La isla del volcán Hunga Tonga-Hunga Haapai ha desaparecido en su práctica totalidad. La erupción registrada el sábado en el Cinturón de Fuego del Pacífico ha destruido el terreno que antes asomaba por encima del nivel del mar. No ha sido una erupción cualquiera. Los científicos ya la consideran la más explosiva de los últimos 30 años, según las primeras estimaciones, tras la del Pinatubo, en Filipinas, en 1991.
Tonga eruption
© AFP/National Institute of Information and Communication
Imágenes tomadas por el satélite japonés Himawari-8, el 15 de enero de 2022.
La fuerza del evento envió olas de tsunami a través del Océano Pacífico y se escuchó a unos 2.300 km de distancia en Nueva Zelanda. También ha dejado prácticamente incomunicado Tonga, donde ya se han confirmado dos muertes. Mientras, los científicos luchan para obtener datos del volcán.

«La preocupación en este momento es la poca información que tenemos y eso da miedo», dijo a Reuters Janine Krippner, vulcanóloga con sede en Nueva Zelanda del Programa de Vulcanismo Global del Smithsonian.

Las mediciones vía satélite están facilitando el trabajo de los expertos, aunque según reconoce el vulcanólogo del Instituto Geográfico Nacional, Rubén López, «no sabemos en qué situación está el volcán al no tener datos sísmicos». La información llega a cuentagotas, de agencias del Pacífico o de Japón. «Es más complicado que si fuera en Islandia o América Latina», ejemplifica.

Tras la reciente experiencia española, el coordinador científico del Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan), Nemesio Pérez, señala a ABC que el volcán Hunga Tonga no puede comprarse con ninguno de los registrados en Canarias, por su carácter y por su nivel de explosividad. Mientras el volcán de Cumbre Vieja alcanzó un índice de explosividad (VEI) de 3 sobre 8, el del Pacífico ha registrado un valor de 5-6.

También López destaca que la altura de columna puede que haya alcanzado los 30 km de altura, mientras que la altura máxima de columna en La Palma llegó a 8 kilómetros. La cantidad de dióxido de azufre que expulsó la detonación del día 15 de enero fue de 450.000 toneladas, lo que expulsó el volcán de La Palma «en sus 85 días, el Hunga Tonga lo expulsó en minutos», con una onda de presión atmosférica a 7000km/h u onda de choque que «se ha dejado sentir en todo el planeta, incluso en el norte de África, que es el punto diametralmente opuesto (la antípoda)», Australia.

Dificultades

Ahora que el cráter ha quedado bajo el nivel del mar, la monitorización es «más dificultosa», apunta Pérez, aunque de acuerdo al experto «todos los parámetros o casi todos pueden ser vigilados, aunque de una forma más compleja». Las dificultades o no para la monitorización del seguimiento estará marcado por la profundidad del sistema volcánico, señala, porque «entre más grande es la columna de agua sobre el cráter más dificultades encontrará la medición».

La magnitud de la erupción apunta, sin embargo, a que no sea tan duradera como las que han vivido las islas, coinciden los dos expertos.