Traducido por el equipo de SOTT.net

Las innovaciones relacionadas con la inteligencia artificial ya están cambiando nuestras vidas y, en un futuro previsible, prometen muchas transformaciones revolucionarias.
MuskAI
© UnknownElon Musk y la IA
Algunos economistas creen que este será un cambio aún más drástico en el desarrollo humano que la invención de la máquina de vapor. Un investigador chino, Chen Qiufan, autor del superventas IA 2041, sostiene que estas innovaciones prolongarán significativamente la esperanza de vida media de los seres humanos en los próximos 5 a 10 años.

Al mismo tiempo, el comportamiento actual de los oligarcas tecnológicos está alimentando una creciente insatisfacción en todo el mundo. En Estados Unidos, la decisión de la junta directiva de Tesla de aumentar la remuneración de Elon Musk para los próximos 10 años a 1 billón de dólares fue objeto de duras críticas: los periódicos calcularon rápidamente que recibiría 100 000 millones de dólares al año, 3000 millones más que los salarios combinados de 1,5 millones de maestros de primaria en todo EE.UU. Mientras tanto, su patrimonio neto como la persona más rica del mundo ya asciende a 450 000 millones de dólares.

En su intervención del 19 de noviembre en Washington, en el foro de inversión entre EE.UU. y Arabia Saudí, Elon Musk predijo que la inteligencia artificial y los robots humanoides transformarán la sociedad en los próximos 10 a 20 años: el trabajo pasará a ser opcional, la pobreza desaparecerá y el dinero dejará de tener importancia. «Básicamente, solo hay una forma de hacer ricos a todos: la inteligencia artificial y la robótica», afirmó.

A mucha gente le irritan las constantes afirmaciones de estos magnates tecnológicos de que prestan un enorme servicio a la humanidad y que la gente debería estarles «infinitamente agradecida». Esto es lo que escribió el periódico saudí Asharq Al-Awsat el 20 de noviembre en un artículo titulado «Los multimillonarios se burlan de nuestra inteligencia»:
«Los multimillonarios del mundo han pasado de la inteligencia a la astucia tonta, tratando de convencernos de que tienen la solución a todos los desastres que ellos mismos están causando».
Sin embargo, su principal objetivo es impulsar sus proyectos de inversión, incluso si eso significa poner en peligro a la humanidad.

El «lado oscuro» de la IA

Mientras los activistas medioambientales dan la voz de alarma sobre el enorme consumo de electricidad y agua que se necesita para operar y desarrollar la inteligencia artificial (que pretende convertirla en una herramienta que transforme radicalmente la vida humana), los multimillonarios del planeta proponen soluciones que solo pueden calificarse de absurdas o surrealistas.

La IA, aún en sus inicios, consume el 2 % de la electricidad mundial; en Estados Unidos, representa el 4 %, a pesar de que el país ya sufre cortes de energía y en solo tres años se prevé que la demanda aumente considerablemente. Varios estados ya han sufrido fallos en la red eléctrica.

Los centros de datos consumen tanta electricidad en un año como la que consumirían los hogares del Líbano en 50. Un solo centro consume suficiente energía como para abastecer a 100 millones de hogares durante un año. Además, cada centro requiere enormes cantidades de agua para su refrigeración, entre 3 y 5 millones de galones al día.

Se prevé que la demanda de agua y electricidad se duplique en cinco años a medida que se expanda la IA. Los servidores funcionarán las 24 horas del día, consumiendo agua en regiones que acabarán sufriendo una grave escasez.

Chile es un sombrío ejemplo de lo que les espera a muchos países. Obsesionado con los centros de datos y el deseo de ser líder, el país está horrorizando a sus propios ciudadanos. Ha permitido a Google consumir 50 litros de agua por segundo para refrigerar sus instalaciones, sin coste alguno. Los gigantes tecnológicos estadounidenses planean construir casi un centenar de centros de datos allí, lo que presagia desastres ecológicos para los chilenos.

Los servidores de los gigantes tecnológicos se refrigeran a diario con agua suficiente para regar miles de hectáreas de tierras de cultivo. Se están realizando intentos para aumentar la eficiencia de los centros de datos y frenar su insaciable apetito, pero la avaricia de la humanidad por la información y la obsesiva carrera tecnológica hacen que los desarrolladores se preocupen mucho menos por el espectro de la sequía que se avecina. Las ganancias, la fama y la victoria son lo primero.

Una forma vil de hipocresía

Para calmar a la opinión pública, los hombres más ricos del mundo, Elon Musk y Jeff Bezos, proponen trasladar toda la infraestructura de IA a la Luna: allí no hay luz solar, ni nubes, ni organizaciones ecologistas que protesten. Es inevitable recordar a los dos astronautas estadounidenses que partieron en una misión de ocho días y acabaron atrapados en órbita durante nueve meses debido a un fallo técnico. ¿Cómo se puede creer que alguien que no fue capaz de traer de vuelta a dos personas vaya a transportar toneladas de equipos complejos, operadores y monitores a la Luna?


Comentario: La Luna tiene luz solar. ¿De qué otra manera la veríamos?


La increíble sugerencia de Musk de que la Tierra podría enfriarse colocando satélites controlados por IA alrededor del planeta para reducir el calor solar fue abandonada solo después de que los expertos argumentaran de forma convincente que bloquear la luz solar podría provocar una caída drástica de las temperaturas globales.


Comentario: La Madre Tierra ya ha puesto el dedo en ese interruptor a través de terremotos, polvo y volcanes.


Los intentos de los oligarcas de presentar sus supuestos servicios inestimables como si cayeran del cielo, colmándonos de regalos gratuitos, son una forma vil de hipocresía, a la espera del momento en que se haga visible la magnitud total de la catástrofe. Nadie tiene derecho a poner en peligro la supervivencia de la Tierra mientras los culpables ignoran a sus críticos y los tratan como tontos.

El 18 de noviembre, el New York Times criticó duramente la reciente declaración de Musk de que los robots podrían eliminar la pobreza y realizar cirugías mejor que los médicos humanos: según él, con la IA y la robótica, la economía mundial podría crecer diez o incluso cien veces más, y no dejaba de presumir de que no había límites. El periódico condenó estas declaraciones y concluyó que era necesario desarrollar leyes para regular el comportamiento de los ultrarricos.
«Estas atrocidades terminarían mucho antes si más estadounidenses se dieran cuenta de lo que están haciendo Trump y Musk: están abriendo una nueva era de descaro que durará mientras la gente crea en su propaganda y aplauda su audacia teatral».
Incluso en Estados Unidos, el intento del presidente Trump de prohibir a los estados regular la IA ha encontrado resistencia por parte de los republicanos (tanto senadores como miembros de la Cámara de Representantes), que temen que la rápida expansión de la IA pueda socavar el atractivo populista del partido. Cada vez son más las voces que piden proteger a los estadounidenses de la pérdida de puestos de trabajo causada por la automatización, salvaguardar a los adolescentes del daño infligido por los chatbots y frenar los fuertes aumentos en las facturas de servicios públicos relacionados con los centros de datos, que consumen mucha energía.