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Las pasadas inundaciones en Génova causaron la muerte de seis personas y daños de 500 millones de euros
Génova, Roma o Bangkok: por todas partes, las masas de agua convirtieron recientemente las calles en ríos y los parques en lagos. Hans Hurni, profesor de la Universidad de Berna, explica cuál es la causa de este fenómeno natural y cómo pueden protegerse las ciudades.

El predicador radial estadounidense Harold Camping predijo el fin del mundo para el 21 de octubre de 2011. Ello no ocurrió, pero el anuncio de catástrofes tampoco estuvo completamente fuera de lugar.

El caso es que la ciudad costera italiana experimentó dos semanas después su 'apocalipsis', como tituló el diario Il Tempo. En menos de 12 horas, en la capital de Liguria cayeron 350 milímetros de lluvia - un tercio de las precipitaciones anuales normales. Las masas de agua transformaron las calles del centro en ríos caudalosos.

Escenas verdaderamente apocalípticas se vieron ya el 20 de octubre en Roma, cuando lluvias torrenciales intensas cayeron sobre la capital italiana. Bangkok también fue castigada en octubre por enormes masas de agua. Barrios enteros se convirtieron en lagos.

Hans Hurni, director del Centro para el Desarrollo y el Medio Ambiente Norte-Sur de la Universidad de Berna, no está sorprendido por estos desastres. "Las ciudades fueron construidas al pie de montañas o en llanuras cercanas a la costa. En estas zonas no se excluye el riesgo de inundaciones y de marea alta", dice.

Ciudades que crecen muy rápidamente

Según el científico social, ciudades como Génova y Bangkok han crecido de manera desproporcionada: "Sobre todo, este desarrollo no se ha acompañado de los dispositivos de seguridad correspondientes".

Antiguamente se construían las ciudades, en primer lugar, en lugares seguros. "Bangkok se formó en las zonas más altas, mientras que en Génova era común una distancia segura de ciertos cursos de los ríos. Pero con el crecimiento de las ciudades, se construyeron carreteras y urbanizaciones en zonas que hasta entonces eran consideradas de riesgo".

La mayoría de las ciudades europeas ha tomado medidas para prevenir las inundaciones. Se ha profundizado el lecho de los ríos y se han construido terraplenes. "Pero estas medidas ya no bastan en caso de fenómenos meteorológicos excepcionales", opina Hurni.

Los caprichos del clima y los fenómenos meteorológicos extremos están aumentando. En consecuencia, ¿cómo se pueden limitar esos daños con los que hay que contar?

"Especialmente se debería evitar construir en zonas de riesgo", responde el científico. Además, se deben establecer sistemas eficientes de alarma temprana.

"La población debe ser capaz de abandonar las zonas de peligro tan pronto como sea posible. Esto no se dio en Génova. También deben existir posibilidades para ponerse a buen recaudo dentro de las casas, como en el primer piso".