La Audiencia impone por primera vez en Asturias la máxima pena del Código Penal a Silvia Acebal por asesinato con agravante de parentesco.
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© Damián Arienza
Silvia Acebal, durante el juicio celebrado la primera semana de mayo en la Audiencia Provincial.
Primera condena de prisión permanente revisable en Asturias. El tribunal de la Sección Octava de la Audiencia Provincial ha condenado a la mayor pena recogida en el Código Penal español a Silvia Acebal, la mujer juzgada por asesinar de 53 puñaladas a su recién nacido en Nuevo Roces en 2019. La sentencia se hizo pública ayer, diez días después de que el jurado popular emitiese por unanimidad el veredicto de culpabilidad sobre la joven de 30 años, a quien se le aprecia las circunstancias agravantes de parentesco.

La condenada deberá además indemnizar con 105.000 euros a su excompañero sentimental, el padre del bebé, por los daños morales causados. La mujer ocultó su embarazo a todo su entorno, incluido a él, según queda reflejado en el fallo judicial. La responsabilidad civil se ajusta a la solicitada por la acusación particular, ejercida por su exnovio. La Fiscalía solicitaba que recibiera una indemnización de 50.000 años por los perjuicios ocasionados, si bien el tribunal le ha dado la razón al padre del recién nacido asesinado. «Estoy aquí por mi hijo, porque no le pude proteger. Me siento culpable por ello. Ya no confío en nadie y tengo miedo salir a la calle», declaró destrozado el hombre durante la vista oral. Recibe atención psiquiátrica desde que la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la Policía Nacional de Gijón localizase a la autora del macabro crimen que conmocionó a la región.

La procesada admitió durante la vista oral que había alumbrado sola a su hijo, un niño de 2,670 kilos de peso y que lo había matado de 53 cuchilladas nada más nacer. «Después de matarlo, metió al bebé unido por su cordón umbilical a la placenta en el interior de una mochila marca Quiksilver que estaba en la vivienda, bajó a la calle y la tiró en el interior de un contenedor de basura situado en la calle donde reside, antes de que regresara su compañero sentimental», señala la sentencia.

Cuando su novio regresó de trabajar al piso que ambos compartían vio que estaba lleno de sangre. Creyó lo que le argumentó la joven: le había explotado un quiste de un ovario. Dos días después se fueron de vacaciones a la zona de Levante, con total normalidad. Los psicólogos forenses que evaluaron su estado mental determinaron que la mujer diferencia el bien y el mal y que tiene actos completamente conscientes.

Sin empatía

Presenta, no obstante, una psicopatía, un rasgo hedonista de su personalidad que le impide tener empatía con cualquier persona o situación. Ella está por encima de todo, incluso de su bebé, al que no quería y al que decidió quitar de en medio de la forma más cruel porque no entraba en sus planes.

Con lo que no contaba la ahora condenada es que un vecino de su mismo barrio de Nuevo Roces encontraría en la basura el cadáver del niño. Fue ese hallazgo casual, el de un hombre que rebuscaba en los contenedores, lo que puso en marcha la ardua y laboriosa investigación en la que los agentes analizaron durante semanas toneladas de basura hasta que dieron con una pista: una bolsa similar a la que había tirado con el cadáver y los restos de la placenta.

Los policías pudieron entonces llegar hasta Silvia Acebal, una joven con pareja estable, aparentemente integrada en la sociedad, sin antecedentes y sin problemas, que seguía con su rutina habitual.

El abogado de la defensa, Javier Menéndez Barbón, descarta recurrir la sentencia ante el Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA).