Traducido por el equipo de SOTT.net

Se ha publicado un nuevo estudio que examina la reciente epidemia de adolescentes y adultos jóvenes que se identifican como transexuales, y las conclusiones indican claramente que el contagio social es un factor en este nuevo fenómeno.
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El estudio de los doctores Michael J. Bailey y Suzanna Diaz, publicado en Archives of Sexual Behaviour, examinó una encuesta de 1655 informes de padres para investigar más a fondo la hipótesis de la disforia de género de inicio rápido (ROGD por sus siglas en inglés), planteada por primera vez por la Dra. Lisa Littman en 2018. Los activistas en ese momento acusaron a Littman de transfobia y afirmaron que su estudio no era válido, pero la evidencia para apoyar su hipótesis sólo ha crecido en los años transcurridos y este último estudio indica que, al menos para algunos, la ROGD es una realidad inquietante.


El estudio es mucho más amplio que cualquier otro que se haya realizado hasta la fecha sobre esta cohorte, y consiste en informes de padres procedentes de una encuesta en línea en el sitio web Padres de niños ROGD. Los autores reconocen el posible sesgo de su muestra, pero afirman que la investigación sobre "el desarrollo de los niños en muchos ámbitos depende desde hace tiempo de los informes de los padres".

Hallazgos notables en línea con estudios anteriores muestran que la disforia de género de inicio en la adolescencia afecta desproporcionadamente a las mujeres, ya que la muestra presenta a un 75 por ciento de mujeres frente a un 25 por ciento de hombres.

Estos jóvenes presentaban tasas elevadas de problemas de salud mental coexistentes, y el 42% tenía un diagnóstico formal de salud mental. Los padres informaron que, por término medio, los problemas de salud mental del niño habían comenzado casi 4 años antes de la aparición de la disforia de género. Los problemas más comunes eran depresión, ansiedad, autolesiones y "dificultad para socializar con los compañeros".

Se observó que los jóvenes con problemas de salud mental tenían muchas más probabilidades de haber realizado una transición social o médica, lo que según Bailey y Diaz "es preocupante porque los jóvenes con problemas de salud mental pueden ser especialmente propensos a carecer del juicio necesario para tomar estas decisiones tan importantes y, en el caso de la transición médica, permanentes".

El 55,4 por ciento de los padres respondieron "sí" cuando se les preguntó si sus hijos tenían amigos que "salieron del armario como transexuales más o menos al mismo tiempo", y esa respuesta fue mayor significativamente para las mujeres natales (60,9 por ciento) que para los hombres natales (38,7 por ciento).

Se sabe que los contagios sociales afectan de forma desproporcionada a mujeres adolescentes y jóvenes. Los contagios de anorexia, bulimia y autolesión, así como el contagio del trastorno de personalidad múltiple en la década de 1980, e incluso la histeria desde finales del siglo XIX, afectaron predominantemente a este grupo demográfico.

Entre los que respondieron "sí", el número medio de amigos transgénero era de 2,4, y tener amigos que salieran del armario como transgénero estaba significativamente relacionado con la probabilidad de transición social, sobre todo en el caso de las mujeres, entre las que el 73,3% con "amigos transgénero coetáneos había dado pasos hacia la transición social, en comparación con el 54% sin tales amigos".

Los padres estimaron que antes de desarrollar la disforia de género, sus hijos pasaban una media de 4,5 horas al día "en Internet y las redes sociales".

Muchos padres de hijos con ROGD informan que estos pasaban horas y horas inmersos en la cultura transexual en Internet antes de anunciar su identidad transexual, y muchos de los que abandonaron la transición describen su primer encuentro del concepto de identidad de género en Internet.

Los padres también informaron que el funcionamiento psicológico de sus hijos empeoró tras la transición social, al igual que la relación con sus padres.

Cuando se les preguntó si algún acontecimiento estresante en la vida de su hijo podía haber contribuido a la aparición de la disforia de género, el 72,6% de los padres respondió "sí".

"La inspección de las respuestas específicas sugirió que estos acontecimientos estresantes variaban considerablemente tanto en su naturaleza como en su gravedad. Por ejemplo, varios padres señalaron que la familia se había mudado recientemente. Otros mencionaron las dificultades románticas del joven".

"Pero unos pocos dijeron que el joven había sufrido graves abusos físicos o sexuales, y varios mencionaron que un amigo o pariente se había suicidado", señalaron Bailey y Diaz.

Los varones natales empezaron a identificarse como transgénero casi dos años más tarde que las mujeres natales. Los autores ofrecen dos posibles explicaciones. Una es simplemente que las mujeres empiezan la pubertad antes que los hombres y que, si los cambios puberales contribuyen a la aparición de la disforia de género, sería de esperar que las mujeres empezaran antes.

La otra explicación es quizá más controvertida, y se refiere a "la existencia de diferentes causas de disforia de género en mujeres y varones natales".

"En concreto, un tipo de disforia de género, derivada de la autoginefilia — la excitación sexual de un varón natal ante la idea de ser mujer — sólo se da en varones natales adolescentes y postadolescentes y no parece tener un análogo entre las mujeres natales", escriben Bailey y Diaz.

Los activistas trans niegan enérgicamente la existencia de la autoginefilia a pesar de que existe abundante literatura científica que respalda la teoría. El Dr. Ray Blanchard, sexólogo que acuñó el término en los 80, cree que la razón de esta negación es que la autoginefilia complica la tarea de vender el transexualismo.

"Si un tipo decide que a partir de ahora va a ir a trabajar como mujer, una cosa es que diga: 'estoy aceptando el hecho de que siempre he sido una mujer por dentro', y otra muy distinta que diga: 'he pasado de masturbarme sólo con ropa de mujer a llevarla todo el tiempo'", afirma Blanchard en el libro Trans: Cuando la ideología se encuentra con la realidad.

Los autores reconocen las limitaciones de su estudio, sobre todo la preocupación por la forma en que se reclutó a los participantes: utilizando un sitio web para padres preocupados porque sus hijos sufrieran ROGD.

Bailey señaló en Twitter, sin embargo, que los estudios que apoyan la transición social y médica de niños también están sesgados porque es poco probable que recluten al tipo de familias que participaron en este estudio.

"El fenómeno ROGD (o más cautelosamente, el concepto ROGD) es tan nuevo que no se sabe nada con mucha confianza respecto a esta población", dicen Bailey y Diaz.

"Nuestro estudio se basa en la información proporcionada por padres que creen que sus hijos tienen ROGD y, por tanto, es poco probable que se muestren comprensivos sobre la condición transgénero de sus hijos y sus intenciones de transición. Obviamente, sería muy deseable que futuros estudios incluyeran también a padres con creencias y actitudes diferentes", concluye el estudio.

"Los datos longitudinales serán especialmente valiosos, porque todas las partes interesadas en esta controversia tienen en última instancia el mismo objetivo: la felicidad a largo plazo de los jóvenes con disforia de género".