Traducido por el equipo de Sott.net

En la primera parte
exploramos el actual proceso de definición de los bienes comunes globales y la pretensión de los stakeholder capitalistas de ser los "fideicomisarios" tanto de los bienes comunes como de la sociedad. Ahora vamos a ver cómo se han establecido los sistemas que permiten a esos grupos de interés apoderarse de ellos.
World Economic Forum
Debemos ser conscientes de lo que significa "bienes comunes globales" ("global commons" en inglés) para la Global Public Private Partnership, (GPPP). Para ellos significa la posesión de todo: todos los recursos del planeta, toda la tierra, toda el agua, el aire que respiramos y el mundo natural en su totalidad, incluidos todos nosotros.

Principios de los bienes comunes globales

La noción de "bienes comunes globales" surgió de una amalgama de dos principios del Derecho Internacional. La tragedia de los bienes comunales (The Tragedy of The Commons, ToC) y el Patrimonio Común de la Humanidad.

En su documento de 1968 sobre la ToC, el ecologista y eugenista estadounidense Garrett Hardin, basándose en los trabajos anteriores del economista del siglo XIX William Forster Lloyd, expuso los problemas de población y recursos tal como él los veía. Dijo que "un mundo finito sólo puede soportar una población finita; por lo tanto, el crecimiento de la población debe ser eventualmente igual a cero".

tragedy of the commons
Aunque lógicamente esto es cierto en última instancia, si se aceptan toda una serie de supuestos, se desconoce el punto en el que el crecimiento cero de la población se hace necesario. La evidencia sugiere que no estamos ni cerca de ese límite. Los eugenistas, como Hardin, han afirmado y siguen afirmando que la Tierra se enfrenta a un problema de población. No hay pruebas que apoyen su opinión.

Hardin teorizó que cuando un recurso, como la tierra, se comparte en "común", las personas que actúan en interés propio racional tenderán a aumentar su uso de ese recurso porque el coste se reparte entre todos. Llamó a este tipo de pensamiento una tragedia porque, si todos actúan en consecuencia, sostuvo que el recurso se reduciría a la nada y todos sufrirían por ello.

Hardin insistió en que esta tragedia no podía evitarse. Por lo tanto, como los seres humanos eran, a sus ojos, incapaces de comprender el panorama general, las soluciones eran el acceso "gestionado" a los recursos y el "control de la población".

Mientras que el concepto elitista de la Tragedia de los Bienes Comunales de Hardin sugería un acceso regulado y cerrado (privado) a los recursos "comunes", el Patrimonio Común de la Humanidad (PCH) rechazaba la idea de cercamiento (privatización). En su lugar, el PCH abogaba por la creación de un grupo especial mediante un tratado internacional como "fideicomisario" de los bienes comunes mundiales. Considerado más "progresista", no era menos elitista que el concepto de Hardin.

El concepto filosófico del PCH surgió en el escenario político mundial en la década de 1950, pero fue el discurso de 1967 del embajador maltés ante la ONU, Arvid Pardo, el que lo estableció como un principio de gobernanza mundial. Esto condujo finalmente a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982 (LOSC, por sus siglas en inglés).

Citando al PCH, en el artículo 137(2) de la LOSC, la ONU declaró:
"Todos los derechos sobre los recursos del Área son otorgados a la humanidad en su conjunto, en cuyo nombre actuará la Autoridad".
El "Área", en este caso, eran los océanos de la Tierra, incluyendo todo lo que hay dentro y debajo de ellos. La "autoridad" se definió en el artículo 4 como la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (AIF). El artículo 137(2) de la LOSC se contradice a sí mismo.

La definición jurídica de "otorgamiento" implica que toda la humanidad, sin excepción, tiene un derecho absoluto a acceder a los bienes comunes globales. En este caso, esos bienes comunes globales son los océanos. Mientras que la definición legal habla de propiedad, "otorgar" parece garantizar que nadie puede reclamar individualmente la propiedad de los océanos o sus recursos. El acceso es compartido por todos por igual.

Avid Pardo

Avid Pardo
Supuestamente, este presunto derecho nunca puede ser "abatido por una condición previa". Esto es repudiado totalmente por "en cuyo nombre actuará la Autoridad".

¿Quién, entre los miles de millones de habitantes de la Tierra, dio a la AIF esta supuesta autoridad? ¿Cuándo se nos preguntó si queríamos ceder nuestra responsabilidad colectiva sobre los océanos a la AIF?

Esta autoridad fue tomada por el dictado de la ONU y nada más. Ahora es la AIF quien, por una condición previa, controla, limita y licencia nuestro acceso a los océanos.

Esta es la mentira esencial en el corazón del paradigma de los "bienes comunes globales" del GPPP. Venden su robo como si fuera la administración de los recursos que le otorgan a toda la humanidad, mientras que simultáneamente se apoderan de la totalidad de esos recursos para sí mismos.

Confiscando los bienes comunes globales: Los océanos

Cuando se interpreta por el Derecho Internacional, el Patrimonio Común de la Humanidad parece situar la propiedad privada de los bienes comunes globales, tal y como sugiere la Tragedia de los Bienes Comunales, fuera del alcance de los gobiernos o de socios stakeholders . No deberían tener más derecho a estas riquezas que cualquier otra persona. La impugnación legal de cualquier reclamación debería ser un proceso relativamente sencillo para cualquier individuo o grupo interesado que esté dispuesto a hacerlo.

Esto no es ni siquiera una posibilidad remota. El Derecho Internacional, en lo que se refiere a los bienes comunes globales, es un revoltijo sin sentido de incoherencias y contradicciones que, en última instancia, equivale a "el poder es el derecho". Para que alguien pueda impugnar la reclamación del GPPP tendría que contratar un equipo jurídico capaz de derrotar al de la ONU y encontrar un poder judicial dispuesto a fallar a su favor.
international seabed authority
La "ley" está aparentemente diseñada para dejarnos imaginar que tenemos derechos y responsabilidades "protegidos" hacia estos recursos compartidos. Sin embargo, si se somete a un escrutinio razonable, la noción legal de los bienes comunes globales parece más bien una distracción para facilitar un robo.

