Traducido al castellano por sott.net

Magneto
© Greg Land / Marvel Comics.
Mientras que los humanos no pueden crear y controlar el magnetismo, al estilo de Magneto de X-Men, hay una posibilidad de que podamos tener la capacidad de detectar el campo magnético terrestre.
Un nuevo estudio ha encontrado que una proteina presente en la retina humana, cuando es colocada en la mosca de la fruta, le da la habilidad de detectar campos magnéticos, lo cual sugiere que los humanos pueden tener un sexto sentido.

Los investigadores advierten que los resultados sugieren que esta proteína humana tiene la capacidad para trabajar como magnetosensor, sin embargo, tanto si los seres humanos lo usan o no, de esa manera no se conoce.

"Se plantea la pregunta," tal vez deberíamos replantearnos acerca de este sexto sentido '", Steven Reppert, de la Universidad de Massachusetts Medical School, dijo a LiveScience. "Se cree que es muy importante para el modo en que los animales emigran. Quizás esta proteína está también cumpliendo una función importante para la detección de campos magnéticos en los seres humanos."

Investigaciones anteriores han sugerido que, además de ayudar a los animales como las tortugas marinas y aves migratorias a navegar, la capacidad de detectar campos magnéticos podría ayudar con la percepción visual espacial. Reppert, dijo que visualizaramos un sistema de coordenadas del campo magnético superpuesto sobre los objetos que vemos.

"Puede que ayude la forma en que los animales perciben como son los objetos en en el tiempo y el espacio de una manera que no hemos pensado antes", dijo Reppert, que es un neurobiólogo.

El sentido magnético de los animales se cree que se basa en proteínas especiales, llamadas criptocromos, que también se encuentran en la retina humana. Mientras las investigaciones pasadas sobre el comportamiento han sugerido que los seres humanos no pueden sentir los campos magnéticos, con estudios que muestran tal capacidad permaneciendo controversial, hay indicios de que el geomagnetismo afecta el sistema de luz en los ojos.

Para ver si los seres humanos quizas tuvieron este otro sentido, Reppert y sus colegas probaron con moscas frutales silvestres, con sus criptocromos intactos, y aquellas que tenían sus propios criptocromos reemplazados por la versión humana de la proteína.

Colocaron la mosca de la fruta en un laberinto con forma de T, con cada brazo equipado con una bobina enrollada de tal manera que cuando una corriente se envía a través de ella, la bobina se magnetiza. Al equipo [de moscas] modificado cuyo lado estaba magnetizado, su fuerza se elevó a ocho veces más que la del campo magnético de la Tierra.

Las moscas con criptocromos humanos mostraron sensibilidad a los campos magnéticos - tanto evitándolos si naturalmente no se está aclimatado al magnetismo, o mostrando una preferencia por el brazo magnetizado del laberinto cuando se entrenó con recompensas de azúcar para ir hacia el campo magnético .

Los investigadores encontraron que la proteina humana solo funcionó en el rango azul de la luz.

La investigación se detalla en la edición del 21 de Junio de Nature Communications.