Traducido por el equipo de Sott.net en español

La imposición de sanciones a Washington por parte de un mundo cuyo desarrollo se ve gravemente obstaculizado por su brutal y asfixiante hegemonía llega con retraso.
Iran protests sanctions

Iraníes protestan contra la reimposición de las sanciones de EE.UU. (el gobierno mundial), el 5 de noviembre de 2018.
En momentos trascendentales, el mundo que existe nos invita a contemplar el mundo que no existe, de acuerdo a la comprensión de la historia y sus acontecimientos como un relato de los caminos no tomados.

Imagine por un momento si en lugar de los macedonios de Alejandro invadiendo y conquistando la inmensidad del Imperio Persa, hubiera sido el emperador persa Darío quien invadiera y conquistara Macedonia, y las ciudades-estado griegas con su ejército de élite de inmortales. ¿Qué clase de mundo se habría creado como consecuencia de ello?

Imagine que el resultado de la Segunda Guerra Púnica no hubiera sido la derrota de Aníbal a manos de Roma, sino su victoria sobre lo que entonces era una potencia y un imperio imperialista en ascenso, aplastándolo en una fase temprana y cambiando así el curso de la historia.

Imagine también que la Europa de la monarquía y la aristocracia representada por el ejército de Wellington hubiera sido derrotada por la Grand Armée de Napoleón en Waterloo en lugar de lo contrario; imagine la ayuda que tal resultado habría proporcionado a la creciente causa del republicanismo y la democracia en aquellas partes del continente en las que todavía reinaba la autocracia.

De manera más pertinente, en lo que nos concierne hoy, ¿qué pasaría si en lugar de que la Unión Soviética y el socialismo realmente existente salieran de las páginas de la historia a principios de la década de 1990, hubieran sido el imperialismo yanqui/occidental y las fuerzas del capitalismo de libre mercado los que hubieran caído por el agujero de la historia? ¿Sería ese mundo mejor o peor que este, más o menos seguro y estable? En última instancia, la respuesta a estas preguntas variará en función de dónde se formulen, en qué partes del mundo.

De los muchos países y pueblos con causa para lamentar la desaparición de la Unión Soviética y el aumento concomitante de la hegemonía de EE.UU. y Occidente, Irán y su pueblo están a la cabeza.

Sometido como está el país ahora a las misericordias, siempre listas a sancionar, de la administración de Trump, cuyas acciones son cada vez más consistentes con las de una familia criminal de la mafia de Nueva York, y no con un gobierno involucrado en el serio negocio del arte de gobernar, es de esperar que Irán recupere una apariencia de satisfacción por el hecho de que su posición actual en la mira de la Casa Blanca de Trump sea una insignia de honor en lugar de una deshonra.

En pocas palabras, Irán no se doblega, como tampoco lo hacen Siria, Venezuela, Cuba, Bolivia, Corea del Norte, Rusia y China; cada uno de los cuales está siendo apaleado, sancionado, amenazado, bloqueado, difamado y/o provocado por este monstruo hegemónico fuera de control, para el deleite y regocijo obvio de los ideólogos occidentales, para quienes el sufrimiento de los hijos de otros pueblos es siempre un precio que vale la pena pagar.

La reanudación de las sanciones impuestas a Irán antes del acuerdo nuclear tiene por objeto ejercer la máxima presión sobre el gobierno del país mediante el ejercicio del máximo sufrimiento sobre su población. Es una dinámica que no debería dejar a nadie en duda de que las sanciones económicas y comerciales son un arma de guerra; una guerra que está siendo librada en todo el mundo por un imperio cuya supervivencia depende de la dominación absoluta desde el punto de vista económico, militar, cultural y geopolítico.

Un mundo así da lugar a sus propios monstruos: guerras de cambio de régimen, tanto directas como indirectas por delegación; crisis de refugiados y los migrantes que resultan de ella; y, por supuesto, extremismo y terrorismo, monstruos que han tenido éxito en Europa, Oriente Medio y América Latina en los últimos tiempos en voltear sociedades y países enteros contra sí mismos.