Si miramos el historial de participación de los stakeholder de la AIF, encontramos rápidamente su Plan Estratégico para 2019 - 2020. En él se describe resumidamente el funcionamiento de la estafa:
"En un mundo en constante cambio, y en su papel de custodio del patrimonio común de la humanidad, la AIF se enfrenta a muchos retos [...] Las Naciones Unidas han adoptado un nuevo programa de desarrollo, titulado
"Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible"
[...] El más relevante para la AIF es el ODS 14: Conservar y utilizar de forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos".
Los recursos compartidos -bienes comunes globales- de los océanos de la Tierra ya no son de libre acceso para toda la humanidad. Más bien, las AIF determinan quién tiene acceso a los recursos oceánicos en función de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). De hecho, han convertido el acceso a los bienes comunes globales en un nuevo mercado.

La pregunta más importante que debemos hacernos es cómo se toman estas decisiones de asignación y quién las toma. Esto revelará quién controla estos nuevos mercados altamente regulados. La AIF declara:
"Los Estados participantes, los Estados patrocinadores, los Estados del pabellón, los Estados costeros, las empresas estatales, los inversores privados, otros usuarios del medio marino y las organizaciones intergubernamentales mundiales y regionales interesadas. Todos tienen un papel en el desarrollo, la aplicación y el cumplimiento de las reglas y normas para las actividades en la Área"
Además, la AIF se encargará de:
"Reforzar la cooperación y la coordinación con otras organizaciones internacionales y stakeholders con el fin de [...] salvaguardar eficazmente los intereses legítimos de los miembros de la AIF y de los contratistas [...] Las normas, los reglamentos y los procedimientos que rigen la explotación de los minerales [...] se basan en principios comerciales sólidos con el fin de promover la inversión [...] teniendo en cuenta las tendencias y la evolución relativas a las actividades mineras de los fondos marinos, incluido el análisis objetivo de las condiciones del mercado mundial de los metales y de los precios, las tendencias y las perspectivas de los metales [...] sobre la base de un consenso [...] que permita la aportación de los stakeholders de forma adecuada."
La Global Public Private Partnership (GPPP) de gobiernos, corporaciones globales (otros usuarios del medio ambiente marino), sus principales shareholders (inversores privados) y fundaciones filantrópicas (inversores privados) son los stakeholders. Ellos, y no nosotros, intervendrán para garantizar que las normas, reglamentos y procedimientos promuevan inversiones que salvaguarden sus intereses.

En el espacio de unas pocas décadas, los conceptos generales han evolucionado hasta convertirse en principios de Derecho Internacional que posteriormente se han aplicado para crear un marco regulador para el acceso controlado a todos los recursos de los océanos. Lo que antes era un recurso genuinamente global es ahora competencia exclusiva del GPPP y su red de stakeholder capitalistas.

Los bienes comunes son globales

Hay que tener cuidado de no caer en la trampa de pensar que la GPPP está compuesta únicamente por la hegemonía occidental. Las historias que se nos cuentan sobre el enfrentamiento mundial entre superpotencias son a menudo superficiales.

Aunque no cabe duda de que existen tensiones en el seno del GPPP, ya que cada actor compite por una mayor tajada de los nuevos mercados, la propia red del GPPP es una verdadera colaboración mundial. Esto no significa que sea imposible un conflicto entre Estados nacionales, pero, como siempre, cualquier conflicto de este tipo se librará por una razón que no aparece en la explicación oficial.
public private partnership
Los ODS han dado lugar a políticas de net zero y estipulan, entre una serie de cambios obligatorios, el fin del transporte de gasolina y diésel. Todos tenemos órdenes de pasar a los vehículos eléctricos, que la gran mayoría no podrá permitirse. A su vez, esto significa un aumento masivo de la demanda de baterías de iones de litio.

Su fabricación requerirá mucho más cobalto, que se considera el riesgo más crítico de la cadena de suministro para la producción de vehículos eléctricos. El Banco Mundial estima que el crecimiento de la demanda de cobalto entre 2018 y 2050 será de alrededor del 450%. Decir que se trata de una "oportunidad de mercado" es un eufemismo masivo.

La AIF ha concedido 5 contratos de exploración de cobalto a JOGMEC (Japón), COMRA (China), Rusia, la República de Corea y CPRM (Brasil). Cuando los yacimientos localizados sean comercialmente viables, como sin duda lo serán, el frenesí alimenticio corporativo podrá comenzar.

UK Seabed Resources
Empresas como el fabricante de armas Lockheed Martin, con su filial UK Seabed Resources (UKSR), también se encuentran entre los numerosos stakeholders de la AIF. UKSR recibió su licencia de exploración para el Pacífico Sur en 2013. Como contratista de exploración de la AIF, los stakeholders de UKSR son libres de presentar sus recomendaciones para modificar la normativa de la AIF que rige sus propias operaciones mineras.

Por ejemplo, la AIF establecía que las empresas mineras debían ofrecer una garantía financiera que cubriera "los costes imprevistos, gastos y responsabilidades inesperadas". A Lockheed Martin no le gustó nada esto y sugirió un ligero cambio. Recomendaron que se añadiera lo siguiente:
"La garantía no cubre los costes, gastos y responsabilidades incurridos como consecuencia de la responsabilidad extracontractual por daños medioambientales".
Es de suponer que esto se debe a que, en su afán de "protección" del planeta por parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), Lockheed Martin no desea ser responsable del daño medioambiental que le infligirán en el proceso. Este riesgo es alto porque el método propuesto para "raspar el lecho marino" es casi seguro que lo destruirá.

