
Trump, ansioso por concretar acuerdos "hoy", delineó un futuro donde compañías estadounidenses y de otros países inyectarían hasta 100.000 millones de dólares para reactivar la devastada industria venezolana. Prometió garantías de seguridad (sin detalles específicos ni compromiso de presencia militar) y afirmó que las empresas tratarían "directamente con nosotros", no con Venezuela.
Sin embargo, la respuesta de los grandes actores del sector fue mucho más cauta y señaló obstáculos concretos:
- Exxon calificó a Venezuela de "no invertible" sin cambios legales y comerciales profundos.
- ConocoPhillips subrayó la necesidad de reestructurar la deuda y todo el sistema energético del país.
- Chevron, la única que opera allí actualmente, priorizó la seguridad de sus empleados y la protección de sus activos, adhiriéndose estrictamente a las leyes y sanciones estadounidenses.
El reto es llevar la producción desde los 800.000 barriles diarios actuales a los 3,5 millones de finales de los años 90, lo que podría requerir inversiones muy superiores a los 100.000 millones de dólares y muchos años, según varios analistas.



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