El siguiente artículo es la cuarta parte de la serie de seis partes sobre la transición de Rusia del comunismo al capitalismo durante la década de 1990. Éstos son los enlaces a los artículos anteriores: introducción, parte 1, parte 2, parte 3. Se trata de un extracto del capítulo 3 de mi libro, Grand Deception: the Truth About Bill Browder, the Magnitsky Act, and Anti-Russia Sanctions ("El gran engaño: La verdad sobre Bill Browder, la Ley Magnitsky y las sanciones contra Rusia"). La primera edición del libro fue prohibida el verano pasado por algunos de los mismos protagonistas de los que hablaremos hoy. Este artículo es relevante hoy en día, a la luz de las reprimendas histéricas a la reciente cumbre del presidente Trump con su contraparte rusa en Finlandia, particularmente con respecto al papel y la confiabilidad de la llamada "comunidad de inteligencia".
yeltsin gorbachev
Ahora bien, ¿por qué aplaude Occidente a Gorbachov y Yeltsin? ¿Cree que Occidente quiere que el pueblo soviético viva en el lujo, que esté bien alimentado? ¡Ni remotamente! Occidente quiere que la Unión Soviética se disuelva. Gorbachov y Yeltsin reciben una palmadita en la espalda porque Occidente cree que están destruyendo el país. - Alexander Zinoviev, marzo de 1990, en el canal de televisión francés Antenne 2, durante un debate con Boris Yeltsin.
Los comentaristas occidentales suelen centrarse en el período de 1991 a 2000 y culpan a la administración de Bill Clinton de gestionar mal su ayuda a Rusia. Sin embargo, culpar a la administración Clinton es como si se leyera un libro desde el centro y no desde el principio. Para entender el papel del gobierno de Estados Unidos en la tragedia rusa, tenemos que remontarnos al menos diez años atrás, a los inicios de la administración del presidente Ronald Reagan. También debemos distinguir entre el gobierno legítimo de Estados Unidos y una estructura de poder ilegal y paralela que opera dentro de él. Durante mucho tiempo, la sociedad educada no pudo discutir este "gobierno secreto" porque su existencia era considerada una loca teoría de la conspiración.

Pero todo eso cambió en el otoño de 1986 cuando un avión de suministro estadounidense fue derribado en Nicaragua y las ventas ilegales de armas de Reagan a Irán quedaron al descubierto. Estos acontecimientos sacaron a la luz el asunto de "Irán-Contra". Se inició una investigación exhaustiva del Congreso y el proceso reveló la existencia de una estructura de poder paralela que opera ilegalmente dentro de la estructura legítima de gobierno. Por primera vez se hicieron patentes las acciones de esta red, también conocida como gobierno en la sombra, el Estado profundo o la Empresa, y ya no se podían descartar como mera teoría de la conspiración.

En su informe especial titulado " El gobierno secreto ", el periodista Bill Moyers describió a la organización como "una red interconectada de funcionarios oficiales, espías, mercenarios, ex generales, especuladores y súper patriotas que por una variedad de motivos operan al margen de las instituciones legítimas del gobierno. Los presidentes han recurrido a ellos cuando no podían ganar el apoyo del Congreso o del pueblo, creando ese poder sin supervisión tan temido por los redactores de nuestra constitución". El difunto senador Daniel Inouye lo caracterizó como "un gobierno en la sombra con su propia fuerza aérea, su propia fuerza naval, sus propios mecanismos de recaudación de fondos y la capacidad de perseguir sus propias ideas de interés nacional, exento del sistema de control y equilibrio y ajeno a la propia ley".1

Para el propósito de nuestro análisis es importante tener en cuenta la existencia de esta red, así como la de William Casey, el más alto funcionario de la administración de Reagan directamente asociado con ella.

Los guerreros de la Guerra Fría de la administración Reagan formulan la política...

