Imagen
© Desconocido
El pasado 26 de Abril se cumplieron 25 años desde la catástrofe nuclear de Chernóbil, una triste efemérides se rememora con más de 500 eventos en 26 países. Se celebraron un sinfín de mesas redondas, manifestaciones y actos lúdicos de concientización ciudadana, todos ellos con un único mensaje: reclaman el total y definitivo abandono de la energía nuclear en el mundo.

En casos como el de Chernóbil (Ucrania), la memoria cumple una función de protección, casi de supervivencia, y no sólo porque este accidente rompiera el futuro y la salud de millones de personas, algo que no debe olvidarse, sino porque un cuarto de siglo después siguen faltando recursos para solucionar aquella hecatombe.

Según denuncian varias organizaciones ecologistas, el accidente "sigue sin resolverse". Falta un mucho dinero, cerca de 2.000 millones de euros, para construir un nuevo sarcófago que contenga la radiactividad que sale de la central, ya que el actual tiene una fisura que filtra agua contaminada al subsuelo. Por lo tanto, más de dos décadas después, la radiactividad aún no se ha contenido. Sin olvidar que sobre nuestras cabezas sigue pendiendo la espada de Damocles de la energía atómica (el accidente de la central de Fukushima ha sido el último susto).

Ecologistas en Acción destaca en un comunicado que debería hacernos reflexionar el hecho de que el aniversario se produjera en el contexto del accidente nuclear de la central de Fukushima, ocurrido tras el megaterremoto y posterior tsunami sufrido en Japón el pasado 11 de marzo

La lección "fundamental" es que "probablemente volverán a suceder eventos similares que nuevamente darán disgustos porque la energía nuclear es insegura". Haciéndose eco del sentir general coherente, concluyen que "tras estos sucesos con estas terribles consecuencias, lo más sensato y racional sería proceder al abandono total y gradual de la energía nuclear". Con respecto a Chernóbil, recordaron que a su alrededor hay un radio de 30 kilómetros inhabitable, con contaminaciones en el suelo, y que "casi la mitad del suelo de Bielorrusia está contaminado de plutonio, con lo que ello supone de riesgos para la salud y el medio ambiente".

Varios estudios científicos cifran las víctimas mortales entre 200.000 y 273.000 personas, y prevén unos 93.000 cánceres mortales. Por su parte, el portavoz nuclear de Greenpeace, Carlos Bravo, también recordó que la catástrofe en Chernóbil, al igual que la de Fukushima, perjudican el entorno y suponen un peligro para la salud a largo plazo: denuncian que el Gobierno de Ucrania lleve dos años sin analizar los alimentos en una zona en la que viven unos 7 millones de personas, cuando los análisis realizados por Greenpeace detectaron una generalizada contaminación por cesio 137 en leche, frutas y verduras, en ocasiones con niveles 6,3 y 13,6 veces más altos de lo permitido.