El mundo de la creación en general, de la cultura y del arte, han sido absorbidos durante el último medio siglo por lo que se denomina cada vez con mayor naturalidad y sin rubor industria cultural o del entretenimiento.

Ahora bien, dentro de la 'industria' cultural y artística distinguimos dos ámbitos o tendencias marcadamente diferenciadas:
  1. la 'cultura de masas', que alcanza su mejor expresión en la llamada 'cultura pop'; y
  2. la 'cultura de las élites', considerada como superior intelectual y socialmente, la propia de los sectores sociales más educados (cultivados) que quieren distinguirse de la vulgaridad de la cultura de masas.
Ninguna de las dos es propiamente una cultura artística o un Arte en sentido tradicional y clásico. La primera es un producto meramente industrial y por tanto carente de verdadera alma, tiene de cultural lo mismo que una lata de conservas pero de ningún modo puede encontrarse en ello algo artístico.
entretenimiento
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La segunda categoría que hemos señalado es, por su parte, algo mucho más sofisticado y pernicioso, pues no se trata de un falso arte -como pudiera ser aquel que consistiera en la imitación repetitiva y formal carente de contenido y significado-, sino que es aquello a que pueden aplicarse en rigor los términos de contracultura y anti-arte. Topamos así una vez más con la inversión y suplantación -tan propia de la modernidad y la anti-Tradición- del arte verdadero y no con una mera imitación.
Fontaine, 1917, Marcel Duchamp

Fontaine, 1917, Marcel Duchamp
Como veremos a continuación esta distinción es análoga a la que estableciera Guénon entre pseudo tradición y contra-Tradición.
"Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos. Un Anillo para atraerlos y atarlos en las tinieblas."
J.R.R. Tolkien, El Señor de los Anillos,
Libro I: La comunidad del anillo.
Existe toda una industria cultural que emplea frecuentemente la etiqueta de "popular" y que se dirige a formar y educar a los dominados. Esta industria del entretenimiento produce un cine para los dominados, una literatura para los dominados, una música para los dominados, diferentes modas con que entretenerles y hasta una forma de ser y de comportarse propia dirigida a los dominados. Así se implanta en la práctica la ingeniería social.

Ya dijimos que el Arte verdadero es la expresión del alma de una civilización y tiene por ello un valor sagrado para los miembros de dicha cultura; la cultura de masas no lo es de ningún modo y se aproxima más bien a un desperdicio, un subproducto -de ahí que sean posibles las modas y el usar y tirar el 'producto cultural'- industrial destinado no tanto a responder o llenar un anhelo del alma como a controlar ciertas tendencias del psiquismo inferior y el cuerpo.

Es una evidencia que la llamada "cultura de masas" ha suplantado a cualquier arte popular o folclore imponiendo un imaginario diseñado por unos pocos sobre toda la población. Es el tipo de acumulación y concentración de poder capitalista aplicado en este caso a los referentes culturales, las ideas, los valores, los gustos, etc. La civilización industrial produce mediante unos escasos centros de producción 'cultural' todos los referentes culturales de la sociedad. Como cabe esperar no solo la 'producción cultural' está concentrada en unas pocas manos sino que los procesos de decisión acerca de la mercancía producida no son precisamente 'democráticos' ni igualitarios.
La Voz The Voice
Y es algo paradójico que los más convencidos adoctrinados del democratismo, el igualitarismo y el progresismo, aquellos que sostienen que nunca ha existido un mundo mejor que el presente, sean a su vez los mayores consumidores de la escoria vomitada sin descanso desde la industria de la cultura y el entretenimiento.

En la actualidad este es el mayor instrumento de propaganda difusa del poder -el llamado softpower-, un tipo de propaganda que no requiere de reflexión o análisis por parte del receptor para ser aprehendida, pues no hace uso del discurso racional ni elabora argumentos. Una modalidad de propaganda que pone el énfasis en lo visual -en ocasiones en el sentido del oído- y en lo emocional, transmitiendo unas pocas ideas-fuerza mediante sencillos eslóganes que quedan grabados en la memoria del espectador. Por estas razones esta propaganda suave o difusa propagada desde la industria de la cultura y el entretenimiento resulta mucho más sutil e insidiosa que la propaganda discursiva de los medios de comunicación de masas, a la vez que permite ampliar su espectro social, en particular hacia los sectores sociales más impermeables al discurso elaborado y racional. Se trata de una suerte de transmisión de contenidos de forma inconsciente y es interesante asimismo destacar cómo este tipo de propaganda se fabrica muy especialmente para la juventud.

Por tanto la 'cultura de masas', cuya mejor expresión son las estrellas del 'pop' persigue embrutecer y mesocratizar a la población, extirpando cualquier inquietud intelectual así como cualquier raíz cultural o identitaria en el sujeto espectador, paradigma del ciudadano moderno.

Dicho de otro modo, lo que se llama vulgarmente cultura "pop" es justamente el mayor enemigo de algo que pudiera ser realmente popular -creación del pueblo- y de hecho persigue su destrucción. Por una parte la cultura de masas extermina la variedad de culturas populares. Por otra parte establece referentes culturales lejanos y artificiales que desarraigan a los jóvenes, y aquí encontramos una de las estrategias más evidentes de implantación del NOM. Pocos jóvenes europeos saben hoy qué música escuchaban y bailaban sus abuelos pero conocen muy bien la música que escuchan las bandas callejeras de Miami o Los Ángeles.

