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Berlusconi, junto al presidente de Gabón en una visita oficial hace unos días
El viernes un espectador de la televisión italiana podía llegar a creer que su mando a distancia se había atascado o que vivía una experiencia paranormal de repetición temporal. El primer ministro, Silvio Berlusconi, apareció en cinco informativos, en otras tantas cadenas y con sendas entrevistas-monólogo, a las 18.30 horas, a las 19.00, a las 20.00 en dos canales y a las 20.30. El clima orwelliano se completaba con un aire de fin del mundo, pues el magnate lanzó llamadas de emergencia apocalípticas para que la oposición no le arrebate Milán y Nápoles, entre otras plazas, en la segunda vuelta de las municipales de este fin de semana, tras ganarle en la primera. Advirtió que si gana el centroizquierda todo se llenará de gitanos, de rumanos, de musulmanes -«una 'zingarópolis' islámica»- y de banderas comunistas: «'Se convertirá en la Stalingrado de Italia!». La oposición lo comparó con el régimen bielorruso, pero ayer el desparrame catódico fue censurado.

La autoridad que vela por el equilibrio político de las transmisiones, Agcom, ha impuesto severas multas a las cadenas. Lo ocurrido, que es frecuente, es posible por el conflicto de intereses que arrastra Italia desde hace dos décadas: en tres de esas cadenas Berlusconi se limitó a llamar a sus empleados, pues son suyas. Los otros dos informativos eran públicos, en RAI 1 y RAI 2, y los controla como jefe de Gobierno. Como no es la primera vez, los dos espacios más serviles, en Rete 4 y RAI 1, se llevaron sanciones más fuertes, 258.000 euros. Lo curioso es que en el caso de la televisión pública los pagarán los ciudadanos. En el otro, él mismo. Un reciente estudio ha sumado los minutos de Berlusconi en televisión desde 2001 y son más de 10.000, una semana entera, tres veces más que la oposición. Ayer se quejó de que le impiden hablar.

Nervios de 'Il Cavaliere'

Berlusconi ataca con todo porque está nervioso. La derrota en el primer turno en Milán es histórica. Nunca había perdido allí y el rival, Giuliano Pisapia, proviene de la extrema izquierda. Al margen del resultado de la segunda vuelta, es una señal inequívoca de que su bastión le puede dar la espalda tras la estela de escándalos, su tendencia creciente al despotismo y la parálisis del país. El balance es aún peor si se piensa que el propio 'Il Cavaliere', imbuido en su retórica catastrofista, echó un órdago y aseguró que se trataba de un test nacional. Fue servido, pues perdió la mitad de los votos a su nombre. El trastazo ha causado una honda preocupación en el centroderecha, con divisiones internas y nuevos rencores con su aliado, la Liga Norte. Se atribuyó a una campaña errónea, basada en la tensión y en la demonización del adversario, pero el análisis duró dos días, ahora no ha hecho más que multiplicarse.

El nivel de la campaña sigue cayendo y ofrece nuevos gestos desesperados de Berlusconi. Su última ocurrencia ha sido anunciar algo tan delirante como que trasladará varios ministerios de Roma a Milán -una vieja obsesión de la Liga Norte- como si fueran tresillos. Su candidata en la capital lombarda, la actual alcaldesa Letizia Moratti, ya echa mano también de promesas como suprimir las multas de tráfico. No se descarta que algo pueda funcionar y debe considerarse que la nueva ronda solo están los dos candidatos más votados. Puede influir el voto de los partidos excluidos. Pero la oposición tiene la esperanza de que este fin de semana en Milán comience la caída de Berlusconi.