Afortunadamente para UKSR y otros stakeholders como COMRA, la AIF está comprometida con una normativa que promueve sólidos principios comerciales y salvaguarda sus intereses comerciales. Destruir el fondo marino es un riesgo que merece la pena asumir, pero no si hay que pagar por ello.

Cuando se trata de luchar contra el cambio climático, la vida humana es aún más barata. Casi todo el cobalto se extrae actualmente del cinturón de cobre de África y más del 60% del suministro mundial procede de la República Democrática del Congo. Es arrancado de la tierra por decenas de miles de niños esclavos.

Esta tortura venenosa acorta drásticamente la abyecta miseria de su sufrimiento en esta Tierra. Sin embargo, significa que otros jóvenes como Greta Thunberg pueden inspirar a más niños afortunados a movilizarse en las redes sociales, utilizando sus dispositivos totalmente cargados, para salvar el planeta.

Sólo la viabilidad comercial de las reservas de aguas profundas parece capaz de salvar a los esclavos de las minas de cobalto. Por desgracia, es difícil prever cómo las reservas de aguas profundas serán viables hasta que la opción terrestre se acerque al agotamiento.

Este abuso infantil, abiertamente consentido, lleva años produciéndose. Un hecho que los medios de comunicación del mundo admiten pero que nunca mencionan cuando elogian la revolución verde.

Las 94.000 toneladas de cobalto estimadas en la Zona Clarion Clipperton (CCZ) del Pacífico Oriental representan por sí solas 6 veces las reservas terrestres conocidas. Se calcula que las reservas de aguas profundas tienen un valor de entre 8 y 16 billones de dólares, y a medida que avanzamos hacia una economía neutra en carbono, la minería de aguas profundas es inevitable. Independientemente del coste medioambiental.

Todos los problemas reales del medio ambiente van a ser ignorados mientras el mundo se embarca en una transición hacia una nueva economía global basada en una teoría muy cuestionable: el calentamiento global antropogénico.

Los bienes comunes globales, nuevos mercados

Esta transición a la economía verde verá cómo se crean innumerables mercados nuevos a medida que los recursos "comunes" de la Tierra se convierten en proverbiales minas de oro para la inversión. El cobalto, extraído del fondo marino, es sólo un ejemplo, pero hay miles más.

El GPPP tendrá acceso exclusivo, y por tanto control, sobre estos nuevos y esenciales recursos. Las oportunidades de inversión son infinitas. Es esta perspectiva, y no la preocupación por la Tierra o la humanidad, la que impulsa la toma de los bienes comunes globales.

El GPPP ha reconocido que si puede meter algo en los "bienes comunes globales" puede controlarlo. En consecuencia, la lista de supuestos "bienes comunes" sigue creciendo, ya que el GPPP busca un mayor control sobre el planeta y todo lo que hay en él.

John Perry Barlow

John Perry Barlow
En 1996, el difunto John Perry Barlow, de la Electronic Freedom Foundation, presentó una Declaración por la Independencia del Ciberespacio en la conferencia anual de Davos del Foro Económico Mundial (FEM). Quizás parezca extraño que el GPPP quisiera escuchar este llamamiento radical y libertario para que los gobiernos de todo el mundo dejen el ciberespacio sin regular.

Sin embargo, como subrayo en mi libro Pseudopandemic, la intención de las ideas, las filosofías políticas y económicas o las doctrinas sociales no es lo que interesa al GPPP. Más bien, es cómo esas ideologías pueden ser explotadas para lograr sus objetivos.

Al pronunciar su discurso, Barlow estaba sentando, quizá sin quererlo, las bases para incluir el ciberespacio como parte de los "bienes comunes globales". Como veremos en breve, el GPPP ya tenía en marcha un plan para apropiarse de todo lo que se define como un bien común global. Fue esta perspectiva en Davos la que cautivó a la multitud reunida (GPPP).

En su resumen ejecutivo de Davos de 2015, el FEM ilustró cómo el GPPP manipula las narrativas para remodelar el contexto de nuestra vida cotidiana. En este caso, el objetivo era instituir los preceptos para su pretendida jurisdicción del ciberespacio.
"Lo que está claro es que nos enfrentamos a profundas transformaciones políticas, económicas, sociales y, sobre todo, tecnológicas [...] que dan lugar a un contexto global totalmente "nuevo" para la toma de decisiones en el futuro. [...] La Reunión Anual del Foro Económico Mundial ofrece una plataforma sin igual para que los líderes desarrollen las ideas y asociaciones necesarias para responder a este nuevo contexto. [...] Partiendo del principio de que en este nuevo contexto es esencial un enfoque multistakeholder o de múltiples partes interesadas, sistémico y orientado al futuro, las cuestiones que se abordarán a través de sesiones, grupos de trabajo y reuniones privadas en la Reunión Anual de 2015 incluyen [...] la incapacidad de mejorar significativamente la gestión y la gobernanza de los bienes comunes mundiales críticos, sobre todo los recursos naturales y el ciberespacio".
Hemos considerado el ejemplo de los océanos y sus recursos, pero el proceso para crear un mercado regulado para todos los bienes comunes es el mismo. En primer lugar, hay que incluir algo en la categoría de bienes comunes globales. Una vez declarado entre los "recursos compartidos de los que depende toda la vida", se nombra algún quango (quasi-autonomous non-governmental organization) del GPPP para supervisar el acceso al nuevo mercado regulado. Este organismo se formará para servir a los intereses de los stakeholders capitalistas, que entonces tendrán acceso y control exclusivos de ese recurso.

