La adiposidad visceral concentrada excesivamente en la zona de la cintura, caracterizada por darle a esa zona una silueta que recuerda a la de una manzana, se considera particularmente mala para la salud corporal en general. Pero ahora además un nuevo estudio indica que ese exceso de grasa alrededor de la cintura les da a las células inmunitarias residentes en nuestro cerebro una fuerte exposición a una señal que las vuelve contra nosotros, al poner en marcha un proceso de inflamación que perjudica a la cognición.

adiposidad visceral
Concretamente, esa grasa visceral excesiva le permite a la señal de la proteína proinflamatoria interleucina-1 beta un acceso fácil y excesivo al cerebro.

El equipo de Alexis M. Stranahan y Babak Baban, de la Escuela de Medicina de Georgia, adscrita a la Universidad de Augusta en Georgia (Estados Unidos), ha ido más allá de verificar que existe una correlación entre un exceso de grasa visceral en la zona de la cintura y un declive cognitivo de la persona. En su estudio, ha identificado una señal específica que se genera en la grasa visceral y que es liberada en la sangre que atraviesa la barrera hematoencefálica (barrera que protege al cerebro contra la entrada en él de sustancias potencialmente nocivas), llegando así al cerebro donde activa células microgliales indebidamente y perjudica la cognición.

Por regla general, en el cerebro hay muy poca cantidad de esa interleucina-1 beta, pero Stranahan y sus colegas han descubierto que la adiposidad visceral genera altos niveles crónicos de la señal que a su vez activan en exceso a células microgliales. Estas células residentes en el cerebro forman parte del sistema inmunitario y normalmente su actividad resulta beneficiosa. La inflamación crónica generada por el exceso de grasa visceral provoca la formación de complejos que amplifican aún más la respuesta inmunitaria y la inflamación. La proteína NLRP3 es un componente destacado de esa clase de complejos, y es la que promueve la producción y liberación de interleucina-1 beta.

Se sabía que estas reacciones causan problemas en el cuerpo, y ahora los autores del nuevo estudio han encontrado evidencias de que también están causando problemas directos en el cerebro.

Stranahan Baban
© Phil Jones, Augusta University
Alexis Stranahan (izquierda) y Babak Baban
Estudios en ratones

A fin de explorar los efectos cerebrales, los científicos eliminaron NLRP3 en unos ratones y descubrieron que los animales pasaban a estar protegidos contra la inflamación del cerebro inducida por la obesidad y contra los problemas cognitivos que pueden resultar de dicha inflamación. También extrajeron tejido adiposo visceral de ratones obesos desprovistos de NLRP3 y lo trasplantaron a ratones delgados, comprobando que el tejido no tenía esencialmente ningún efecto en los ratones receptores del trasplante.

En cambio, el trasplante de tejido adiposo visceral procedente de ratones obesos y genéticamente intactos aumentó en los ratones receptores del mismo los niveles de interleucina-1 beta en el hipocampo, un centro de aprendizaje y memoria en el cerebro, e incrementó los problemas cognitivos.

Las células microgliales generalmente funcionan como perros guardianes, deambulando constantemente por el cerebro para vigilarlo, eliminando las células muertas y otros desechos, así como realizando muchas otras tareas, como formar y podar conexiones entre las neuronas. Las células microgliales también tienen receptores para la interleucina-1 beta.

Las acciones útiles o perjudiciales de las células microgliales probablemente son el resultado de señales a las que están expuestas, y otra cosa que la interleucina-1 beta parece hacer es impulsar a las células microgliales a envolver las sinapsis, posiblemente ejerciendo presión dañina y/o liberando sustancias que interfieren indebidamente en las "conversaciones" entre neuronas. Se sabe que, en ausencia de enfermedad, las células microgliales envuelven sinapsis, pero en esos casos su acción es beneficiosa, por ejemplo liberando el factor neurotrófico cerebral, que es como fertilizante para estas conexiones tan valiosas.

Respaldando los resultados del estudio, también hay cada vez más evidencias de que la cirugía bariátrica, que a veces incluye la eliminación de la grasa visceral, puede mejorar la capacidad mental de prestar atención, el estado de ánimo de la persona y las funciones ejecutivas de su mente.