La guerra de Ucrania se adentra en su tercer año y la retórica oficial insiste en "resistencia" y "unidad europea". Sin embargo, Juan Antonio de Castro, exfuncionario de Naciones Unidas, rompe el guion. En una entrevista sin ambages, sostiene que la Unión Europea se ha convertido en uno de los principales obstáculos para una salida negociada, mientras Rusia consolida posiciones sobre el terreno.
A su juicio, Europa habla de paz pero
organiza su política sobre la prolongación del conflicto, atrapada entre intereses cruzados, falta de consenso interno y una élite política "obsesionada con mostrar fuerza" frente a Moscú.
De Castro va más allá: advierte de que, si nada cambia,
la ocupación rusa del Donbass se consolidará de forma irreversible y crecerá el riesgo de un enfrentamiento directo entre la OTAN y Rusia.
"La pregunta ya no es quién gana la guerra, sino cuánto tiempo más vamos a destruir nuestra propia seguridad y legitimidad", resume.
La consecuencia, dice, es clara:
la Unión que nació como proyecto de paz se aproxima peligrosamente a convertirse en uno de los factores de bloqueo.
Lejos del lenguaje calculado que suele acompañar a los antiguos funcionarios internacionales, De Castro opta por un tono directo. En la conversación, rechaza por completo la narrativa dominante que presenta a la UE como
mediador prudente entre Kiev y Moscú. Según su diagnóstico, Bruselas ha terminado subordinando su política exterior a una mezcla de presión de socios, intereses económicos y miedo a parecer débil.
El exfuncionario recuerda que, desde 2022, Europa ha aprobado sucesivos paquetes de sanciones y
ayuda militar valorada en decenas de miles de millones de euros, mientras la vía diplomática se reducía a declaraciones genéricas.
"Se ha confundido apoyo a Ucrania con militarización de la respuesta", denuncia. El resultado: una Unión atrapada en su propio relato, donde cualquier intento de explorar un alto el fuego se interpreta como rendición.
De Castro no niega la responsabilidad de Rusia en el estallido de la guerra, pero insiste en que
una cosa es condenar la invasión y otra renunciar de facto a la diplomacia. Y plantea una paradoja incómoda: cuanto más se alarga el conflicto, más difícil será revertir los cambios territoriales y políticos que Moscú busca consolidar. En su visión, Europa ha pasado de ser sujeto activo de paz a
reactor automático de escaladas sucesivas.
La UE como "obstáculo central" para una negociación realUno de los puntos más controvertidos de su análisis es la idea de que
la propia UE actúa como freno a cualquier intento de negociación seria. De Castro sostiene que, mientras Washington y Moscú han tanteado en distintos momentos canales discretos de diálogo, las principales capitales europeas se han encargado de
endurecer el discurso público y de cerrar, al menos de cara al exterior, cualquier resquicio a la palabra "compromiso".
"Resulta paradójico que quien debería velar por la estabilidad continental sea hoy el actor que más teme pronunciar la palabra 'alto el fuego'", afirma. A su juicio, una parte de la dirigencia europea ha hecho de la
coherencia bélica una prueba de lealtad al proyecto comunitario: cuestionar la escalada se asocia rápidamente con estar "del lado de Rusia".
Esta dinámica tiene efectos concretos. En los consejos europeos, explica, los países que plantean explorar fórmulas de neutralidad armada, garantías de seguridad compartidas o
procesos de paz por fases se encuentran con una barrera política y mediática difícil de superar. El diagnóstico de De Castro es contundente:
Europa ha confundido unidad con unanimidad beligerante, y ese reflejo está asfixiando cualquier debate estratégico de fondo.
Comentarios del Lector
a nuestro Boletín