El control del ciberespacio, al igual que el control de los océanos, proporcionará al GPPP un acceso protegido a sus recursos. Se prevé que el mercado mundial de Big Data crezca hasta los 103.000 millones de libras en 2027. Esto es poca cosa comparado con el asombroso valor de nuestros datos personales. Actualmente es, literalmente, inestimable. Sin embargo, sólo el mercado de la ciberseguridad alcanzará más de 352.000 millones de dólares en 2026. Se trata de un mercado que se medirá en billones y su incorporación a los bienes comunes globales es esencial para el GPPP.

De acuerdo con la definición de la ONU, "la administración de los bienes comunes globales no puede llevarse a cabo sin una gobernanza global". La gobernanza global se convoca formalmente a través del proceso de confiscación de los bienes comunes globales. El atraco mundial se basa en el engaño del desarrollo sostenible.

Las agendas para los Bienes Comunes Globales Sostenibles

Como se ha mencionado anteriormente, este plan lleva décadas en marcha. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS, se establecen en la Agenda 2030 como puntos de referencia en el camino hacia la realización del plan para el siglo XXI: Agenda 21. Cuando los stakeholders del GPPP dicen que están comprometidas con los ODS, se refieren a la Agenda 2030, a corto plazo, y en última instancia a la Agenda 21.

La Agenda 21 tiene mucho que decir sobre lo que llama "asentamientos humanos". Establece cómo serán planificados, construidos y gestionados por una asociación público-privada. Sin embargo, en la construcción de los asentamientos humanos, los seres humanos no aparecen muy arriba en la lista de prioridades.

El objetivo 5.29 establece:
"Al formular las políticas de asentamientos humanos, deben tenerse en cuenta las necesidades de recursos, la producción de residuos y la salud del ecosistema".
La asignación de recursos, la gestión de residuos y la protección del medio ambiente son los requisitos para los "asentamientos humanos". No el bienestar de la humanidad.

El GPPP supervisará la construcción o asignación de nuestros asentamientos. El objetivo 7.30. d. establece:
"Fomentar las asociaciones entre los sectores público, privado y comunitario en la gestión de los recursos de la tierra para el desarrollo de los asentamientos humanos".
Toda la tierra, no sólo los bienes comunes, será gestionada por el GPPP. Una vez más, los posteriores ODS de la Agenda 2030 han servido de justificación para la apropiación de tierras.

El objetivo 10 de la Agenda 21 establece:
"El objetivo general es facilitar la asignación de tierras a los usos que proporcionan los mayores beneficios sostenibles y promover la transición a una gestión sostenible e integrada de los recursos de la tierra"
Es evidente que esto plantea problemas de propiedad y uso de la tierra privada. No sólo entre los propietarios de viviendas, sino también por parte de la industria, los agricultores, las compañías ferroviarias o cualquier otro propietario privado de tierras. El truco para mantener la tierra será asegurar su designación como de propósito "sostenible". Esta asignación tendrá que ser acordada por el GPPP, por lo que los amigos en las altas esferas serán clave.

La Agenda 21 exige, en el apartado 7.29 "Actividades", que todas las naciones deben desarrollar:
"Un inventario nacional exhaustivo de sus recursos terrestres con el fin de establecer un sistema de información sobre la tierra en el que se clasificarán los recursos terrestres según sus usos más adecuados y se identificarán las zonas ambientalmente frágiles o propensas a las catástrofes para adoptar medidas especiales de protección."
Si el lugar en el que vives se considera ambientalmente frágil, y nos dicen que todo el planeta lo es, el GPPP seguirá la sección 7.30. h. y la aplicará:
"Prácticas que tratan de forma integral las necesidades de suelo potencialmente competitivas para la agricultura, la industria, el transporte, el desarrollo urbano, los espacios verdes, las reservas y otras necesidades vitales".
Esto implicará la creación de "áreas protegidas". Entre muchos de sus poderes autoritarios, el GPPP tendrá el control de toda el agua potable. Las fuentes de agua se convierten automáticamente en "zonas protegidas" según la Agenda 21, por el bien de nuestra "salud".

La Actividad 18.50 establece:
"Todos los Estados, según su capacidad y recursos disponibles, y mediante la cooperación bilateral o multilateral, incluidas las Naciones Unidas y otras organizaciones pertinentes, según proceda, podrían llevar a cabo las siguientes actividades: Establecimiento de zonas protegidas para las fuentes de abastecimiento de agua potable".
Al explotar el engaño de "desarrollo sostenible" se está estableciendo actualmente un sistema planetario de gobernanza global, bajo los auspicios del GPPP. Se trata de "reconstruir mejor", el "Gran Reinicio", el "Nuevo Tratado Verde" o lo que el GPPP decida vender como tal.

Significa el dominio del GPPP sobre absolutamente todo. Realmente no seremos dueños de nada, aunque parece poco probable que muchos de nosotros estemos contentos con ello.
sustainable
Esta idea no es nueva. Con el auge de la revolución industrial en el siglo XVIII, las fábricas británicas necesitaban lo que en realidad eran trabajadores esclavos. El Parlamento del Reino Unido aprobó una serie de actas de cercamiento (Enclosure Acts) que eliminaron el acceso de las comunidades rurales a las tierras comunales.

Fueron reubicados en parcelas de baja calidad que no podían mantenerlos. Las mejores tierras de cultivo fueron acaparadas por los ricos propietarios de tierras y los nuevos jefes de la industria, que buscaban diversificar sus inversiones. Esto, en parte, obligó a las familias que habían vivido de la tierra durante generaciones a trasladarse a las ciudades donde podían trabajar en las nuevas fábricas.

Con la Cuarta Revolución Industrial (4IR) en marcha, los bienes comunes globales incluyen el ciberespacio. Aunque actualmente somos libres de comunicarnos en todo el planeta, de hacer negocios e incluso de socializar en línea, el GPPP ha decidido ahora "delimitar" el ciberespacio y controlar nuestro acceso.

