Traducido por el equipo de SOTT.net
Empire Flag
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Como hemos dicho, «los hábitos imperiales nunca mueren».

Sobre todo nunca mueren sin una derrota aplastante.

Austria aprendió a no ser un imperio tras perder la Primera Guerra Mundial. Lo mismo ocurrió con Turquía (aunque el actual sultán parece haberse perdido la clase en la que se enseñó eso). ¿España y Portugal? Hace tiempo que se olvidaron. China, Japón, India, Irán/Persia: todos los imperios asiáticos desaprendieron sus hábitos imperiales durante los periodos de dominación de los imperios europeos. Incluso Francia, aunque Bonaparte Macron pueda no estar de acuerdo, es consciente de que ya no es una potencia mundial. Borodino, Waterloo, 1870, 1940 y Argelia fueron lecciones duras para los franceses.

Pero hay un antiguo imperio que parece no haber comprendido aún su menor importancia y poder en el mundo: Gran Bretaña.

Han pasado 69 años desde la crisis de Suez en 1956, que generalmente se considera el acontecimiento simbólico que marcó el fin del Imperio Británico. ¡Hace 69 años ni siquiera había nacido ningún ministro del Gobierno británico! Y, sin embargo, Starmer y el resto del Gobierno británico siguen creyendo que son una potencia mundial que tener en cuenta. Se entrometen e interfieren en todas partes, empujando a otros a hacer su trabajo sucio.

A pesar de Suez y otros reveses, y de ser el segundo violín de los estadounidenses, siguen comportándose en gran medida como si fueran un imperio capaz de decidir el destino de países y pueblos.

Los británicos creen de verdad que son inmunes a cualquier consecuencia negativa o repercusión de sus acciones. Salvados por otros en las guerras mundiales y, hasta hace muy poco, escondidos bajo la protección de los estadounidenses, han logrado seguir adelante sin sufrir reveses graves en su país. Esto, sin importar cuánto daño, violencia y muerte causen en todo el mundo.

Por el bien del resto del mundo, los británicos probablemente tengan que aprender la lección de que, en realidad, no son eternamente inmunes a las consecuencias de sus acciones en el extranjero.

Como dice el viejo refrán británico: «Si no castigas, malcriarás al niño». Los británicos están realmente malcriados y quizá sea urgente aplicarles el castigo.