Traducido por el equipo de SOTT.net en español.

A lo largo de dos décadas tumultuosas, el gobierno de Estados Unidos se ha empeñado decididamente y sin pausa en desestabilizar, socavar y, en última instancia, deponer al gobierno democráticamente electo de Venezuela. Primero vinieron por Hugo Chávez, luego por su sucesor Nicolás Maduro.

Sin embargo, uno no sería capaz de discernir esta realidad inicua a partir de los noticieros occidentales. Alan MacLeod, un académico especializado en teoría y análisis de los medios de comunicación y miembro del respetado Grupo de Medios de Comunicación de la Universidad de Glasgow, se propuso descubrir por qué.

Venezuela
© REUTERS / Andres Martinez Casares

En busca de respuestas, compiló 501 artículos, tanto informativos como de opinión, sobre Venezuela publicados en periódicos estadounidenses y británicos durante cuatro períodos fundamentales en la historia reciente del país: la elección de Chávez como presidente en 1998, el fallido golpe de la derecha orquestado por Estados Unidos en abril de 2002, su muerte en 2013 y las incendiarias protestas de la oposición en 2014. También realizó extensas entrevistas con muchos periodistas y académicos que cubrían eventos dentro y fuera de Caracas.

Sus hallazgos están recopilados en el libro Bad News from Venezuela: Twenty years of fake news and misreporting ("Malas noticias desde Venezuela: veinte años de noticias falsas y tergiversaciones"). Ha resumido lo más impactante en una entrevista exclusiva con el periodista de Sputnik Kit Klarenberg.

Unos cuantos hombres malos

Antes de 1998, las menciones de Venezuela en los medios de comunicación occidentales eran raras, hasta que la elección de Chávez, y los cambios revolucionarios resultantes que el gobierno instituyó, elevaron al país a la más alta prioridad de la agenda noticiosa dominante, donde permanece hasta el día de hoy.
Venezuelan President Hugo Chavez
© AFP 2018 / MARIE HIPPENMEYER
El presidente venezolano Hugo Chávez (derecha) señala un busto gigante del héroe venezolano del siglo XIX Simón Bolívar, conocido en toda América Latina como el "Libertador". 7 de mayo de 1999 en el Monumento Latinoamericano en Sao Paulo, después de una ceremonia de ofrendas.
El presidente radical fue una figura muy polémica en todo el mundo desde el día en que asumió el cargo. Como señala Alan, algunos veían a su nuevo gobierno como un modelo inspirador a seguir, otros, que Venezuela se había transformado en un "verdadero estado terrorista" que debía ser "invadido de inmediato".

"Encontré que casi todos los principales medios de comunicación que informaban sobre Venezuela después de la elección de Chávez, aparentemente independientemente de la aparente inclinación ideológica del periódico, ofrecían un punto de vista extremadamente limitado y excesivamente centrado en el lado negativo del espectro. A menudo estos informes han sido totalmente contrarios a las pruebas empíricas disponibles (estudios llevados a cabo por las Naciones Unidas y el Banco Mundial, por ejemplo, que mostraban que en el país estaban ocurriendo muchas cosas positivas). Los periodistas occidentales han presentado casi uniformemente a Venezuela como un país que se deslizaba hacia la dictadura", dijo Alan a Sputnik.
Hugo Chavez statue in Sabaneta
© Rosneft
Estatua de Hugo Chávez en Sabaneta.
En cierto sentido, la distorsión mediática sobre Venezuela no debería sorprender; por un lado, la difamación de gobiernos y líderes que amenazan los intereses comerciales y financieros del imperio estadounidense en América Latina tiene antecedentes arraigados de larga data. El guatemalteco Jacobo Arbenz, el cubano Fidel Castro, el chileno Salvador Allende y los sandinistas nicaragüenses fueron objeto de intensas difamaciones mediáticas durante sus períodos en el poder. Sin embargo, Alan señala que los temas estructurales dentro de la industria noticiosa también desempeñan un papel cada vez más importante en la distorsión de los reportajes de los medios de comunicación.

"En los últimos años han habido grandes recortes en los presupuestos del periodismo, y los principales medios de comunicación dependen cada vez más de las grandes agencias de noticias -Reuters, Bloomberg- para obtener información sobre países extranjeros. Como resultado, un pequeño grupo de occidentales -quizás sólo una docena de personas- son la fuente de la mayor parte de las noticias del mundo sobre Venezuela. Además, Bloomberg y Reuters han tercerizado gran parte de sus propios reportajes a periodistas venezolanos locales, que son uniformemente antagónicos a Chávez y Maduro", explica.