Cuando Reagan asumió el cargo en 1981, nombró a William Casey como Director de Inteligencia Central (DIC).2 Casey era el gerente de campaña electoral de Reagan, pero no era un simple apparatchik [funcionario] del partido. Tenía estrechos vínculos en los círculos políticos, financieros y de inteligencia y figuraba entre las personas más poderosas de la clase dirigente de Estados Unidos.3 De hecho, fue Casey quien postuló al ex director de la CIA y co-conspirador clave del asunto Irán-Contra, George H. W. Bush, como vicepresidente en las elecciones republicanas. Reagan nombró a Casey miembro de su gobierno, lo que causó cierta consternación en Washington, ya que era la primera vez en la historia que el DIC también sería miembro del gabinete. A Casey se le encomendó el mandato de "fortalecer la capacidad de la C.I.A. para llevar a cabo acciones militares y políticas fuera de Estados Unidos".4 Esta misión fue lo suficientemente importante como para justificar un aumento anual del 17% en el presupuesto de la CIA hasta la década de 1980.5

Casey era un anticomunista acérrimo con opiniones muy hostiles sobre la Unión Soviética. Este antagonismo afectó su trabajo y a veces causó serias tensiones dentro del gobierno y la comunidad de inteligencia, particularmente en la Oficina de Análisis Soviético (SOVA) de la CIA. Casey exigía sistemáticamente las interpretaciones más duras de los asuntos soviéticos en los informes de inteligencia de la CIA, incluso cuando las pruebas no apoyaban su postura. Los analistas que se resistían a esta presión eran intimidados y marginados y se les tachaba de simpatizantes comunistas. El sesgo antisoviético de Casey era tal que el Secretario de Estado George Schultz informó más tarde que llegó a desconfiar de todos los documentos de inteligencia relacionados con la URSS. El senador Daniel Moynihan se atrevió incluso a acusar a la agencia de inteligencia de mentir, "reiterada y descaradamente".6

La economía soviética era uno de los puntos de interés de la CIA. La agencia seguía de cerca la evolución de la economía soviética y elaboraba un informe anual al respecto para el Comité Económico Conjunto del Congreso de los Estados Unidos. Ya a finales de la década de 1970, la CIA había identificado graves problemas económicos en la URSS. En su informe de 1977 se señalaba que "la combinación de la desaceleración del crecimiento económico y el aumento de los desembolsos militares plantean opciones difíciles para los dirigentes en los próximos años".7 Las condiciones continuaron empeorando a lo largo de los años y cuando Mijaíl Gorbachov llegó al poder en 1985, el crecimiento económico había caído casi a cero. Gorbachov era muy consciente de la necesidad de una reforma drástica del sistema, pero se enfrentaba a un campo minado de problemas económicos, políticos y sociales que se habían agravado durante décadas e impedían cualquier solución directa. Un informe de la Dirección de Inteligencia señalaba que las reformas de Gorbachov no podían "simultáneamente mantener un rápido crecimiento del gasto en defensa, satisfacer la demanda de una mayor cantidad y variedad de bienes y servicios de consumo, invertir los fondos necesarios para la modernización y expansión económica y continuar apoyando las economías de los Estados clientes".8

A los seis meses del mandato de Gorbachov, la nueva rama de Asuntos Sociales de la SOVA de la CIA publicó un informe exhaustivo titulado Domestic Stress on the Soviet System ("Estrés doméstico en el sistema soviético"), en el que se detallaban los muchos problemas que afectaban a la sociedad soviética. El informe señalaba que la URSS estaba entorpecida por una fuerza laboral apática plagada de una criminalidad y un alcoholismo crecientes, y que su sistema político, su burocracia parasitaria y su liderazgo moribundo obstruían el crecimiento económico y las reformas. Enfatizó las crecientes presiones de las aspiraciones del pueblo soviético y la incapacidad del sistema para proporcionarles oportunidades verdaderas para cumplirlas.

La CIA entendió que estas tensiones eran una amenaza potencial para la estabilidad del propio régimen: "Estas tensiones podrían eventualmente confrontar al régimen con desafíos que no podría manejar efectivamente sin un cambio en el sistema y los riesgos de control que acompañarían a dicho cambio".9 Este informe era tan importante para la política soviética de la administración Reagan que su autor principal, Kay Oliver, informó personalmente al Presidente sobre sus hallazgos e implicaciones: que el sistema soviético era insostenible, que necesitaba reformas sociales y económicas drásticas, y que tales reformas podrían desestabilizar al régimen y hacer que el partido comunista perdiera el control político sobre el país.

