Hace algunos meses, la autora de la popular serie de libros de 'Harry Potter', J.K. Rowling, cometió el "error" de manifestar en Twitter que los hombres y las mujeres son biológicamente distintos. Desde ese momento, ha tenido que defender su postura en contra de quienes la llaman "transfóbica". Actores como Daniel Radcliffe y Mark Hamill se han visto forzados a tomar partido ante las masas enardecidas. El caso de Rowling no es el único.

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En una era en la que la libertad de expresión se da por hecho, un fenómeno social surge en internet y en los grandes centros de poder de Occidente que la amenazan. Se trata de la llamada "cultura de la cancelación" ("cancel culture" en inglés), que consiste en acosar y presionar a alguien, normalmente una personalidad pública, que haya manifestado algún "pensamiento incorrecto", hasta retirarle la capacidad de hacer uso de su voz, ya sea negándole el acceso a redes sociales o publicaciones en medios o centros académicos, o logrando que se quede sin empleo ni carrera.
Ocurre que dicho "pensamiento incorrecto" es normalmente el cuestionamiento de las ideas de la identidad de género, las políticas de la identidad, y de manera más general la versión postmoderna de la izquierda contemporánea.
Acompáñenos mientras nos preguntamos cuáles son las implicaciones de la "cultura de la cancelación".
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