De hecho, en la Agenda 21 y 2030 queda claro que la intención es "encerrarnos" físicamente en asentamientos designados. Si se nos atrae, o se nos empuja, a ciudades inteligentes de los 15 minutos, ¿qué pasará con los que no quieran vivir en ellas?

Los que no entienden, o no quieren admitir la realidad de este golpe de estado global, se apresuran a señalar que la Agenda 21 -y 2030- no es una legislación. Los Estados nacionales no están obligados a aceptar nada de ello. Esta observación no aprecia lo que es la "gobernanza global".

La gobernanza global no es el establecimiento de una política o una legislación. Es la creación de agendas políticas que los Estados individuales pueden o no implementar como política o legislación posterior. Sólo puede tener fuerza si los Estados nacionales la cumplen.

El problema al que nos enfrentamos es que los Estados nación son una "organización asociada", algunos podrían decir socios menores, dentro del GPPP. Aunque siguen siendo entidades soberanas, no actúan como tales. Basta con mirar cómo se crean los mercados globales en la Agenda 21 para ver cómo todos los Estados nación han colaborado voluntariamente en la estafa del desarrollo sostenible.

En la Agenda 21, la declarada "Base para la acción", en la sección 8.41, afirma:
"Un primer paso hacia la integración de la sostenibilidad en la gestión económica es el establecimiento de una mejor medición del papel crucial del medio ambiente como fuente de capital natural [...] Es necesario desarrollar un marco común en el que se incluyan las contribuciones realizadas por todos los sectores y actividades de la sociedad, que no están incluidas en las cuentas nacionales convencionales. [...] Se propone un programa para desarrollar sistemas nacionales de contabilidad ambiental y económica integrada en todos los países".
El plan claramente establecido, redactado en 1992, consistía en crear un "capital natural" para convertir la "sostenibilidad en gestión económica". Todos los sectores y toda la sociedad estarán involucrados en este esfuerzo por transformar la naturaleza en capital financiero.

Esto incluirá la supervisión de las "actividades de la sociedad", como nuestro uso del ciberespacio, que "no se incluyen en las cuentas nacionales convencionales". En otras palabras, los bienes comunes globales.

No importa si la Agenda 21 (2030) tiene autoridad legislativa o no. Lo único que importa es la complicidad de las autoridades legislativas. Están en pleno cumplimiento.

La Agenda 21 propuso el desarrollo de "sistemas nacionales de contabilidad ambiental y económica integrada en todos los países". Con ello se pretendía completar la transformación de la Tierra y de todos sus recursos naturales en un sistema centralizado de control económico.

Como Whitney Webb explora en su excelente artículo, La conquista de la naturaleza por parte de Wall Street avanza con el lanzamiento de una nueva clase de activos, eso es precisamente lo que ha ocurrido. Utilizando una vez más el concepto de bienes comunes globales (global commons), el GPPP ha creado Compañías de Activos Naturales (NAC, por sus siglas en inglés). Estas supuestamente lo harán:
"Preservar y restaurar los bienes naturales que, en última instancia, sustentan la capacidad de que haya vida en la Tierra".
Esta alusión al cuidado de los bienes comunes globales suena maravillosa, pero cuando consideramos su impacto en las profundidades de los océanos, por ejemplo, en realidad es sólo la creación de nuevos mercados. La preocupación por la destrucción del medio ambiente apenas se registra.

La métrica de los bienes comunes globales

Está claro que el objetivo de las NAC es asegurar el acceso exclusivo de los accionistas del GPPP a recursos que, hasta ahora, no eran "propiedad" de nadie. Así lo admitió Michael Blaugrund, Director de Operaciones de la Bolsa de Nueva York:
"Nuestra esperanza es que ser propietario de una empresa de activos naturales va a ser una forma de que una gama cada vez más amplia de inversores tenga la capacidad de invertir en algo que es intrínsecamente valioso, pero que, hasta este momento, estaba realmente excluido de los mercados financieros."
Para ponerlo en perspectiva, el PIB total de todo el planeta es de aproximadamente 94 billones de dólares. Convirtiendo la Tierra en un mercado de materias primas que sustente una nueva cartera de activos globales, se prevé que la naturaleza tenga un valor de 4000 billones de dólares. Más de 40 veces el PIB mundial. No hace falta decir que se trata de una gran oportunidad de inversión.

La transformación de la economía mundial está muy avanzada. Todo el GPPP está, comprensiblemente, comprometido con el proyecto. Los desacuerdos que existen sólo se refieren a quién recibe qué. No hay oposición al nuevo modelo económico mundial. Como señaló Webb:
"El objetivo final de las NAC (Compañías de Activos Naturales) no es la sostenibilidad ni la conservación: es la financiarización de la naturaleza, es decir, convertir la naturaleza en una mercancía que pueda utilizarse para mantener el auge de la actual y corrupta economía de Wall Street bajo el pretexto de proteger el medio ambiente y evitar su mayor degradación".
Las NAC permitirán a los inversores adquirir activos principalmente en los países en desarrollo, ya que las empresas multinacionales y los fondos financieros acaparan los antiguos bienes comunes globales y otros recursos. Sin embargo, la financiarización de la naturaleza es global, transformando el Globo en un mercado alcista.

Stakeholder Capitalism Metrics
Para ello se utilizarán las Métricas de Capitalismo Stakeholder. Los activos se calificarán utilizando puntos de referencia ambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés) para el rendimiento empresarial sostenible. Cualquier empresa que requiera financiación en el mercado, tal vez mediante la emisión de bonos climáticos, o tal vez bonos verdes para empresas europeas, necesitará que esos bonos tengan una buena calificación ESG.

Una calificación ESG baja disuadirá a los inversores y el proyecto o la empresa no se pondrá en marcha. Una calificación alta en materia de ESG hará que los inversores se apresuren a poner su dinero en proyectos respaldados por acuerdos internacionales. En combinación, las iniciativas financieras como las NAC y los ESG están convirtiendo los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) en normas de mercado.