Los observadores occidentales estaban conscientes de que si Gorbachov realmente emprendiera las reformas necesarias, pondría en peligro el control del país por el partido comunista y arriesgaría su propio suicidio político. En consecuencia, parte del establishment de la política exterior pensaba que Gorbachov estaba simplemente posicionándose para ganar tiempo y obtener concesiones y ayuda de Occidente. En 1987, el teniente general de la NSA, William Odom, señaló: "Parece cada vez más claro que el propio Gorbachov no pretende un cambio sistémico. ... Si lo que se entiende por reforma es una mejora significativa en el nivel de vida de los ciudadanos soviéticos y una mayor protección de sus derechos individuales bajo la ley, ese tipo de reforma no puede ir muy lejos sin producir un cambio sistémico; el tipo de cambio que Gorbachov no podría desear".

Pero los escépticos pronto tendrían que reconsiderar su desconfianza en el Secretario General. En el otoño de 1988, Gorbachov, que se encontraba entonces bajo una presión creciente por parte de los comunistas de la vieja guardia, llamó a elecciones multipartidistas y se movió para flanquear a los de la línea dura buscando su propio nombramiento como presidente. Quedó claro que sus reformas eran reales y que iba en serio. Sin embargo, Gorbachov ya estaba chocando con tantos intereses particulares que se estaba gestando un gran conflicto dentro de la dirección del partido comunista. Las circunstancias lo obligaron a acelerar las reformas, y sus medidas se volvieron visiblemente más precipitadas y erráticas, lo que generó un nivel de incertidumbre desagradable que tendría un efecto adverso sobre la economía. Como resultado, en 1988 la economía volvió a empeorar.

La creciente vulnerabilidad de la URSS presentaba una oportunidad de oro para que los guerreros de la Guerra Fría estadounidenses derrotaran a su gran rival geopolítico. Para los fanáticos anticomunistas y sus jefes financieros, ésta era una oportunidad demasiado grande como para ignorarla y decidieron asumir un papel activo en la gestión de las consecuencias que se avecinaban. Como dijo el Asistente Especial del Consejo de Seguridad Nacional de Reagan, Jack Matlock, "Lo que uno tenía que hacer era encontrar una política que lo protegiera si [la verdadera reforma] no sucedía, pero que se aprovechara de ello si sucedía. Y eso es lo que ideamos. Era una política sin desventajas".10

Desde entonces, algunos elementos de esa política se han filtrado al público. Fuentes rusas revelaron un supuesto documento de la CIA de 1986 titulado "Cambiar el sistema constitucional y político en Europa del Este y la URSS". El documento detallaba las medidas clave de la política de Estados Unidos. Éstas incluían la contratación de colaboradores entre representantes influyentes del aparato estatal, la integración de las instituciones públicas y financieras en el sistema político y económico del Estado, y "el establecimiento del control sobre los flujos financieros y la eliminación de activos de las economías de los países desarrollados".11 La evolución de los acontecimientos corroboró en gran medida la autenticidad de estos documentos filtrados. También lo hicieron varias otras fuentes oficiales estadounidenses.

Preparando el terreno en la Unión Soviética

La caída de la URSS desató una ola de júbilo entre los dirigentes, funcionarios públicos y líderes de opinión estadounidenses. En su prisa triunfalista por atribuirse el mérito de derrotar el azote del comunismo, muchos de ellos hablaron abiertamente, incluso jactanciosamente, de sus acciones, revelando bastante acerca de lo que realmente había sucedido. Uno de esos fanáticos era David Ignatius, del Washington Post. Como periodista, estaba lo más cerca posible de las entrañas de la bestia para un periodista. Graduado de Harvard y Cambridge, su reportaje en Washington cubría el Departamento de Justicia de Estados Unidos, el Senado y la CIA. Sus escritos sobre las actividades de la CIA se convirtieron en objeto de burla por su tono crédulo y su sesgo propagandístico. El veterano operativo de la CIA, Melvin Goodman, lo llamó "el antiguo apologista principal de la CIA en el Washington Post... "12 Este detalle sobre Ignatius es relevante para nuestro análisis porque revela sus lealtades y sus estrechas conexiones con la comunidad de inteligencia.

