La Leyenda Negra establece para la historia del Imperio español un esquema basado en la idea de la ruina perpetua, donde el país se hizo con el cetro mundial a espadazos, violaciones y fanatismo tras hallar por casualidad un continente que sufragó todos sus excesos; y luego se pasó hasta 1898 pagando por sus pecados, sus deudas,
su atraso crónico y por haberse enfrascado en una empresa por encima de sus posibilidades. Según esta idea extendida, la prepotencia y la ceguera de España evitaron que pudiera coger el tren del progreso a tiempo, dando la espalda sistemáticamente a sus élites más preparadas: los judíos, los reformistas extranjeros como Esquilache o los afrancesados de José I.

Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial
La realidad, sin embargo, es que ningún imperio se forma por casualidad ni se se mantiene cinco siglos cayendo, salvo que lo haga a una velocidad de caída imperceptible al ojo humano. La cifra de los sefardíes que llegaron a salir del país puede que no pasara de las 20.000 personas, según las investigaciones del hispanista
Henry Kamen, y «no cabe la menor duda de que los judíos no constituían ya una fuente de riqueza relevante [en Castilla y en Aragón], ni como banqueros ni como arrendatarios de rentas ni como mercaderes que desarrollasen negocios a nivel internacional», en opinión de Joseph Pérez recogida en su libro «Historia de una tragedia: la expulsión de los judíos de España» (Barcelona, Crítica).
Comentario: Además del hecho de que efectivamente estamos siendo testigos de cambios planetarios importantes que claramente nos señalan que algo está ocurriendo en el planeta (e incluso en el Sistema Solar), un problema (tal vez peor) al que nos enfrentamos actualmente es el dogmatismo y la corrupción en la ciencia en lo que respecta al cambio climático. La supresión del conocimiento y la falsificación deliberada de la información realmente puede lograr que las consecuencias de estos cambios planetarios sean más catastróficas de lo que serían si se actuara con base en la verdad.
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