
En la ciudad de Esmirna, en el extremo occidental del país, se ha dispuesto un centro de acopio donde muchas personas se han ofrecido a revisar y clasificar las toneladas de objetos enviados tras el desastre desde todas partes del mundo, que luego son empacados y distribuidos a las aéreas más afectadas. En un principio, Turquía enfatizó que fueran donados artículos en desuso, pero a medida que el número de víctimas aumentó, comenzaron a aceptarse ropa y zapatos no muy usados, pero limpios.
Sin embargo, los voluntarios se han encontrado con cosas como vestidos de gala, ropa de verano o zapatos de tacón, que muchas veces están en muy mal estado. De acuerdo con Azra Ceren Capak, que participa en las labores, les han enviado batas de baño y calcetines "sucios", tacones altos, pestañas postizas y "todas las tonterías que se le ocurran".
"Cuando abrimos algunas bolsas, un olor se esparce porque hay quienes mandan productos sin lavar y ropa gastada y rota. Esto no tiene sentido", afirma Azra, que cuenta que muchas de esas cosas tiene que tirarlas. Esta situación hace que pierdan tiempo y que se desgasten psicológicamente, lamenta.
Otra voluntaria, Rona Yaz Nacak, señala que la ayuda humanitaria que llega está llena de artículos no esenciales como vestidos de baño, ropa de encaje, zapatos finos y accesorios que ella confiesa no saber qué son. "Es una vergüenza hacer esto, es un pecado", dice.



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