Las inundaciones en Paraguay parecen ser una constante, hasta el punto que después de que las aguas se hayan retirado en varias zonas, aún permanece el flagelo de los evacuados.
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© RADIO ÑANDUTY Varios niños, entre sus hogares, dañados por el agua.
De 12 mil niños refugiados originalmente en albergues de todo el país, aún son 9. 500 los que permanecen allí, sin posibilidades de retornar a sus hogares. De ellos, 2800 van a clase en aulas móviles.

La cifra fue dada a conocer esta jornada por Unicef Paraguay, institución que lanzó la campaña 'La educación sale a flote'. Con intervenciones urbanas, se intenta poner en alerta al país de un drama que sufren miles de niños y sus familias.

"Un tendedero con miles de cuadernos colgados que representaron a los miles de niños, niñas y adolescentes que se encuentran sin poder ir a la escuela, debido a las inundaciones. Estos cuadernos fueron posteriormente donados a las escuelas móviles que Unicef se encuentra instalando, desde junio, dentro del proyecto 'Creando Espacios Seguros'", se indicó desde la organización. La activación contó con una carpa similar a las aulas móviles, donde las personas pudieron observar fotos y mapas de los lugares inundados.

Los niños ubicados en los albergues suman muchos días, meses, fuera de sus hogares. La lluvia les obligó a salir, abandonando todo lo que les es propio. El estrés que ello provoca es uno de los puntos en los cuales trabaja las instituciones del país. "Se puede ayudar a que más niños, niñas y adolescentes afectados por las inundaciones sigan jugando, creciendo y aprendiendo" explica fuentes de la ONG. Hoy, sólo en Asunción, 7600 niños y niñas no pueden ir a la escuela a causa de las inundaciones.

Los cuadernos al sol son la parte visible de una campaña que también trata de ayudar a 25 instituciones que quedaron fuera de servicio debido a las inundaciones. La viceministra de Educación, Myriam Mello, corroboró las cifras aportadas por Unicef.

Ana Portillo pertenece a la comunidad indígena Cerro Poty, de Lambaré, en suelo paraguayo. Ella y su familia sufrieron y sufren las inundaciones, las peores registradas en su vida. "Recorriendo la comunidad me siento mal, muy triste al ver todo bajo agua. Siento mucha tristeza al ver mi escuela, mi comedor, la cancha de fútbol y mi casa". La tristeza de su testimonio, recogida por la ONG, pretende concienciar sobre la ausencia de posibilidades que aún tienen miles de niños. Encima de un bote, también habla su padre Fidelino Portillo. Sus manos grandes tratan de abarcar todo el espacio que se muestra repleto de agua, pero es imposible. El agua tapa todo.

Tan sólo la crecida de dos ríos, Paraguay y Paraná, obligaron a evacuar a 245 mil personas en todo el territorio. En el caso de Ana y su familia, habitan un regimiento militar a partir de junio de 2014, cuando el agua descontrolada les obligó a dejar todas sus pertenencias.

Junto a ellos las familias de la comunidad Cerro Poty y las decenas de niños que ahora habitan en Zeballos Cué, Asunción, asisten a las aulas móviles que ubicó el Estado paraguayo junto a Unicef. Lejos de la humedad y a cargo de educadores, los más pequeños volvieron a reír, a jugar, a aprender. Pero aún les falta lo más importante: volver a casa.