[Nota del editor: El siguiente artículo, publicado por Off-Guardian cinco días antes de que se confirmara la muerte de Magufuli, plantea la hipótesis de un "golpe de Estado Covid" contra el presidente de Tanzania. Ayer, fue confirmada la muerte de Magufuli, a los 61 años de edad, "a causa de una dolencia cardíaca". El verano pasado, Pierre Nkurunziza, presidente de Burundi, se negó a seguir el juego del Covid y ordenó a la delegación de la OMS que abandonara su país... antes de morir repentinamente de un "ataque al corazón". Magufuli y Nkurunziza se unen, así, a una serie de científicos (1, 2) y funcionarios (1, 2) que han dado versiones distintas sobre la crisis del Covid alrededor del mundo antes de aparecer muertos en circunstancias inusuales y poco creíbles.]

John Magufuli, presidente de Tanzania, ha desaparecido. No se le ha visto en público desde hace varias semanas, y se especula sobre dónde podría estar.
El presidente John Magufuli y el presidente de Burundi, Pierre Nkurunziza.

El presidente John Magufuli y el presidente de Burundi, Pierre Nkurunziza.
La oposición ha acusado en varias ocasiones al presidente de estar hospitalizado con "Covid-19", ya sea en Kenia o en la India, aunque sigue sin haber pruebas de que esto sea así.

Para añadir algo de contexto, John Magufuli es uno de los jefes de Estado africanos que "niegan el Covid".

Es famoso por haber hecho que su oficina presentara cinco muestras sin etiquetar para su análisis — de cabra, aceite de motor, papaya, codorniz y jaca — y cuando cuatro de ellas resultaron positivas y una "no concluyente", prohibió los kits de análisis y pidió que se investigara su origen y fabricación.

En el pasado, también ha cuestionado la seguridad y la eficacia de las supuestas "vacunas covíricas", y no ha permitido su uso en Tanzania.

En la prensa occidental se ha presentado a Magufuli como "anticientífico" y "populista", pero no es justo sugerir que la salud de los habitantes de Tanzania sea una baja prioridad para el presidente. De hecho es todo lo contrario.

Tras ganar sus primeras elecciones en 2015, recortó los salarios del Gobierno (incluido el suyo propio) para aumentar la financiación de los hospitales y comprar medicamentos contra el sida. En 2015 canceló las celebraciones del Día de la Independencia y utilizó el dinero para lanzar una campaña anticholera. La sanidad ha sido una de las principales prioridades de su administración, y la esperanza de vida de los tanzanos ha aumentado cada año mientras él ha estado en el cargo.

La cobertura negativa del presidente Magufuli es un fenómeno muy reciente. Al principio de su presidencia, incluso recibió elogiosas reseñas de la prensa occidental y de los grupos de expertos respaldados por Soros, que alababan sus reformas y lo calificaban de "ejemplo" para otras naciones africanas.

Todo eso cambió cuando dijo que el Covid era un engaño.

Tras ser reelegido en octubre de 2020, aparecieron las habituales acusaciones occidentales de "supresión de votantes" y "fraude electoral" en la prensa occidental, que anteriormente había informado de que su índice de aprobación alcanzaba el 96%.

Y la campaña anti-Magufuli cobró impulso en 2021, con el mentiroso Mike Pompeo lanzando sanciones contra funcionarios del gobierno de Tanzania como uno de sus últimos actos como Secretario de Estado. Las sanciones se debieron teóricamente a "irregularidades electorales", pero la realidad evidente es que se debe a que Tanzania se ha negado a seguir la línea oficial sobre el Covid.

Justo el mes pasado, The Guardian, el arma de propaganda más punzante cuando se trata de justificar cambios de régimen "progresistas", publicó un artículo titulado: "Es hora de que África frene al presidente antivacunas de Tanzania".

El artículo no menciona que las cabras, la papaya y el aceite de motor hayan dado positivo en el coronavirus, pero sí pregunta de forma parcial y poco periodística:
"¿Qué le pasa al presidente John Magufuli? Mucha gente dentro y fuera de Tanzania se hace esta pregunta".
Antes de concluir:
"Magufuli [está] alimentando a los antivacunas mientras la pandemia y sus nuevas variantes siguen desarrollándose. Hay que desafiarlo abierta y directamente. Pues la indiferencia expone a millones de personas en Tanzania y en toda la región de los grandes lagos de África, así como a comunidades de todo el mundo, a este virus mortal y devastador."
El autor no dice exactamente cómo hay que "desafiar a Magufuli abierta y directamente", pero estos artículos no sirven para eso. Existen simplemente para pintar al sujeto como un villano, y crear la percepción de que "se tiene que hacer algo" al respecto. Y ese "algo", y si es legal o no, a fin de cuentas no es asunto del público lector de The Guardian, y a la mayoría no le importa.

Por cierto, el artículo forma parte de la sección "Desarrollo Global" del Guardian, patrocinada por la Fundación Bill y Melinda Gates.

Así que, a las dos semanas de que The Guardian publicara un artículo patrocinado por Gates en el que se pedía que se hiciera algo con el presidente Magufuli, éste ha desaparecido, supuestamente debido al Covid. Es curioso cómo funciona todo esto.

Incluso si Magufuli sobrevive milagrosamente a la campaña de "sospechas de infección por Covid19", su carrera política quedará marcada. Pues el Consejo de Relaciones Exteriores publicó ayer mismo un artículo en el que se explaya argumentando que el presidente ha perdido toda autoridad, y concluye que:
"Una figura audaz dentro del partido gobernante podría aprovechar el episodio actual para empezar a invertir el rumbo".
No es difícil leer el mensaje entre líneas, si es que puede llamársele "entre líneas" a algo tan literal.

Si estamos a punto de asistir a la muerte repentina y/o a la sustitución del Presidente de Tanzania, no será el primer jefe de Estado africano que sufre un destino semejante en la era de Covid.

El verano pasado, Pierre Nkurunziza, presidente de Burundi, se negó a seguir el juego del Covid y ordenó a la delegación de la OMS que abandonara su país... antes de morir repentinamente de un "ataque al corazón" o de "sospecha de infección por Covid19". Su sucesor revirtió inmediatamente todas sus políticas Covid, incluida la de invitar a la OMS a volver al país.

Ese fue el primer golpe de Estado Covid, y parece que Tanzania podría ser el siguiente.

Si yo fuera el presidente de Turkmenistán o Bielorrusia, no haría ningún plan a largo plazo.