Esto pone la autoridad centralizada sobre la economía mundial en manos del GPPP. En julio de 2019, el entonces gobernador del Banco de Inglaterra y futuro enviado especial de la ONU para la Acción Climática, Mark Carney, simplemente declaró:
"Las empresas que ignoren el cambio climático y no se adapten se irán a la quiebra sin lugar a dudas".
Más tarde, en su intervención en la Cumbre Green Horizons de noviembre de 2020, organizada conjuntamente por The City of London Corporation, el Green Finance Institute y el Foro Económico Mundial, Carney, actuando en otro papel como Asesor Financiero del primer ministro del Reino Unido en la COP26, dijo:
"Los planes de transición revelarán los líderes y los rezagados en el camino hacia Glasgow. No llegaremos al cero neto en un nicho, se requiere una transición de toda la economía".
Los líderes de la nueva economía mundial serán los seleccionados por el GPPP mediante la adecuada calificación de sus valores emitidos. Los rezagados serán eliminados mediante el mismo mecanismo. Se irán a la quiebra sin duda alguna.

Todas las empresas, no sólo las corporaciones globales, tendrán que "adaptarse" al nuevo sistema económico basado en los ODS. Esto no es una proyección de cómo será la futura economía mundial, esto ya ha sucedido. Mientras el mundo ha estado obsesionado con la pseudopandemia, el GPPP ha iniciado una revolución global.

En la eventual cumbre de la COP26 en Glasgow, Mark Carney, supuestamente hablando como enviado de la ONU - o quizás como Miembro del Consejo de Administración del Foro Económico Mundial, es difícil de decir- lanzó algo que llamó GFANZ (Alianza Financiera de Glasgow para las Cero Emisiones Netas, por sus siglas en inglés):
"La arquitectura del sistema financiero mundial se ha transformado para lograr el cero neto. Ahora contamos con el sistema esencial para que el cambio climático pase de los márgenes a la vanguardia de las finanzas, de modo que cada decisión financiera tenga en cuenta el cambio climático. [...] Este aumento rápido y a gran escala del compromiso de capital con el cero neto, a través del GFANZ, hace posible la transición a un mundo de 1,5C".
El ministro de Hacienda del Reino Unido, Rishi Sunak, siguió la declaración de Carney con la declaración formal del Reino Unido de la Alianza Financiera de Glasgow para las Cero Emisiones Netas (GFANZ). Lanzada por primera vez en abril de 2021 por el enviado presidencial especial de EE.UU. para el cambio climático, John Kerry, los iniciales informes de progreso de la GFANZ establecen:
"Los gobiernos deben garantizar una transición justa y bien gestionada, incluso colaborando estrechamente con la industria y las finanzas. [...] El GFANZ se creó para acelerar este proceso. Su objetivo es transformar el sistema financiero mundial para financiar la inversión en una economía neta cero [...] debemos realizar la transición de todo el sistema financiero, junto con cada sector de nuestras economías [...] apoyando marcos y métricas para medir la alineación neta cero de las carteras y los sectores"
El plan consiste en "alinear" (obligar) inicialmente al 40% de los activos financieros actuales del mundo, que ascienden a 130 billones de dólares, para que se comprometan con la transición hacia una economía global descarbonizada. El comunicado de prensa del gobierno del Reino Unido informó:
"El Reino Unido ha convocado a más de 30 países avanzados y en vías de desarrollo de los 6 continentes y que representan más del 70% del PIB mundial para respaldar la creación de una nueva norma mundial de información sobre el clima por parte de la Fundación IFRS, con el fin de ofrecer a los inversores la información que necesitan para financiar el cero neto."
Todo esto es necesario, según Carney, Kerry, Sunak y todos los demás líderes del GPPP de cara al público, para controlar el clima de la Tierra. Realmente se imaginan, o más bien quieren que te imagines, que pueden ajustar la temperatura de la Tierra centralizando su autoridad sobre la economía mundial.

Como observó acertadamente Whitney Webb en Twitter:
"Si vas a confiar en los multimillonarios y en los banqueros (que han creado las crisis medioambientales) para que diseñen un nuevo sistema económico porque crees que se preocupan por el medio ambiente, más vale que les entregues tu cerebro en una bolsa".
La gobernanza global de todo

El GFANZ se basa en gran medida en la doble contabilidad y en el hábil engaño financiero. En realidad, no hay ningún compromiso de reducir realmente las emisiones de gases de efecto invernadero. Los grandes bancos seguirán siendo libres de invertir en combustibles fósiles mientras sigan siendo rentables.

Una vez más, los críticos de la corriente dominante, o al menos los de la prensa financiera, no entienden en absoluto lo que están viendo. Fantasean con que se trata de "salvar el planeta" o de crear una economía más verde por el bien de todos.
TG Commons
No lo es, y nunca lo fue. Se trata de centralizar el poder financiero y económico.

No importa si los números no cuadran. El impacto medioambiental real es totalmente irrelevante. Lo único que importa es que se cree un mecanismo mediante el cual las altas esferas de la jerarquía del GPPP puedan, primero, rescatar y, después, ampliar su autoridad y control. Ese es el objetivo principal y hasta que los economistas y comentaristas de los medios de comunicación lo comprendan, nunca verán lo que tienen delante de sus narices.

Es de suponer que siguen creyendo que es una incalculable coincidencia que esta transformación haya ocurrido justo a tiempo para salvar el fracasado sistema monetario y financiero internacional (IMFS, por sus siglas en inglés). Salvar el planeta requiere exactamente la misma reestructuración económica y financiera necesaria para encubrir el completo colapso de su anterior sistema de control.

