En las últimas semanas una extraña nieve roja está tiñendo el hielo alrededor de la Base de Investigación Vernadsky de Ucrania (ubicada en la isla de Galindez, frente a la costa de la península más al norte de la Antártida). Una publicación de Facebook del Ministerio de Educación y Ciencia de Ucrania muestra la escena con todo detalle: rayas de color rojo y rosa son visibles en los bordes de los glaciares y charcos en las llanuras heladas.
blood red snow antarctic
© National Antarctic Scientific Center of Ukraine / Andrey Zotov
Si bien se trata de una estampa que no suele salir en las postales, no es algo inusual. Aristóteles ya hablaba de este fenómeno en el siglo III a. C. y los científicos han descubierto que, en realidad, se trata de un tipo de alga llamada Chlamydomonas Chlamydomonas nivalis que se encuentra presente en las aguas heladas de las montañas y otros ecosistemas con frío extremo. Durante el invierno, estas algas están latentes en la nieve y el hielo. Pero cuando llega el verano -como en este momento en la Antártida-, florecen, extendiendo sus esporas rojas.

La explicación del rojo

El color encarnado proviene de los carotenoides (los mismos pigmentos que dan el toque anaranjado a las calabazas y las zanahorias) en los cloroplastos de las algas. Además de su tono carmesí, también absorben el calor y protegen a las algas de la luz ultravioleta, lo que permite a los organismos disfrutar de los nutrientes del sol del verano sin riesgo de mutaciones genéticas.

Todo esto es bueno para las algas, pero no tanto para el hielo. Según los investigadores ucranianos, que han apodado al fenómeno «mermelada de fresa», es fácil para estas flores iniciar un ciclo de retroalimentación descontrolada de calentamiento y derretimiento. «Las flores de nieve contribuyen al cambio climático», escribió el equipo en la publicación de Facebook. «Debido al color rojo-carmesí, la nieve refleja menos luz solar y se derrite más rápido. Como consecuencia, producen más y más algas brillantes».

Cuanto más calor absorbe las algas, más rápido se derrite el hielo circundante. Cuanto más hielo se derrite, más rápido se propagan las algas. Eso, a su vez, conduce a un mayor calentamiento de la zona, más derretimiento del hielo y más floración de algas, un círculo vicioso que puede acelerar el deshielo.

Fenómenos parecidos se repiten

Un proceso de retroalimentación similar está impulsando la proliferación de algas más extremas en los océanos de todo el mundo, lo que resulta en escenas surrealistas como una invasión de espuma de mar en Tossa de Mar (Girona) después de borrasca Gloria o las «lágrimas» bioluminiscentes azules que se aferran a las costas de China. Si bien la nieve de sandía ha existido durante millones de años, las floraciones de algas prosperan en climas cálidos, lo que significa que probablemente podamos esperar ver más fenómenos parecidos a medida que cambia el clima.