
"Este desgarro eventualmente puede causar que la placa se fragmente y lo que queda de las pequeñas piezas se una a otras placas cercanas", continuaron los especialistas.
Entonces, utilizaron información de 217 terremotos y de más de 30.000 ondas sísmicas, con las que crearon una imagen detallada en 3D de la zona de subducción Cascadia, una falla en la costa del Pacífico. Así identificaron qué partes de la roca habían pertenecido a la placa Juan de Fuca.
Fue a partir de ese procedimiento que, a 150 kilómetros de profundidad, hallaron el desgarro, que coincide con un área de debilidad en la superficie de la placa. Gracias a este procedimiento, los investigadores sugirieron que el movimiento de la placa al hundirse, que puede deformarse y curvarse, provoca el desprendimiento y la separación de sus partes, lo que derivó en la mencionada brecha.
Sin embargo, señalaron que todavía se necesita recoger más evidencia para confirmar cómo actúa la placa, aunque las hipótesis la vinculan con la actividad sísmica en el sur de Oregón y el norte de California, así como con los inusuales patrones de vulcanismo en las Altas Llanuras de Lava (High Lava Plains) del sur de Oregón.
"Lo que estamos presenciando es la muerte de una placa oceánica", concluyó Hawley




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