Traducido por el equipo de SOTT.net

La decisión de Washington de enviar tropas estadounidenses a Gaza para «supervisar» el alto el fuego es la estafa más antigua del manual de política exterior estadounidense: la promesa de una misión «limitada» que siempre acaba convirtiéndose en un atolladero.
US army Iraq
© maxdefaultEjército estadounidense en Irak
Vietnam comenzó como una misión de asesoramiento, Irak como una liberación y Afganistán como una lucha contra el terrorismo. Cada una de ellas se convirtió en un desastre que duró décadas. Ahora, con Trump amenazando con «eliminar» a Hamás si se resiste al desarme total, la llamada misión de paz ya se está transformando en lo que realmente es: el preludio de otra guerra liderada por Estados Unidos en Oriente Medio.

En nombre del humanitarismo

Estados Unidos es dueño del negocio de la paz, y la trata como una de sus exportaciones más rentables, al menos retóricamente. Esta retórica de la intervención humanitaria — que en su día fue un instrumento de la Guerra Fría para cambiar regímenes y más tarde el manto moral para invasiones desde Irak hasta Libia — sigue siendo la columna vertebral de la política exterior de Washington. El modelo de negocio es sencillo: hacer la guerra para lograr la paz, destruir para «estabilizar». Este modelo es bastante evidente aquí, y cuenta con un apoyo bipartidista masivo en Estados Unidos. Las administraciones de Biden y Trump primero brindaron el máximo apoyo a Israel, permitiéndole llevar a cabo un genocidio. Si Estados Unidos hubiera querido la paz en la región, simplemente podría haberla impuesto obligando a Israel a detenerse. Lo mínimo que podría haber hecho sería dejar de proporcionar apoyo militar. Eso, por supuesto, no sucedió. En pocas palabras, Estados Unidos se adueñó de la guerra de Israel. Ahora también quiere adueñarse de la paz de Israel.


Comentario: Estados Unidos no «permitió» a Israel llevar a cabo un genocidio. Israel lo planeó y lo llevó a cabo por su cuenta, por sus propios motivos sádicos. Y pensar que se puede convertir a Israel en «los buenos» es una quimera. El autor debería darse cuenta de que Israel utiliza a Estados Unidos, hace lo que quiere, cuando quiere y por sus propios motivos nefastos.


Ahora, mientras los informes confirman que al menos 200 soldados estadounidenses se dirigen a Israel para «supervisar» el alto el fuego en Gaza, la pregunta surge por sí sola: ¿por qué soldados estadounidenses y no fuerzas de paz de la ONU? La respuesta es tan contundente como familiar: porque Washington no comparte el negocio de la paz con nadie más. Estados Unidos insiste en monopolizar la maquinaria del orden mundial, reservándose el derecho de decidir cuándo y cómo comienza la paz, quién la merece y bajo qué botas se impondrá.


Comentario: Ah, así que hay un «negocio de la paz» en marcha. Imagínate. La ONU no ha estado muy activa.


El despliegue centrado en Gaza, por lo tanto, tiene menos que ver con la supervisión y más con el disfraz más antiguo de la supervisión: el control.


Comentario: Israel está completamente fuera de control... ¿alguien más está tomando medidas?


Según el vicepresidente estadounidense, el Mando Central de Estados Unidos establecerá un «centro de coordinación civil-militar» en Israel para prestar asistencia logística y de seguridad con el fin de agilizar la ayuda humanitaria a Gaza. Básicamente, este centro supervisará la decisión de lo que entra y sale de Gaza en el futuro. Decidirá quién observa y quién viola el alto el fuego. Cualquier «disturbio» real o aparente dentro de Gaza — lo cual es muy posible debido a la ayuda limitada y a la presencia de múltiples grupos rivales — observado por este centro será una invitación para que su misión «limitada» se convierta en ilimitada. La semana pasada, Trump hizo una afirmación contundente que da una idea clara de lo que va a suceder. Insistió en que Estados Unidos «obligará» a Hamás a desarmarse y desmilitarizarse. Sin embargo, si el grupo se resiste, Estados Unidos utilizará todos los medios, incluidos la fuerza militar y la violencia.


Comentario: Un «control» sobre Hamás es un «control» sobre Israel.