Pero el objetivo último es mucho más profundo: instaurar una mediocridad en las almas. Recordemos que el alma humana se nutre de impresiones y esta moderna cultura audiovisual con su sobrestimulación supone tanto por cantidad como por calidad una agresión permanente al alma. Así, aunque el objetivo a corto plazo es el control mediante la sobresocialización y manipulación de emociones y actitudes del ciudadano-espectador, la consecuencia última de este proceso tiene un alcance mucho más profundo y siniestro.

La contra-cultura de la élite occidental

En paralelo a esta industria del entretenimiento para los dominados existe otra producida para las élites, si bien sería más adecuado denominar a las élites de poder y económicas de la sociedad actual anti-élites. Gracias a esta industria del arte moderno estas anti-élites poseen sus propias modas, escuchan su propia música, leen su propia literatura y también poseen su propio 'canon' artístico -invertido respecto del arte tradicional-. Estas modas en ocasiones influyen la 'cultura de masas', aunque en general se trata de dos sensibilidades bien diferenciadas.

Y esta es una de las características más destacables de esta 'cultura fabricada para las élites:, su carácter abiertamente provocador y anti-Tradicional que promueve abiertamente disvalores materialistas, anticristianos y a menudo luciferinos. Otra diferencia es que mientras la cultura pop es abiertamente emocional exagerando el mensaje sentimental, la cultura de élite presume de ser conceptual e intelectual, aunque en realidad esto no sea a menudo más que una impostura.
Damien Hirst  expone una cabeza de ternera desollada y en descomposición y cubierta de moscas.

Damien Hirst expone una cabeza de ternera desollada y en descomposición y cubierta de moscas.
No en vano la cultura y el arte propios de las élites de occidente tienen su raíz en dos períodos muy concretos de la historia del arte occidental que sintetizan su personalidad y alcance:
  • las vanguardias de comienzos del siglo XX y
  • la contracultura de los años 50 y 60.
Este 'arte' contracultural se convirtió en el nuevo canon o paradigma estético a partir de los años 70 y es desde entonces inseparable de los centros de poder de la sociedad, como se constata al visitar los museos de arte contemporáneo.

Puede considerarse este canon estético invertido respecto al canon tradicional una imagen aproximada del alma de esta civilización y precisamente por esta razón debe ser considerado y tratado como un anti arte.

Si hemos dicho que el alma humana se alimenta de impresiones la consecuencia de un anti-arte o arte degenerado es justamente degenerar y enfermar el alma humana. Aquí encuentran su lugar natural el feísmo y lo desagradable en oposición a la búsqueda natural de la Belleza por parte del artista, incluso aunque esta se produzca de un modo tan básico como pueda ser la imitación de la naturaleza.
tony podesta arch hysteria

Tony Podesta
Todo esto tiene una lectura socio-política evidente: la destrucción del canon artístico tradicional equivale a la destrucción de lo común, es decir la comunidad, y muy particularmente a la destrucción de su dimensión psíquica, presente por ejemplo en la asunción de la identidad.

En este sentido el anti-arte contemporáneo o al menos algunas de sus creaciones, sí ofrecen un campo de estudio interesante en tanto son síntoma de las enfermedades del alma que afectan al hombre de la postmodernidad.

A modo de conclusión

Para constituirse en auténtica disidencia es imprescindible cambiar los referentes culturales y artísticos huyendo de lo que fabrica la industria cultural y del entretenimiento. Esto implica desde los productos dirigidos al gran público -eso que ahora llaman el espectador total- y que son clarísimamente parte de un proyecto de ingeniería social -como el cine de Hollywood o la música Pop- hasta las diversas disidencias controladas, que van desde los diferentes tipos de música antisistema e inconformistas -todas las ramificaciones del heavy y el metal- hasta las artes de vanguardia, las performances o las instalaciones que siendo siempre variaciones de un mismo tema y buscando más que nada la provocación, se presentan como si fueran parte de un programa revolucionario.

Respecto al arte de vanguardia con pretensiones de revolucionario y antisistema cabe destacar su estrecho parentesco con la intelligentsia universitaria y con movimientos disolventes de ingeniería social como el feminismo o la teoría queer. Las vanguardias no son movimientos antisistema sino, como su propio nombre indica, la vanguardia o punta de lanza del sistema. Ellas representan precisamente el objetivo al que se empuja la sociedad.
Joshua Ryan Vogelsong
© Joshua Ryan Vogelsong/Facebook
Cualquier persona libre de una excesiva sobresocialización y que se deje llevar por su natural sentido del gusto -y he aquí la tremenda importancia social del aparato educativo superior y la universidad- rechazará de manera intuitiva el anti-arte contemporáneo. Es por ello que se pretende inculcarlo a la juventud a través de un discurso prolijo y retorcido de apariencia profunda e intelectualoide que elimine las barreras naturales que posee cualquier persona hacia la fealdad, lo desviado y lo inmoral.

La única respuesta ante este panorama dirigido a corromper el alma del hombre es volver nuestra mirada al Arte Tradicional y sagrado rechazando tanto los productos de la industria del entretenimiento y la cultura pop como el anti-arte considerado 'culto'.