La Historia de España es bastante compleja y contradictoria, como la del resto de las naciones del Planeta, con momentos de gloria, prosperidad y épica que conviven con otros momentos de violencia, expolio y dominación. No hay ningún periodo ni proceso en la historia de nuestra Patria en los que no hayan estado en relación dialéctica y al mismo tiempo presentes estos elementos y componentes, pues son una parte intrínseca a la naturaleza del ser humano y de la sociedad.
1Esto explica en parte las dificultades que despierta el estudio de la disciplina histórica: cada clase social, cada escuela metodológica o cada tendencia política pretenderá seleccionar de cada proceso históricos los hechos que mejor se ajusten a su praxis ideológica, lo que convierte a la Historia en un espacio más donde se desarrolla la lucha de clases y de Estados.
Algo que debemos de tener claro siempre es la comprensión de que las particularidades de nuestro desarrollo histórico nos hacen diferentes de otros procesos históricos, lo cual no implica afirmar que esto nos haga mejores ni peores como nación o como pueblo (pensar lo contrario sería caer en el más pueblerino de los chovinismos). No obstante,
existe una tendencia mayoritaria entre el núcleo cultural de la sociedad española en general y en el núcleo cultural de las izquierdas (especialmente en las indefinidas), una actitud que sobreexcede de hipercrítica con nuestro pasado histórico, hasta tal punto que roza la endofobia.