La situación en Oriente Próximo parece cada vez más peligrosa, por lo que Ankara necesita adquirir un sistema de defensa antiaérea para poder protegerse de sus enemigos. El columnista Nuri Elibol, en su artículo para el medio Turkiye Gazetesi, explica la decisión de Ankara de adquirir los S-400 rusos.

© Sputnik/ Anton Denisov
En primer lugar, Turquía tocó la puerta en Estados Unidos, productor de los sistemas de misiles Patriot. La parte estadounidense propuso cuatro baterías de esta arma por un valor de 4.000 millones de dólares. Además, la empresa fabricante se negó a entregar la tecnología de estos misiles a la parte turca.

Ankara buscaba adquirir solo una batería Patriot y fabricar otras tres en su territorio en una planta conjunta. Asimismo, planteaba lanzar proyectos conjuntos con EEUU en este campo. Sin embargo, Washington rechazó la iniciativa ya que solo quería vender las armas, sostiene el autor.

Luego Turquía se dirigió a Francia y solicitó comprar los sistemas de defensa antiaérea de medio y largo alcance Aster SAMP/T. A raíz de las negociaciones con París, fue acordada la compra de cuatro baterías por 3.800 millones de dólares.

No obstante, la parte gala solicitó un período muy largo para cumplir el contrato: 50 meses, es decir, más de cuatro años. Dada la grave situación en la región, Ankara no pudo permitirse tanto tiempo. Además, París se mostró poco entusiasmado con la posible entrega de estas tecnologías a la parte turca. Francia ni siquiera estaba dispuesta a desplegar las baterías Aster SAMP/T de manera provisional.

"Turquía se ha esforzado por satisfacer su necesidad de un escudo aéreo, y, ante todo, a través de [la cooperación] con países miembros de la OTAN. Pero no pudo conseguir el resultado deseado", señala el columnista.

Ankara empezó a negociar con Pekín la compra de los sistemas de largo alcance FD-2000. Las negociaciones con China fueron muy fructuosas, afirma Elibol. En el proceso, Turquía hacía caso omiso a las protestas de la OTAN y especialmente a las de "ciertos miembros de la Alianza".

Como resultado, Ankara y Pekín alcanzaron un acuerdo que suponía la fabricación conjunta, la entrega de la tecnología, proyectos educativos y el desarrollo de otros proyectos. Pese a los significativos avances en el acuerdo, el ministro de Defensa y el jefe del Estado mayor otomano se opusieron firmemente a la iniciativa por lo que el trato no fue firmado.

El Gobierno chino expresó su descontento con la decisión. A pesar del resultado negativo de las negociaciones con Pekín, Turquía continuó en la búsqueda de un escudo aéreo.

Quedaba solo un país con el que Ankara no había discutido la compra de los sistemas de misiles, señala el autor.

Rusia es el país que fabrica los sistemas de defensa aérea de largo alcance más efectivos, los S-400. El alcance de esta arma duplica a la de sus análogos, así que se consideran que los S-400 son los mejores de su clase. Moscú aún no ha vendido estos sistemas a ningún país, salvo a China.

Fuentes afirman que Ankara acordó la compra de dos baterías del arma ruso equipados con 240 ojivas, un radar polivalente y sistemas de detección y guiado por un valor de 2.500 millones de dólares.

Además, se considera que dos baterías de S-400 se pueden comparar con el potencial de cuatro baterías de sus análogos (Patriot, SAMP/T, FD-2000).

La primera batería de los S-400 será fabricada a lo largo de los próximos 2,5 años y luego será entregada a Turquía. La segunda batería será ensamblada solo en un año y el proceso mayormente se realizará en territorio turco. Después de la creación de la segunda batería, está prevista la entrega de la tecnología a Ankara y la realización de proyectos conjuntos.

Una fuente citada por el columnista agrega que los dos países han firmado un acuerdo preliminar de la compra y cooperación. Ankara pagará 2.500 millones de dólares, al tiempo que unos 1.500 millones de dólares de este monto constituirán un préstamo dado por Moscú.

Si esta iniciativa se hace realidad, Turquía adquirirá el sistema de defensa aérea más moderno al día de hoy. Además, los S-400 son unos 1.500 millones de dólares más baratos que sus análogos y se espera que el contrato se cumpla 1,5 años más temprano que en otras propuestas. Turquía será el primer país después de China en recibir esta sofisticada arma, concluye.