ley. Sorprendentemente, estas pasaron de ser posibles casos penales del FBI a la Oficina del Inspector General del Departamento de Justicia, que no tiene competencia para procesar.
El entonces fiscal general William Barr anunció inmediatamente que se trataba de un «aparente suicidio». El forense dictaminó lo mismo, por lo que la celda de Epstein nunca fue tratada como escena del crimen. Las pruebas cruciales, incluida la tela supuestamente utilizada en el ahorcamiento, nunca fueron examinadas adecuadamente.El médico forense Dr. Michael Baden, contratado por los herederos de Epstein y con una trayectoria de más de 20 000 autopsias a sus espaldas, argumentó que las lesiones en el cuello y la rotura de capilares en los ojos eran más compatibles con una estrangulación que con un suicidio por ahorcamiento.
La Oficina de Prisiones llevó a cabo una «revisión posterior a la acción» estándar, en la que se indicaba que estos equipos «revisan aspectos como diversos datos sobre los antecedentes del recluso, información sobre su salud y su personalidad, circunstancias previas y otros detalles relacionados con el suicidio. A continuación, este equipo extrae conclusiones y formula recomendaciones al centro».
Sin embargo, la prisa por destruir documentos y la desaparición de las hojas de recuento cuentan una historia diferente.
Estos acontecimientos ponen de manifiesto la misma obstrucción burocrática y transparencia selectiva que ha protegido a figuras poderosas vinculadas a la red de Epstein. Mientras que algunos alegan simple incompetencia, la destrucción coordinada de registros ante las narices de los investigadores delata la intención de ocultar conexiones que podrían implicar a las élites.
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