Poco después del golpe anticomunista de agosto de 1991 en Rusia,13 Ignatius escribió un artículo en el Washington Post exaltando el papel de los operativos occidentales "pro-democracia" en la caída del régimen soviético. Al hablar de "la gran revolución democrática que ha conquistado el mundo", Ignatius hace una sorprendente revelación acerca de cómo se forjó esta revolución: "La preparación del terreno para el triunfo de la acción abierta el mes pasado14 ha consistido en una red de operadores manifiestos que durante los últimos 10 años han estado cambiando silenciosamente las reglas de la política internacional. Han estado haciendo en público lo que la CIA solía hacer en privado: proporcionar dinero y apoyo moral a los grupos prodemocráticos, entrenar a los combatientes de la resistencia, trabajar para subvertir el régimen comunista".15

Ignatius podría estar siendo un poco deshonesto al insistir en que estas actividades eran abiertas y no encubiertas. Cosas como entrenar a los combatientes de la resistencia y trabajar para subvertir el régimen comunista no se podrían haber hecho abiertamente. A lo mejor sólo para dar una impresión, Ignacio simplemente escribió mal la palabra encubierta ["covert" en inglés - NdT] omitiendo la "c" [lo que quedaría como "overt", abierto o explícito, público, etc. - NdT]; sería como si yo caracterizara sus afirmaciones como rap ["crap" si se añade una "c", es decir mierda.- NdT].

Ignatius destaca el trabajo del activista prodemocrático Allen Weinstein, quien comenzó a organizar a los disidentes soviéticos ya en 1980. Weinstein "rápidamente se conectó con la red de activistas a favor de la democracia... En poco tiempo, estaba patrocinando conferencias para los disidentes, organizando visitas a los Estados Unidos para ellos y, por lo demás, causando problemas".16 Desde el principio, Boris Yeltsin y sus ayudantes se vieron atraídos por la "hospitalidad transatlántica" de Weinstein. Weinstein permaneció en estrecha comunicación con el círculo de Yeltsin, particularmente durante los acontecimientos críticos de agosto de 1991. "Cuando los ayudantes de Boris Yeltsin intentaban conseguir apoyo para su resistencia en Moscú el 19 de agosto", escribe Ignatius, "necesitaban transmitir su mensaje desafiante a Rusia y al mundo". Uno de ellos envió un fax a Weinstein en Washington, solicitando que el presidente estadounidense emitiera una declaración pública de apoyo a Yeltsin. Inmediatamente, George Bush llamó a Yeltsin para expresarle su apoyo y luego salió en televisión para describir su conversación telefónica. La capacidad de Weinstein para involucrar al Presidente de Estados Unidos con tan poco tiempo de anticipación fue, de hecho, una hazaña increíble de trabajo en la red de poder para un humilde activista a favor de la democracia.

Por supuesto, Weinstein no fue el único operador que "causó problemas" contra la URSS. Ignatius también da crédito a William Miller del Comité Estadounidense de Relaciones Soviéticas, George Soros de la Open Society Foundation, John Mroz del Centro de Estudios de Seguridad Este-Oeste, John Baker del Consejo Atlántico y Harriett Crosby del Instituto de Relaciones Soviéticas Estadounidenses. El Fondo Nacional para la Democracia (NED), encabezado por Zbigniew Brzezinski, era el "papito de las operaciones abiertas"17. Había estado activo dentro de la Unión Soviética durante años (abiertamente, por supuesto), financiando a varios sindicatos soviéticos y al "Grupo Interregional" liberal en el Congreso de los Diputados del Pueblo. El Grupo Interregional fue el primer grupo de oposición legalmente organizado en la Unión Soviética y posteriormente fue identificado como el principal catalizador de las "reformas democráticas" en Rusia.

Ahora podemos discernir vagamente cómo Boris Yeltsin, un apparatchik del partido comunista de Sverdlovsk en Siberia, tropezó con todo el plan de derrocar al régimen comunista soviético y privatizar la riqueza de Rusia. El líder populista era bien conocido por ser un ambicioso profesional dispuesto a "pisotear a cualquiera para llegar a su objetivo"18 y había acumulado un historial impresionante de crear problemas para el partido comunista. Entre otras cosas, Yeltsin predicó sobre la democracia multipartidista al Komsomol, la Liga Comunista Juvenil, donde los futuros oligarcas rusos fueron reclutados y preparados para participar en la privatización de Rusia en nombre de sus patrocinadores occidentales.