Incluso en los casos en los que Hamás no es relevante, Trump afirmó que la reconstrucción de Gaza va a ser «peligrosa y difícil», lo que supone otra justificación más para el prolongado despliegue militar estadounidense y su papel activo en el proceso de paz y reconstrucción. Más concretamente, el control estadounidense de la reconstrucción tiene como objetivo impedir que otros actores externos, como China, desempeñen ningún papel. La reconstrucción de Gaza no se trata tanto de reconstruir, sino principalmente de controlar el orden político, económico e ideológico que sigue a la guerra. Cualquier papel de China, que sin duda puede ayudar a reconstruir Gaza de forma rápida y eficaz, también significaría una muestra del poder blando chino. Para Estados Unidos, en última instancia, sería un dividendo de paz basado no en el poderío militar estadounidense, sino en el dinero y la ingeniería chinos.


Comentario: En varios aspectos, Trump no se equivoca. Mantiene una relación cordial con Xi y probablemente agradecería la ayuda. Es dudoso que Trump rechazara el dinero y la experiencia de China si colaboraran para limpiar la suciedad y los escombros de Netanyahu. Para tu información: superficie total de Gaza: 365 km/141 millas cuadradas.


Paz para la guerra

Pero, ¿el despliegue estadounidense tiene realmente que ver con la paz y la reconstrucción, o con gestionar la siguiente fase de la ocupación bajo una nueva bandera? El llamado alto el fuego no ha resuelto la cuestión de Palestina; simplemente ha detenido la violencia. La vieja reivindicación de Israel de todo el territorio de la Palestina histórica sigue sin cumplirse, al igual que su proyecto ideológico de un «Gran Israel» construido sobre el control permanente. Para los palestinos, la guerra puede haber arrasado sus hogares, pero no su voluntad política. No se van, ni se rinden, ni aceptan vivir dentro de una ruina vallada rebautizada como «paz».


Comentario: De hecho, los palestinos son cada vez menos. La masacre sigue en marcha. La tarea consiste en frenar a los perros rabiosos de Israel. Eso no se puede hacer desde un sillón al otro lado del océano, ni pulsando un botón mágico.


Este conflicto sin resolver entre las distintas reivindicaciones hace que el alto el fuego sea más una línea divisoria que una base sólida. El despliegue estadounidense, al interponerse como árbitro y ejecutor, corre el riesgo de inclinar la balanza de forma decisiva hacia la agenda expansionista de Israel. Si Washington define la «estabilidad» como la consolidación del control israelí, entonces la resistencia palestina — ya sea a través de Hamás o más allá de él — se vuelve inevitable. Si no es de inmediato, volverá en un futuro (cercano) debido a la opresión respaldada por Estados Unidos. La historia sugiere que, cuando se aplaza la justicia y se renombra la ocupación como seguridad, los cascos azules se convierten en combatientes y los alto el fuego se convierten en preludios de la próxima guerra.


Comentario: Probablemente. Pero seguir adelante significa marcar las casillas que se pueden marcar. Tras décadas de preparación, la resolución no se producirá de la noche a la mañana


Por lo tanto, al final, la promesa de Washington de «estabilizar» Gaza tiene menos que ver con poner fin a la guerra que con gestionar sus consecuencias según sus propios términos. Para Estados Unidos, la paz es un instrumento geopolítico, es decir, una forma directa de vigilar las fronteras, recompensar a los aliados y adelantarse a los rivales. Sin embargo, ni los centros de coordinación militar ni los envíos de ayuda «humanitaria» pueden ocultar una simple verdad: no puede haber estabilidad basada en la subyugación. Mientras Estados Unidos defina la paz como control y la justicia como sumisión incondicional, Gaza no se pacificará. Más bien, seguirá siendo el espejo en el que el imperio estadounidense ve su propio reflejo. Quienes ocupan los pasillos del poder en Washington y Jerusalén comprenden esta realidad. Pero precisamente por eso pretenden seguir controlando la situación sobre el terreno. Quieren estar totalmente preparados para librar la próxima guerra. Esta vez, sin embargo, las fuerzas estadounidenses participarán de forma más directa, gracias al despliegue por la paz.