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© Ricardo Solís
Luis Laria y un colaborador de la Cepesma, retirando dos cadáveres de delfines de la playa gozoniega de Xagó.
Luis Laria aboga por análisis que midan la radiación, «porque a cuatrocientas millas de la costa cantábrica está el mayor cementerio radiactivo del mundo».

Trece delfines -nueve listados y cuatro comunes- vararon en el mes de julio en la costa asturiana. Siete fueron devueltos al mar con vida y el resto fueron trasladados a las instalaciones de la Coordinadora para el Estudio y la Protección de las Especies Marinas (Cepesma), donde realizaron sus necropsias. Los resultados: ejemplares con parasitaciones abundantes, quistificaciones y tumoraciones. La entidad que dirige Luis Laria lleva tiempo observando muertes de delfines con cuadros clínicos similares. De ahí que Laria proponga ahora que el pescado de consumo pase por controles más exhaustivos para garantizar su salubridad. Avala sus palabras en las similitudes existentes en la cadena trófica de los delfines y los humanos.

«Si se hiciese un estricto control del pescado nos llevaríamos sorpresas desagradables porque la parasitación es importante, sobre todo por anisakis. Estas parasitaciones ya las hemos visto en el tracto digestivo, masa muscular, pulmones y corazón», sentencia Laria, y añade: «Si dado el caso el cerdo sufriera problemas similares a los del pescado la gente dejaría de comerlo». Los parásitos, quistes y tumores detectados en delfines no son lo único que, a día de hoy, preocupa a Laria. «Se deberían hacer también análisis de metales pesados y radiactividad al pescado», aconseja. ¿La explicación? «A cuatrocientas millas de la costa cantábrica está el mayor cementerio radiactivo del mundo», indica.

Precisamente en relación con los metales pesados, el Ministerio de Sanidad a través de la Agencia Estatal de Seguridad Alimentaria y Nutrición desaconsejó a principios de verano el consumo de atún rojo y de pez espada tanto a los niños menores de tres años como a las embarazadas. Advirtieron entonces de su alto contenido en mercurio. «Esta alerta afectó al túnido, pero habría que hacer un análisis a más especies», subraya el responsable de la Cepesma. La entidad, por el momento, ya se ha puesto manos a la obra para detectar la posible incidencia de metales pesados y radiactividad en el pescado. Estudiarán calamares hallados muertos en la Fosa de Hércules (Coruña).

«Han venido especialistas de Francia para ayudarnos con este estudio y lo único que esperamos es que las conclusiones no sean demasiado serias, aunque a este problema hay que darle la importancia que tiene», manifiesta, e incide de nuevo en la relevancia de hacer controles tan exhaustivos -como los que pasa la carne- al pescado. Hasta entonces, Laria ofrece dos consejos a los consumidores de pescado: cocinarlo lo máximo posible y, a ser posible, congelarlo antes de utilizarlo.

Los datos que maneja la Coordinadora para el Estudio y la Protección de las Especies Marinas son alarmantes. «El cincuenta por ciento de la mortandad de los delfines es por capturas accidentales o por artes de pesca, pero cada vez es más elevado el porcentaje de delfines que mueren por quistes, quistificaciones y tumoraciones», recalca Laria.

Sobre la anisakiosis humana, el sitio de localización más frecuente es el estómago e intestino, pero también se han descrito cuadros extradigestivos, de acuerdo al informe elaborado por el Comité Científico de la Agencia Española de Segu - ridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) sobre la incidencia de la eliminación del pescado o partes del mismo en relación con la reducción de la prevalencia de la anisakiosis humana. Parte de este problema, según las mismas voces, se debe al vertido al mar de las vísceras y otros restos de peces y cefalópodos, lo que incrementa la prevalencia de anisakis en las especies marinas. «Los delfines nos están diciendo lo que hay. Cualquier incidencia que sufran estos animales la podemos padecer los humanos», concluye Laria.