En 1987, los alborotos de Yeltsin llevaron a un choque con las autoridades comunistas de Moscú después de que criticara públicamente a la dirección del partido por demorarse en las reformas. La crítica pública a los dignatarios del partido fue una grave afrenta en la URSS. Fue fuertemente amonestado, excluido de la política y forzado a regresar a Sverdlovsk a una simple función de gestión de negocios. Durante su éxodo, pero posiblemente incluso antes, Boris Yeltsin se asoció estrechamente con un círculo de disidentes y académicos liberales dirigidos por Gennady Burbulis. Burbulis fue el líder y uno de los fundadores del mencionado "Grupo Interregional", financiado por el Fondo Nacional para la Democracia de Estados Unidos. Burbulis se convirtió en uno de los asociados más cercanos de Yeltsin y le ayudó a resucitar su carrera política. En 1991, dirigió la exitosa elección de Yeltsin para la presidencia rusa (junio de 1991) y se convirtió en el primer Secretario de Estado en el gabinete de Yeltsin.

Casi tan pronto como Yeltsin llegó a la presidencia en 1991, la vanguardia de Harvard y otros occidentales comenzaron a llegar a Moscú. Pasaron un tiempo en una dacha fuera de la ciudad para reclutar a sus colaboradores rusos y trazar el curso de los acontecimientos que determinarían el trágico destino de Rusia durante el resto de la década.

No debemos asumir que todos los involucrados trabajaron para la CIA o intentaron dañar a Rusia deliberadamente. Lo más probable es que la mayoría de los reformadores rusos hayan sido personas serias que anhelaban cambiar un sistema insostenible e insatisfactorio que se estaba derrumbando sobre sí mismo. Sin duda, muchos de ellos fueron seducidos por la promesa de una democracia al estilo occidental y un capitalismo que parecía mucho mejor para satisfacer las necesidades y aspiraciones de la gente. Cuando el mismo Boris Yeltsin viajó por Estados Unidos en septiembre de 1989, quedó fascinado con el brillo y la abundancia que vio en Houston y Miami. Cuando sus anfitriones lo llevaron a él y a su séquito a un supermercado en Clear Lake en Texas, Yeltsin observó con asombro que en Rusia, ni siquiera los miembros del politburó podían soñar con la abundancia y variedad de bienes que estaban disponibles para cualquier estadounidense de clase media.
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© Houston Chronicle
Boris Yeltsin visita un supermercado estadounidense en septiembre de 1989. Ni siquiera los miembros del politburó de la URSS podrían soñar con la variedad y abundancia disponibles para cualquier consumidor estadounidense de clase media.
Todo esto debe haber causado una profunda impresión en Boris Yeltsin y quizás lo decidió a hacer lo que fuera necesario para convertir también a Rusia en una tierra de riqueza, abundancia y avance tecnológico. Si los estadounidenses lo hicieron bien, seguir sus consejos habría sonado como lo correcto. Los reformistas rusos vieron el cebo, pero no vieron el anzuelo. La generosa amistad exterior de los líderes estadounidenses disuadió a los rusos que pensaban que, al dejar atrás el comunismo, se convertirían en amigos y aliados de los estadounidenses.

Esta ilusión se vio probablemente reforzada por la amistad real y sincera de la mayoría de los estadounidenses y otros occidentales que fueron a Rusia para compartir sus conocimientos y ayudar a guiar las reformas. Pero las personas que estaban en la cúspide de este proyecto no eran ni altruistas ni amistosas. Su mentalidad estaba arraigada en las animosidades de la guerra fría y su objetivo era derrotar, desmembrar y saquear a Rusia de su riqueza, y dejarla tan debilitada y empobrecida que nunca más pudiera desafiar la hegemonía estadounidense. El subdirector de William Casey, Robert Gates19, dejó entrever esta mentalidad en 1986, al declarar: "Estamos en una lucha histórica contra la Unión Soviética... [Los soviéticos] utilizan el conflicto en el tercer mundo para explotar las divisiones de la Alianza y para tratar de recrear las divisiones internas causadas por Vietnam con el fin de debilitar la respuesta occidental y provocar desacuerdos sobre una política de seguridad nacional y defensa más amplia".20

Gates acusó a los soviéticos de apuntar a cuatro áreas de expansión: los campos petroleros del Medio Oriente, el istmo del Canal de Panamá, la riqueza mineral de Sudamérica y la alianza política y militar occidental. En otras palabras, la administración Reagan vio a la Unión Soviética principalmente como un rival en una lucha global por los recursos. El mismo Robert Gates reconocería más tarde que la CIA había llevado a cabo una campaña de sabotaje económico contra la URSS y se atribuyó el mérito de la caída del comunismo, que él consideraba "el mayor de los triunfos estadounidenses".

