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© A. Cabrera
Tristeza. El rostro de estos niños que iban a salir con el Amor lo dice todo
Un Viernes Santo atípico puso fin (con perdón por hoy) a la Semana Santa más atípica, extraña y lluviosa que los cofrades malagueños recuerdan. Nunca antes en la historia contemporánea de Málaga 33 tronos se quedaron sin salir a la calle, y no creo que jamás haya habido cinco días seguidos con lluvia. Entre el mal tiempo, el exceso de 'marianos medinas' y el excesivo miedo de algunos ha sido una Semana Mayor de las que no deben repetirse en la vida.

El Viernes Santo tuvo un comienzo desastroso y un final feliz. Menos mal. La lluvia de la mañana obligó a las más tempranas a decidir la suspensión, pero la mejoría del tiempo posibilitó que Traslado, Piedad, Sepulcro y Servitas pudieran salir a las calles de una ciudad que estaba atiborrada de gente, con 'mono de procesiones'. Al Amor y la Caridad le pesó, sin duda y de forma comprensible, su largo recorrido; fue una pena, porque no les hubiera caído ni una gota de agua... Un Viernes Santo sin la bellísima Virgen de Buiza es difícilmente digerible.

Recordando aún el Jueves Santo y la épica legionaria de la Buena Muerte (¡gracias, Mena! repito otra vez), el viernes necesitaba también de golpes de autoridad encima de la mesa. Ha habido cofradías que han suspendido sus desfiles por obligación, pero otras cuantas (y no pocas) lo han hecho con escasos motivos, sin valorar en su justa medida el impacto negativo que tiene para Málaga que una procesión no se eche a la calle

No podemos entender a las cofradías como privativas de unos pocos: son de todos, y aunque las decisiones sean adoptadas por un número determinado de personas no deben ni pueden olvidar su condición general y su obligación para con la ciudad y sus ciudadanos. Hay que buscar alternativas. Estoy seguro de que la Agrupación, con Rafael Recio, a la cabeza, lo va a hacer, y eso nos deja tranquilos a muchos. Es cierto que será difícilmente repetible una Semana Santa tan nefasta como la vivida, pero también se ha comprobado que hay que ponerse en lo peor. Para mérito en estos días de tanta ausencia, el récord de un redactor de esta casa, que con todas las ausencias que ha habido, creo que ha sido el único cofrade que ha pasado tres veces por el recorrido oficial en este año: dos como nazareno con Gitanos y con Mena y otra como hombre de trono con la Soledad del Sepulcro. Un verdadero récord digno del 'Guinness' ese en las procesiones de la Málaga cofrade de 2011. Lo escribo para que algún día, historiadores de los que pululan por los archivos, reconozcan su mérito y su 'buen bajío'.

En fin, que hoy se tiene que terminar la semana con el Resucitado, y las previsiones son tan ambiguas y dubitativas como las de cada día. Ojalá haya suerte y sea una mañana reluciente, y después, si quiere, a diluviar, aunque ahora verán como la próxima semana va a ser de primavera de verdad. 'En abril aguas mil' dice el refrán y la verdad es que no se ha equivocado en esta semana que hoy muere con la Resurrección como punto de referencia, y no es ni un galimatías ni un contrasentido de palabras y términos.
Las cofradías que salieron el Viernes Santo lo hicieron de forma modélica, demostrando sin duda la superación que algunas de ellas están viviendo, como es el caso de la Soledad de San Pablo.

Por cierto, las vestimentas de los personajes del Santo Traslado no dejaron indiferentes a nadie: unos a favor y otros en contra, sin términos medios, aunque la coincidencia general es que la imagen de Cristo muerto, uno de sus grandes atractivos con ese maravilloso cimbrear de la imagen en la mortaja, se ha perdido entre las nuevas figuras porque el trono es demasiado pequeño para tanto personaje. No estaría mal reconsiderar la composición o ampliar al cajillo, porque, repito, Cristo muerto ha quedado muy oculto, y es una lástima. Por lo demás, 'chapeau' para el orden y la renovación de la hermandad trinitaria. Y 'chapeau' para Piedad y Sepulcro. La primera ha vuelto a encontrar su sitio, y lo ha hecho con fuerza, con una procesión intachable. El Sepulcro, como siempre: señorial, maravilloso, imposible de encontrar ni un defecto. Fue impresionante. Ya en la noche última, la Servitas cumplió con su difícil cometido: silenciar y oscurecer a Málaga en una jornada de luto para los cofrades, en un día que finalizaba de nuevo con el sabor agridulce de quienes gustamos de ver a nuestros Cristos y a nuestras Vírgenes por las calles.

Volviendo a referirnos a las cofradías que no han salido a lo largo de todos estos días, algunas de ellas (no muchas eso sí) deben tener cuidado, porque pocos son los que las han echado en falta, y eso es un peligro. A otras, la gran mayoría, Málaga las ha llorado porque no estuvieron en sus calles, muchas, repito, obligadas por la lluvia, pero otras por falta de decisión. Adiós, Semana Santa de 2011. Pasará a la historia cofrade como la que menos tronos vio en las calles. Adiós, para siempre...