Traducción al español por el equipo de Sott.net en español

Llega un momento en la introducción de cada nueva narrativa oficial en el que la gente ya no recuerda cómo empezó todo. O, más bien, recuerdan cómo comenzó, pero no la propaganda que lo inició.
alemania

La policía alemana "protegiendo" la salud pública al detener a un manifestante que no cooperaba con el distanciamiento social.
O, mejor dicho, recuerdan todo esto (o son capaces de hacerlo, si los presionas un poco), pero ya no hay diferencia, porque la narrativa oficial ha suplantado la realidad.

Recordarán ese punto de la Guerra contra el Terrorismo, y específicamente la ocupación de Irak. En el segundo semestre de 2004, la mayoría de los occidentales habían olvidado por completo la propaganda que impulsó la invasión, y por lo tanto consideraban a la resistencia iraquí como "terroristas", a pesar de que los Estados Unidos habían invadido y estaban ocupando su país sin ninguna razón legítima.

Para entonces, estaba muy claro que no existían "armas de destrucción masiva" y que los Estados Unidos habían invadido una nación que no les había atacado y no representaba ninguna amenaza, por lo que estaban perpetrando una guerra de agresión como la de los libros de texto.

Estos hechos no importaban, ni en lo más mínimo. Para entonces, los occidentales estaban totalmente inmersos en la narrativa oficial de la Guerra contra el Terrorismo, que había superado la realidad objetiva. La mentalidad de manada había tomado el control. Es difícil describir cómo funciona esto; es un estado de disociación funcional. No era que la gente no supiera los hechos, o que no entendiera los hechos.

Sabían que los iraquíes no eran "terroristas". Al mismo tiempo, sabían que eran definitivamente "terroristas", a pesar de que sabían que no lo eran.

Sabían que no había armas de destrucción masiva (AMD), que nunca hubo ADM, y aun así estaban seguros de que había ADM, que se encontrarían, aunque claramente no existían.

Lo mismo ocurrió en la Alemania nazi.


La mayoría de los alemanes nunca fueron fanáticos antisemitas como los miembros del N.S.D.A.P. Si lo hubieran sido, no habría habido necesidad de Goebbels y su monstruosa máquina de propaganda.

No, los alemanes durante el período nazi, al igual que los estadounidenses durante la Guerra contra el Terrorismo, sabían que sus víctimas no representaban ninguna amenaza para ellos, y al mismo tiempo creían exactamente lo contrario, por lo que no protestaban, ya que sus vecinos eran expulsados de sus casas y enviados a los campos de la muerte, campos que, en su estado disociativo, simultáneamente existían y no existían.

Lo que estoy describiendo probablemente suena a psicosis, pero, técnicamente hablando, no lo es... no del todo. No es una ruptura absoluta con la realidad. La gente que funciona en este estado sabe que lo que cree no es real.

Sin embargo, se ven obligados a creerlo (y en realidad, literalmente, lo creen, por más imposible que suene), porque las consecuencias de no creerlo son aún más aterradoras que la disonancia cognitiva de creer una narrativa que saben que es una ficción.

No creer en la narrativa oficial significa la excomunión de la "normalidad", la pérdida de amigos, ingresos, estatus, y en muchos casos castigos mucho peores.

Los animales de manada, en estado de pánico, instintivamente corren hacia el centro de la manada. La separación de la manada los hace presa fácil para los depredadores. Es el mismo instinto primario el que está operando aquí.

El objetivo de toda narrativa oficial es generar este tipo de mentalidad de manada, no para engañar o embaucar al público, sino para confundirlos y aterrorizarlos hasta el punto de que regresen a sus instintos primarios, y se dejen llevar solamente por el miedo existencial. Los hechos y la verdad ya no importan.

Una vez que una narrativa oficial llega a este punto, es inexpugnable por los hechos y la razón. Ya no necesita de los hechos para justificarse. Se justifica a sí misma con su propia existencia. La razón no puede penetrar en ella. Discutir con sus seguidores no tiene sentido. Ellos saben que es irracional. Simplemente no les importa.

Estamos llegando a este punto con la narrativa del coronavirus. Es posible que ya lo hayamos alcanzado. A pesar del hecho de que se trata de un virus que, sí, es claramente mortal para los ancianos y los enfermos, pero que no es una amenaza mortal para la mayoría de la especie humana, la gente se esconde en sus casas como si el Apocalipsis Zombi hubiera comenzado.


Muchos parecen creer que este virus es una especie de Gripe mortal extraterrestre (o un virus de destrucción masiva convertido en arma) que te matará en el momento en que lo respires.

Esto no es sorprendente en absoluto, porque, según la narrativa oficial, sus poderes destructivos son casi ilimitados. No sólo destruirá tus pulmones, licuará todos tus otros órganos principales, te matará con coágulos de sangre y daños intestinales, ahora causa "ataques repentinos en adultos jóvenes", y posiblemente cáncer de próstata espontáneo, ¡y Dios sabe qué otros horrores médicos!

Según todos los "científicos" y "expertos médicos" (es decir, los que se ajustan a la narrativa oficial, no estamos hablando de todos los científicos y expertos médicos), no se parece a ningún otro virus que haya existido en la historia de los virus.