Notas
  1. (Moyers 1987)
  2. La Oficina del Director de Inteligencia Central (DCI, por sus siglas en inglés) estuvo activa de 1946 a 2005. El Director dirigía y coordinaba las actividades de todos los organismos de inteligencia, actuaba como asesor principal de inteligencia del Presidente de EE.UU. y del Consejo de Seguridad Nacional y también actuaba como director de la C.I.A.
  3. Durante la Segunda Guerra Mundial, William Casey trabajó en la Inteligencia del Ejército y en la Oficina de Servicios Estratégicos (predecesor de la CIA). Bajo la presidencia de Ford, formó parte de la Junta Asesora de Inteligencia Extranjera, un comité ejecutivo de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos. Durante la administración de Nixon, dirigió la Comisión de Valores y Bolsa. Después de ese puesto se hizo cargo del Banco de Exportaciones e Importaciones, una agencia gubernamental independiente creada para facilitar las exportaciones de bienes y servicios estadounidenses. De 1976 a 1981 estuvo asociado con la firma de abogados Rogers & Wells que operaba en Nueva York y Washington.
  4. (Pace 1987)
  5. (Jeffreys-Jones 2013)
  6. (Jeffreys-Jones 2013)
  7. (Lundberg 1995)
  8. El informe en cuestión fue publicado en septiembre de 1985, titulado "Gorbachev's Economic Agenda: Promises, Potentials and Pitfalls" ("La Agenda Económica de Gorbachov: Promesas, Potenciales y Trampas"). (Lundberg 1995)
  9. (Lundberg 1995)
  10. (Lundberg 1995)
  11. (Popov 2016)
  12. (Goodman 2017)
  13. Esto fue en realidad un contragolpe, ya que fueron los comunistas quienes organizaron el golpe inicial.
  14. Ignatius se refiere al contragolpe del 19 de agosto de 1991 en el que la facción reformista de Yeltsin prevaleció sobre la vieja guardia comunista que intentó reafirmar el poder comunista.
  15. (Ignatius 1991) Ignatius podría estar siendo un poco deshonesto al insistir en que estas actividades eran abiertas y no encubiertas. Cosas como entrenar a los combatientes de la resistencia y trabajar para subvertir el régimen comunista no se podrían haber hecho abiertamente. A lo mejor para hacer efecto, Ignacio simplemente deletreó mal la palabra encubierta ["covert" en inglés - NdT] omitiendo la "c" [lo que quedaría como "overt", abierto o explícito, público, etc. - NdT]; sería como si yo caracterizara sus afirmaciones como rap ["crap" si se añade una "c", es decir mierda.- NdT].
  16. (Ignatius 1991)
  17. (Ignatius 1991)
  18. Así lo describió Yakou Riabov, primer secretario del partido comunista de Sverdlovsk y primer mentor político de Yeltsin, en una entrevista que apareció en el documental "Boris Yeltsin - La formación de un líder". (Alfandari y Leconte 2001)
  19. Gates era el Subdirector de Inteligencia Central y especialista en estudios soviéticos, el segundo al mando después de William Casey. Sus observaciones proceden de un discurso que pronunció el 25 de noviembre de 1986.
  20. (Jeffreys-Jones 2013)
grand deception krainer
Alex Krainer es un gestor de fondos de cobertura y autor. Su libro, vetado por Amazon en septiembre de 2017, ya está disponible en formato pdf, kindle y epub en el siguiente enlace "Grand Deception: Truth About Bill Browder, the Magnitsky Act and Anti-Russian Sanctions" ("El gran engaño: La verdad sobre Bill Browder, la Ley Magnitsky y las sanciones contra Rusia"). La versión en tapa blanda ya está disponible aquí. Alex también escribió un libro sobre el comercio de materias primas.
Publicado originalmente en el blog de Krainer, The Naked Hedgie.