En el anual simposio de banqueros del G7 de 2019, celebrado en Jackson Hole (Wyoming), justo cuatro meses antes de que se conocieran los primeros casos de COVID 19, la segunda mayor empresa de gestión de inversiones del mundo, BlackRock, presentó su informe Dealing With The Next Downturn a los banqueros centrales del G7 reunidos. Informaron:
"Se necesitarán políticas sin precedentes para responder a la próxima recesión económica. La política monetaria está casi agotada a medida que los tipos de interés mundiales se desploman hacia cero o menos. La política fiscal por sí sola tendrá dificultades para proporcionar un estímulo importante en el momento oportuno, dados los elevados niveles de deuda y los típicos retrasos en la aplicación. La política monetaria convencional y no convencional funciona principalmente a través del impacto estimulante de los bajos tipos de interés a corto y largo plazo. Este canal está casi agotado".
Incapaz de gastar o gravar de impuestos para salir de los problemas, , BlackRock admitió que, para el GPPP, el IMFS existente estaba acabado. Era la fuente de su poder y, por tanto, si querían conservar su "autoridad", se requería un nuevo sistema.

Mark Carney, en esta ocasión hablando como director del Banco de Inglaterra, afirmó la valoración de BlackRock:
"Lo más importante es que está creciendo una asimetría desestabilizadora en el corazón del IMFS [...] una economía mundial multipolar requiere un nuevo IMFS para aprovechar todo su potencial. Eso no será fácil [...] las deficiencias del IMFS se han vuelto cada vez más potentes. Incluso un conocimiento pasajero de la historia monetaria sugiere que este centro no se mantendrá [...] Terminaré añadiendo la urgencia. [...] Acabemos con la negligencia maligna del IMFS y construyamos un sistema digno de la economía mundial diversa y multipolar que está surgiendo".
Todos estuvieron de acuerdo en que se necesitaba urgentemente una nuevo IMFS. No hay tiempo que perder. En su documento, BlackRock sugirió que el nuevo orden financiero podría crearse "yendo directo" (Going Direct):
"Ir directo significa que el banco central encuentre la manera de poner el dinero del banco central directamente en manos de los que gastan en el sector público y privado [...] haciendo que se coordine la política para que la expansión fiscal no conduzca a un aumento compensatorio de los tipos de interés".
Se trataba de un concepto revolucionario. En teoría, los bancos centrales servían únicamente como banco para los bancos comerciales y el gobierno. Su función oficial era invertir en bonos del Estado y gestionar las liquidaciones entre los bancos comerciales utilizando las reservas de los bancos centrales llamadas "dinero base". El dinero que usted y yo usamos todos los días es "dinero amplio". Su circulación en la economía siempre ha estado separada y diferenciada del intercambio de dinero base de los bancos centrales.

La base monetaria nunca se había utilizado para estimular o manipular directamente los mercados monetarios amplios (en teoría). Con su plan yendo directo, BlackRock estaba sugiriendo un mecanismo por el cual podría hacerlo. Poner a los bancos centrales al mando de forma efectiva (la aplicación de la coordinación de estrategias) de la política fiscal del gobierno: los impuestos y el gasto del gobierno.

Yendo directo, representa un cambio fundamental en la naturaleza de nuestros sistemas políticos. Esto sugiere que los gobiernos elegidos ya no están a cargo de sus gastos. Parece ser el establecimiento de la fiscalidad sin representación: el fin de cualquier noción de democracia.

BlackRock añadió que sería necesario ir directo si se dieran unas "condiciones inusuales". El centro no aguantará, se necesitaba un catalizador extraordinario para provocar la transformación.

En otra notable y, para el GPPP, increíblemente fortuita coincidencia, el "mercado de repos" estadounidense se tambaleó justo un mes después. Esto proporcionó la condición inusual necesaria, desencadenando el plan de BlackRock.

Las cosas se volvieron extremadamente inusuales pocos meses después, cuando el mundo se sumió en una pseudopandemia global. En respuesta, en marzo de 2020, cuando la pseudopandemia surgió en Occidente, el Yendo directo se puso en marcha.

BlackRock dijo que sólo sería necesario ir directo mientras persistiera la "condición inusual", aunque la naturaleza del acuerdo requeriría una "configuración permanente". Una vez alcanzados los objetivos de la política fiscal, que también eran objetivos de la política monetaria, la configuración permanente temporal podría pasar a la "estrategia de salida" colocada en el "horizonte político".

Ahora sabemos cuál es ese horizonte político. Es la transformación del sistema monetario y financiero internacional, la incautación de los bienes comunes globales, la financiarización de la naturaleza y el establecimiento de un organismo financiero central que lo gobierne todo. Este proceso se denomina más comúnmente "desarrollo sostenible" o construcción de la economía verde.

Un círculo para gobernarlos a todos

Mark Carney

Mark Carney
Antes de su proclamación en el GFANZ, en noviembre de 2020, Rishi Sunak declaró que el Reino Unido tenía la intención de emitir el primer bono verde soberano del mundo. El Gobierno británico decretó que haría obligatoria la presentación de informes al Grupo de Trabajo sobre Divulgación Financiera Relacionada con el Clima (TFCD, por sus siglas en inglés) para todas las empresas del Reino Unido en 2025. Sunak dijo que esto fomentaría la inversión en nuevas tecnologías "como las stablecoins y las monedas digitales de los bancos centrales".

El Gobierno británico añadió:
"El Reino Unido se convertirá en el primer país del mundo en hacer que las divulgaciones alineadas con el Grupo de Trabajo sobre Divulgaciones Financieras Relacionadas con el Clima (TCFD) sean totalmente obligatorias en toda la economía para 2025. El Reino Unido también implementará una taxonomía verde: un marco común para determinar qué actividades pueden definirse como ambientalmente sostenibles."
La pretensión del gobierno del Reino Unido de controlar esta iniciativa fue cómica. Las métricas del Capitalismo Stakeholder que determinan las calificaciones de los activos ESG (puntos de referencia ambientales, sociales y de gobernanza), y el desarrollo de las NAC, no son gestionados por el Reino Unido, Estados Unidos o cualquier otro gobierno electo. Estas palancas financieras están firmemente arraigadas en el sector privado.

