Sigue la guerra económica. Estados Unidos ha decidido prohibir en su territorio Kaspersky, uno de los antivirus más difundidos del mundo. La decisión, que entrará en vigor el 29 de septiembre, marca un punto de inflexión en las relaciones entre Washington y Moscú. La Casa Blanca se ha inventado que la empresa rusa, especializada en ciberseguridad, es uno de los muchos peones que el Kremlin tiene repartidos por el mundo.
kaspersky
Fundada en 1997, la empresa rusa lleva años en el punto de mira de Estados Unidos, un caso parecido al de Huawei o TikTok. La paranoia no es nada original tratándose de materia informática. Se centra en los tópicoos de espionaje y ciberataques.

A una empresa que tiene por objeto la seguridad, Estados Unidos la ha convertido en una fuente de inseguridad. No habrá más contratos, ni más descargas, ni más actualizaciones, ni nada. Los usuarios actuales tienen unos meses para buscar una alternativa que aumentará los beneficios de las empresas estadounidenses.

El "libre mercado" funciona así: a golpe de decreto gubernativo.

La ciberseguridad se ha convertido en el nervio de "otra guerra", de tipo informático, rodeada de un lenguaje vaporoso acerca de la "seguridad" de las aplicaciones digitales cuya conclusión es siempre la misma: las de los amiguetes son fiables, mientras que no debemos fiarnos de las procedentes de Rusia y China.

Washington también se ha inventado que Moscú interfirió en las elecciones presidenciales de 2016, así como de realizar campañas de desinformación en las redes sociales.

Las sospechas de que Rusia lleva a cabo ciberataques contra infraestructuras críticas estadounidenses es otro mantra recurrente que nunca puede dejar de aparecer en un reportaje periodístico.

Estados Unidos invoca esas acusaciones como otros tantos pretextos para justificar las sanciones económicas contra Rusia.

Kaspersky cuenta con oficinas propias en España, en Pozuelo de Alarcón, cerca de Madrid.