Alan entrevistó a muchos de estos periodistas para su libro, y documenta cómo algunos estuvieron desvergonzadamente implicados en los varios intentos de golpe contra Chávez a lo largo de los años. Algunos "orgullosamente se jactaron" de ser la "punta de lanza ideológica" contra el movimiento chavista. Sin embargo, a pesar de sus cuestionables historias, son invariablemente presentados como observadores neutrales y objetivos sobre el terreno cuando aparecen en los medios de comunicación occidentales.

Además, Alan dice que los periodistas occidentales que viven en Venezuela viven en el lado oriental de Caracas en ciudadelas cerradas entre las élites financieras del país, y rara vez o nunca se aventuran a las áreas de la clase trabajadora de la ciudad. Como resultado, les parece que todos los venezolanos odian al gobierno; porque todos aquellos con los que se encuentran en ese pequeño subconjunto social odian al gobierno.

Incluso los reporteros simpatizantes de Chávez admitieron que frecuentemente se autocensuraban, debido a la atmósfera antagónica de las salas de redacción en las que trabajan. Por ejemplo, el ex periodista del FT Matt Kennard le dijo a Alan que era muy consciente de que había historias que nunca debería presentar a sus editores, porque "sabía que no podía decir nada más que que los chavistas son una especie de ataque nazi que está causando estragos en Venezuela".

Algunos de los entrevistados de Alan incluso admitieron haber difundido "noticias falsas", historias que en el mejor de los casos fueron distorsionadas enormemente para tergiversar la verdad, o que, en el peor de los casos, no tenían ninguna base real. Uno se jactaba de cómo había publicado una historia sobre un condón que costaba 755 dólares en Venezuela en los medios occidentales, diciendo que los "trucos sexys" eran una buena manera de publicar historias negativas y antichavistas en los medios.
Venezuelan President Hugo Chavez listens to US Secretary of State Hilary Clinton
© AFP 2018 / Presidencia
El presidente venezolano Hugo Chávez escucha a la secretaria de Estado estadounidense Hilary Clinton durante la Cumbre de las Américas en 2009.
Los reportajes predominantes sobre Venezuela están repletos de ficciones de este tipo, a pesar de que en muchos casos han sido retractados por los medios que las publicaron originalmente. Por ejemplo, una historia fantástica sobre que una caja grande de papas fritas de McDonald's costaba 126 dólares en Venezuela ("basada en una mala interpretación voluntaria y deliberada del tipo de cambio de varios niveles que utiliza el país", dice Alan), todavía es citada por periodistas occidentales en artículos que critican las políticas de Chávez y Maduro.

Una historia de dos líderes

Cuando Chávez murió en 2013, la reacción de gran parte del mundo fue de una profunda tristeza compartida. El presidente de Bolivia se derrumbó y lloró en la televisión, diciendo que su país quedó "destruido" por la noticia, pero Chávez "seguiría siendo una inspiración para los pueblos que luchan por la liberación" contra Estados Unidos. El presidente Correa de Ecuador lo llamó "un gran latinoamericano, un gran ser humano" al que "todo el mundo reconocerá por su grandeza y valentía".

Los gobiernos de Argentina, Brasil, Chile, República Dominicana, Ecuador, Haití, Perú y Uruguay declararon tres días de duelo nacional en respuesta, Nicaragua y Bolivia declararon una semana, Cuba dos días, Surinam uno - un total de más países de los días declarados de duelo nacional después de la muerte de Nelson Mandela.

Sin embargo, como el trabajo de Alan deja en claro, los medios principales cubrieron su muerte declarando casi universalmente que Chávez había sido un lunático fascista y peligroso. Rory Carroll, reportero principal del diario The Guardian sobre Venezuela entre 2006 y 2012, dijo que "millones" de venezolanos "lo detestaban como un matón y un charlatán", y que su fallecimiento sería una ocasión "para decir ¡por fin!, ya sea de forma discreta o ruidosa".