Líderes de la GPPP como el Banco de Pagos Internacionales (BPI), los bancos centrales nacionales, BlackRock, Vanguard y socios del FEM como Deloitte, PwC, McKinsey y KPMG controlan estas estrategias de inversión. Los gobiernos son sólo subalternos, facilitando a los socios de la Global Public-Private Partnership (GPPP).

Los TCFD se evalúan en respuesta al "informe de sostenibilidad" de una empresa. Según el Consejo de Estabilidad Financiera, CEF, el informe de sostenibilidad "describe el impacto de una empresa u organización en la sociedad, a menudo abordando cuestiones ambientales, sociales y de gobernanza."

La evaluación de la TCFD determina el ESG rating de sus activos. Esto será el factor decisivo, o el que rompa el acuerdo, siempre que quiera obtener una inversión de capital.

Las normas de las memorias de sostenibilidad son establecidas por la Fundación de las Normas Internacionales de Información Financiera, NIIF. La fundación NIIF afirma que es una organización sin ánimo de lucro y de interés público.

Establece normas de contabilidad acordadas en 140 jurisdicciones para organizaciones públicas y privadas. Entre sus jurisdicciones se encuentran Estados Unidos, la UE, el Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, China y Rusia.

Sin embargo, su pretensión de actuar en pro del "interés público" no es lo que parece. La fundación NIIF también informa:
"Las normas NIIF las establece la Junta de Normas Internacionales de Contabilidad (IASB) y las utilizan principalmente las empresas que rinden cuentas públicamente -las que cotizan en bolsa- y las entidades financieras, como los bancos".
La Junta de Normas Internacionales de Contabilidad (IASB, por sus siglas en inglés) es una organización del sector privado que representa los intereses particulares de los capitalistas stakeholder, no los del público. Actualmente, 12 personas deciden supuestamente las normas NIIF que estipulan los requisitos de las memorias de sostenibilidad para las empresas y otras organizaciones, incluidos los gobiernos, en todo el planeta.

Bajo la presidencia de Mark Carney -es un hombre ocupado- el Consejo de Estabilidad Financiera (CEF) creó el TCFD en 2015:
"El Consejo de Estabilidad Financiera (CEF) ha anunciado hoy la creación de un grupo de trabajo sobre divulgación de riesgos financieros relacionados con el clima dirigido por la industria. El Grupo de Trabajo sobre Divulgación Financiera Relacionada con el Clima (TCFD) desarrollará divulgaciones voluntarias y coherentes sobre los riesgos financieros relacionados con el clima para que las empresas las utilicen al proporcionar información a prestamistas, aseguradoras, inversores y stakeholders."
Cinco años después fue de nuevo Carney quien, sabiendo que el "center won't hold" (Las cosas se desmoronan), anunció la consolidación y unificación de todo el sistema en la cumbre COP26. En línea con el GFANZ, el NIIF anunció el siguiente paso en el proceso, con la creación de su Consejo de Normas Internacionales de Sostenibilidad (ISSB, por sus siglas en inglés). El auditor jefe de PwC, Hemione Hudson, dijo:
"El lanzamiento hoy del Consejo Internacional de Normas de Sostenibilidad es un paso importante hacia la consecución de un enfoque común global de las normas de divulgación relacionadas con el ESG. Aprovechar el poder de los mercados financieros para desempeñar un papel de liderazgo en la transición hacia una economía neta cero. Las normas de información son un componente fundamental para lograrlo"
Ahora podemos ver cómo funcionará todo el sistema.

Todas las empresas, todos los proyectos que deseen emprender, todas las iniciativas que planifiquen y todas las políticas que lleven a cabo deben adherirse a los ODS. Su cumplimiento de la agenda acordada se medirá a través de su "informe de sostenibilidad" obligatorio.

El Grupo de Trabajo sobre Divulgación Financiera Relacionada con el Clima (TCFD) juzgará su desempeño. Sus subcomités ESG, como el Consejo de Normas Internacionales de Sostenibilidad, aprobarán la calificación ESG pertinente para esa empresa.

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Desarrollo sostenible
Las agencias privadas de calificación de inversiones, como Deloitte, que son "miembros" del NIIF y, por definición, del GPPP, controlarán efectivamente la estrategia de inversión de todas las empresas y, por tanto, sus operaciones. La minería de aguas profundas, la ciberseguridad, la innovación de la moneda digital, la explotación de los bienes comunes globales y cualquier otra cosa ordenada como "sostenible" recibirán la correspondiente calificación de rating ESG.

Todo esto se controla de forma centralizada a través del sistema TCFD, operado por el CEF. Ellos podrán seleccionar quién prospera y quién no. La secretaría del CEF está "alojada" y financiada por el Banco de Pagos Internacionales (BPI) y tiene su sede BPI en Basilea (Suiza).

Los bancos centrales, bajo la autoridad del BPI, no sólo están yendo directamente ("going direct ") controlando la política fiscal mundial, sino que están intentando ordenar todos los negocios, todo el comercio y todas las finanzas. Se están apoderando de los bienes comunes globales, financiarización de la naturaleza y superando el antiguo sistema monetario y financiero internacional para establecer una verdadera gobernanza global.

Si no actuamos, si simplemente permitimos que las marionetas de nuestros llamados gobiernos entreguen todo lo que valoramos al GPPP, entonces el BPI, los bancos centrales y otros "valiosos stakeholders" van a apoderarse de todo en esta Tierra. No poseeremos nada y estaremos en deuda con ellos por los recursos de los que "toda la vida depende".

Si permitimos que eso ocurra, al igual que las almas olvidadas abandonadas a la brutalidad de las minas de cobalto, todos seremos esclavos.