Un artículo reciente del London Financial Times (mismo que hay que tener en cuenta que no es amigo de los "locos mulahs" de Teherán, según los pintan los locos neoconservadores) destaca la difícil situación de una ama de casa de Teherán, Malak, en relación con el tsunami de las sanciones que se avecina desde Washington: "Es horrible", dice una madre de 41 años con dos hijos, quejándose de que las inflaciones han hecho que la carne roja y la fruta fresca sean inasequibles. "Estamos siendo torturados, poco a poco, día a día."

Después, el FT proporciona una explicación sobria de lo que se avecina como resultado del asalto económico del Nerón estadounidense Trump a los iraníes comunes y corrientes: "El dolor financiero está a punto de empeorar [como resultado de] la decisión del Sr. Trump en mayo de abandonar el histórico acuerdo nuclear que Irán firmó con las potencias mundiales en 2015. Mientras Estados Unidos intenta cambiar el comportamiento del régimen en Teherán, es probable que los iraníes pobres sean los más afectados por las sanciones".

El pasaje clave en lo anterior es "Mientras EE.UU. intenta cambiar el comportamiento del régimen en Teherán". Dentro de este breve pasaje se encuentra la misma inversión que un mundo que lucha por abandonar el reino de la hegemonía, para entrar en el reino de la justicia, debe confrontar y afrontar, antes de que pueda completar tal viaje con éxito.

Porque es, para explicarlo mejor, el alcance con el que el mundo logre cambiar el comportamiento del régimen de Washington lo que dictará si debe seguir siendo un prisionero de la dominación estadounidense, o si será liberado de ella. Y para que no quede ninguna duda, la liberación no será fácil y sólo se podrá conseguir a un precio: el precio de una reestructuración casi completa y total de la arquitectura económica y geopolítica mundial.

Nadie con cordura concebiría la confrontación militar con Washington como una elección u opción racional, dados los medios de destrucción que tanto aquel como el mundo en general tienen a su disposición. Sin embargo, aun así, en la trayectoria actual de la administración de Trump, que es Estados Unidos sin la máscara, una seria confrontación militar nunca ha estado tan cerca.

Sin embargo, el pozo del que se nutre la hegemonía estadounidense, incluso militarmente, es la posición del dólar en la cúspide de la economía mundial. Sin el dólar como la principal moneda de reserva internacional del mundo, la hegemonía estadounidense es insostenible, lo que lo convierte en el punto débil del Imperio que ha creado en su nombre e imagen.

Por lo tanto, la desdolarización (que equivale a fin de cuentas a la desamericanización) es una idea que ha madurado, tal como ocurrió con la desromanización alrededor del siglo V.

Obviamente, tal curso está obviamente lleno de riesgos; después de todo, ningún Imperio abandona el escenario de la historia sin una lucha por parte de su élite, y normalmente se derrumba como resultado de la combinación de la ruptura social interna y la presión externa, en una secuencia de eventos prolongada y desordenada; pero hemos llegado a un momento en el que la continuación del statu quo es la muerte misma.

La esperanza y la salvación hoy en día radican en la relación cada vez más estrecha que se está forjando entre Rusia y China. Esta asume cada vez más el carácter de una alianza antihegemónica, que bien puede (ojalá) convertirse en una especie de bloque antihegemónico con la inclusión de Irán, Siria, Venezuela, Cuba, Bolivia y la República Popular Democrática de Corea.

No importa lo que venga en nuestra contra, no se puede negar que el día mundial del Jubileo habrá llegado cuando el "verdadero" mundo libre se reúna para acordar el conjunto de sanciones económicas y comerciales que se impondrán a Washington.

Para las Malaks en Teherán de este mundo, es urgente que llegue ese día.
Sobre el autor

John Wight ha escrito para una variedad de periódicos y sitios web, incluyendo Independent, Morning Star, Huffington Post, Counterpunch, London Progressive Journal y Foreign Policy Journal.