Ciertamente no sigue la pauta típica de propagación extensa durante un período limitado, y muerte rápida, independientemente de las medidas que se adopten para frustrarlo, como parece indicar este estudio israelí.

Además, "no tenemos inmunidad contra ella", por lo que todos tenemos que permanecer "encerrados" como reclusos revoltosos en una penitenciaría hasta que se pueda inventar una vacuna y obligar a cada persona viva de la tierra a vacunarse.


Aparentemente, esta vacuna milagrosa obligatoria nos hará mágicamente inmunes a este virus contra el que no tenemos inmunidad (y según ellos somos totalmente incapaces de desarrollar inmunidad), cuya inmunidad será certificada en nuestros "papeles de inmunidad" obligatorios, que necesitaremos para viajar, conseguir un trabajo, enviar a nuestros hijos a la escuela, y, ya sabes, para mostrar a la policía cuando nos detengan en la calle porque parece que podríamos estar "infectados".

Alemania (donde vivo) está muy por delante de esto. Según el Süddeutsche Zeitung, el gobierno federal planea introducir una "tarjeta de inmunidad" de coronavirus como parte de su "Ley de Protección de Infecciones", que otorgará a las autoridades el poder de acorralar a cualquiera "sospechoso de contagio" y forzarlo a... uh... "cuarentena" y "prohibirles la entrada a ciertos lugares públicos".

Las autoridades malasias han prescindido de tales sutilezas y están arrestando a los trabajadores migrantes y refugiados en las llamadas "zonas rojas de Covid-19" y expulsándolos a Dios sabe dónde.

Oh, sí, y casi lo olvido... los investigadores de gérmenes y guerra química de DARPA (es decir, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa del ejército de los Estados Unidos) han desarrollado un nuevo tipo de análisis de sangre de lujo que identificará a los "portadores asintomáticos" (es decir, personas que no muestran ningún síntoma).

Así que eso probablemente será útil... ¡especialmente si los "supremacistas blancos", los "extremistas pardo-rojos" y los "teóricos de la conspiración" siguen protestando por el encierro con sus esposas e hijos!

Y estas son sólo las últimas adiciones a una lista de ejemplos más bien distópicos del "Nuevo Mundo Feliz" de la narrativa oficial que capitalismo globalista está desplegando, justo ante nuestros ojos (que los editores OffGuardian han racionalizado aquí y aquí, y que continúa en Twitter). Está todo ahí en blanco y negro.


Comentario:


No están escondiendo el totalitarismo... no tienen que hacerlo. Porque la gente está rogando por ello. Están exigiendo ser "encerrados" dentro de sus casas, obligados a usar máscaras, y estar a dos metros de distancia, por razones que la mayoría de ellos ya no recuerdan.

Las barreras de plástico están por todas partes. Las flechas en el suelo muestran el camino a seguir. Cajas te muestran dónde pararte. Los denunciantes paranoicos están poniendo carteles que amenazan a cualquiera que no lleve una mascarilla.


Los pequeños fascistas histéricos están denunciando a sus vecinos a la policía por dejar a sus hijos jugar con otros niños. Millones de personas están descargando voluntariamente "aplicaciones de rastreo de contactos" para que los gobiernos y las corporaciones globales puedan monitorear cada uno de sus movimientos.

En España, vaciaron cloro en una playa entera, matando todo, hasta los insectos, para proteger al público de la "infección".

Internet se ha convertido en un coro orwelliano de voces chillonas y santurronas que intimidan a todo el mundo para que se ajuste a las tablas, los gráficos y los desesperados viajes de culpabilidad, pocos de los cuales tienen mucha conexión con la realidad. Las corporaciones y los gobiernos están censurando la disidencia. Nos estamos acercando a un nivel de histeria colectiva fabricada, y a una mentalidad de manada, que ni siquiera Goebbels podría haber imaginado.

Mientras tanto, están desmantelando los "hospitales de campaña" [contra el COVID-19], en su mayoría vacíos, y el "barco hospital" teatral ya no está, y a pesar de sus intentos de inflar la cuenta de muertes por Covid-19 tanto como sea humanamente posible, los cientos de millones de muertes proyectadas no se han materializado (ni siquiera se ha acercado), y Suecia está bien, como la mayoría de la humanidad, y... al igual que no había armas de destrucción masiva en Irak, no hay ningún virus de destrucción masiva.

Lo que hay, es una nueva narrativa oficial, la nueva, paranoica y patologizada "normalidad". Como la Guerra contra el Terrorismo, es una narrativa global. Una narrativa global, post-ideológica.

Apenas está comenzando, así que no está claro aún cuán totalitario será este programa, pero, dada la naturaleza del episodio piloto, me da un poco de miedo el resto de la serie.
CJ Hopkins es un galardonado dramaturgo, novelista y satírico político estadounidense que vive en Berlín. Sus obras son publicadas por Bloomsbury Publishing y Broadway Play Publishing, Inc. Su novela distópica, Zone 23, está publicada por Snoggsworthy, Swaine & Cormorant. El volumen I de sus Ensayos de Fábrica de Consentimiento se publica en Consent Factory Publishing, una subsidiaria de Amalgamated Content, Inc. Se puede contactar con él en cjhopkins.com o consentfactory.org.