The Times presentó a Chávez a sus lectores como un narcisista dogmático y violento, "[fascinado] por el sonido de su propia voz", quien "se esforzó por atacar... a líderes empresariales, banqueros, dueños de periódicos, jefes sindicales... incluso a la Iglesia Católica". En un artículo adicional de ese día, el periódico presentaba a Chávez como un hombre lleno de "grandilocuencia idiota" que sufría de un "complejo de Cristo". Muchos otros documentos se apresuraron a hacer un diagnóstico pseudo-psicológico de Chávez, retratándolo como aquejado por varios trastornos mentales perjudiciales.

The Independent citó a un psiquiatra que dijo que el líder fallecido era "narcisista", "impulsivo", "temperamental" e "hipersensible a la crítica". El diario The Daily Telegraph lo llamó el "Kim Jong-il latinoamericano", un "demagogo astuto" que "no logró generar un aumento en el empleo", aunque las cifras de la ONU muestran que el desempleo se redujo a la mitad bajo Chávez, del 15 por ciento en 1999 al 8 por ciento en 2012. También dijo que no era "para nada intelectual", a pesar de que Chávez fue profesor universitario antes de ser presidente.

En Estados Unidos, el New York Times publicó dos obituarios muy críticos. La versión impresa decía que "el dramatismo que Chávez sentía de su propia importancia le ayudó a llegar al poder como la reencarnación del libertador Simón Bolívar; incluso renombró el país", aunque en realidad, el pueblo venezolano votó en un referéndum de 1999 para renombrar al país como la "República Bolivariana de Venezuela".

El legado de Chávez, continuó el periódico, fue "la decadencia, la disfunción y el deterioro que afligen a la economía y a todas las instituciones del Estado".

Sin embargo, fue The Miami Herald quien publicó el obituario más negativo de todos. Titulado "El Hugo Chávez venezolano y su legado de saqueo", describía a Chávez como el que había "[destruido] metódicamente" la democracia venezolana a través de la reescritura de la constitución, "amañando las elecciones" y sofocando a los adversarios. Como resultado, Venezuela se convirtió en "una sociedad polarizada dividida entre partidarios intolerantes de la Revolución Bolivariana de Chávez y una oposición democrática que, contra todo pronóstico, ha librado una valiente lucha por una alternativa democrática".

El golpe de Estado en marcha

Tal salvajismo periodístico era quizás de esperar. Lo único verdaderamente sorprendente para Alan es que el reportaje de Occidente fue de alguna manera aún más crítico que las enérgicas condenas del líder caído por parte de los voceros del gobierno de Estados Unidos y de los elementos de la oposición derechista de Venezuela.
National Guards throw tear gas at President Hugo Chavez supporters
© AP Photo /
Guardias Nacionales lanzan gas lacrimógeno a partidarios del presidente Hugo Chávez durante una protesta cerca de la Corte Suprema en Caracas, Venezuela, el miércoles 14 de agosto de 2002. Los simpatizantes protestaban contra la decisión de la Corte Suprema de desestimar todos los cargos contra cuatro oficiales militares acusados de liderar un golpe contra Chávez en abril de ese año.
Sin embargo, una tendencia similar se hizo evidente en los informes occidentales sobre el fallido golpe de Estado de 2002 que sacó a Chávez del poder durante 47 horas. Si bien el grado de participación del gobierno de Estados Unidos en este proceso sigue sin confirmarse, algunas de las figuras clave involucradas (entre ellas Pedro Carmona, el líder no electo del país durante el breve período en que Chávez estuvo fuera del poder) fueron recibidas por altos funcionarios estadounidenses en los meses anteriores a que ocurriera. En Washington, estas personas se reunieron con figuras clave del nexo entre el ejército y la inteligencia de EE.UU., quienes tenían una extensa historia de participación en las diversas "guerras sucias" dirigidas por EE.UU. en la década de 1980.

Además, a través de solicitudes de libertad de información, la periodista venezolano-americana Eva Golinger descubrió de antemano cómo la Agencia Central de Inteligencia estaba al tanto del complot. En un informe de inteligencia titulado "Venezuela: Condiciones de maduración para el intento de golpe de Estado' fechado el 6 de abril de 2002 -cinco días antes de que el golpe se llevara a cabo- el personal de la Agencia declara explícitamente que se iba a llevar a cabo un golpe de Estado, organizado por "facciones militares disidentes, incluyendo altos oficiales descontentos y un grupo de suboficiales radicales". En un intento de provocar una acción militar, los conspiradores "trataban de aprovechar los disturbios derivados de las manifestaciones de la oposición". Los acontecimientos del 11 de abril de 2002 siguieron este plan al pie de la letra.

Cuando se restableció la presidencia de Chávez, su gobierno se apresuró a sugerir que el involucramiento de Estados Unidos era muy probable. En respuesta, Alan dice que los periódicos descartaron esta posición por considerarla una teoría de conspiración sin sentido, en la que "sólo creen unos pocos lunáticos paranoicos". Todos los informes se ciñeron a su línea estándar; una que básicamente asumía la firme benevolencia estadounidense.

"Los medios de comunicación dijeron que Irán, Irak y Cuba afirmaron que era un complot de EE.UU.; implicando que era algo que sólo el ayatolá Jomeini y Saddam Hussein creían, pero era un hecho real. Semanas más tarde quedó claro que el golpe fue patrocinado por Estados Unidos, algo que el New York Times y el Washington Post reconocieron, al decir que Washington pareció enviar un mensaje positivo a los conspiradores del golpe. Así que por poco tiempo, EE.UU. sólo dio la impresión de estar en el lado equivocado. Como siempre sucede con Venezuela, los medios de comunicación presentaban los hechos como acusaciones, y las acusaciones como hechos, según les conviniera", dijo Alan a Sputnik con consternación.

Poco menos de 12 años después, las calles de Caracas volvieron a ser escenario de violentas protestas, y una vez más los periodistas occidentales descartaron decididamente cualquier idea de que Occidente estuviera involucrado o dirigiera las actividades insurreccionales de los elementos de la oposición. The Times dijo que Maduro había "hecho todo lo posible para inflamar la tensión haciendo acusaciones salvajes de que las protestas son un intento de golpe de la extrema derecha con el apoyo de Estados Unidos".

Por su parte, el New York Times dijo que el gobierno venezolano estaba "ciñéndose al viejo guión".

"Venezuela está siendo víctima de una conspiración fascista elaborada por funcionarios estadounidenses que están aterrorizados por sus aspiraciones revolucionarias... la afirmación es extravagante, pero su repetición incesante revela que para el gobierno venezolano, todo disentimiento es una traición", continuó su artículo.

Los medios de comunicación occidentales que informaron sobre las protestas también trataron de presentar a los manifestantes como "parangones de virtud", dice Alan, un grupo heterogéneo de "ciudadanos ejemplares pacíficos que defienden sus derechos". Un artículo del Daily Telegraph los describía como "matriarcas familiares que llevaban biblias después de la misa" a las que las fuerzas gubernamentales enfrentaban con "bombardeos de gas lacrimógeno".

En realidad, las protestas tuvieron una dimensión extremadamente violenta, que incluyó la decapitación de civiles que pasaban por allí y ataques a jardines de infancia, universidades y clínicas de salud. Los médicos cubanos que visitaban a los manifestantes eran un blanco particular de los manifestantes, 160 de los cuales fueron agredidos; los manifestantes incluso intentaron quemar vivos a algunos de ellos. Pocas o ninguna de estas actividades censurables recibieron más que alguna mención pasajera en los medios de comunicación occidentales, mientras que, a la inversa, los manifestantes de la oposición muertos o heridos durante el caos ocuparon un lugar prominente y fueron abordados en detalle.

De manera similar, no hay mucho que indique que las protestas fueran particularmente generalizadas; de hecho, fueron bastante pequeñas y se limitaron en gran medida a los distritos ricos de Venezuela. Sin embargo, como era de esperar, los medios de comunicación presentaron el conflicto como algo popular y de alcance nacional.

Fabricación del consentimiento

Si bien esta situación es deprimente para cualquier persona interesada en la verdad, el pronóstico de Alan para el futuro de los medios de comunicación occidentales que informan sobre Venezuela no ofrece alivio: "esto va a seguir sucediendo, y tal vez empeore".

"Lo que hace que esta situación sea aún más atroz es que una imagen tan distorsionada no es inevitable: los medios de comunicación alternativos, como Al Jazeera, The Real News, Democracy Now, RT y Venezuela, por ejemplo, tienen una cobertura mucho más equilibrada. Mi consejo es leer la información que ofrecen varias fuentes, a menudo publicadas en lugares del mundo sin intereses geopolíticos importantes que se oponen al gobierno venezolano. Si uno confía únicamente en las fuentes predominantes occidentales, seguirá obteniendo las mismas imágenes e historias distorsionadas", concluye Alan.