La destrucción de Siria es un capítulo crucial en la transformación de Oriente Medio por el imperialismo. El país no se va a estabilizar porque es un escenario de conflictos sin resolver, divisiones internas e intervenciones externas cuidadosamente alimentadas.

Ahmad Al Sharaa
Tras la caída del gobierno de Asad, Estados Unidos apoyó al nuevo gobierno yihadista. Trump se reunió con el presidente interino, Ahmad Al Sharaa, de quien dijo que tenía "una posibilidad real de mantener unida a Siria". Estados Unidos levantó las sanciones y eliminó a HTS, la delegación local de Al Qaeda, de la lista de organizaciones terroristas.
Los cambios políticos preocupan a los antiguos secuaces del imperialismo, en particular los kurdos, que desde hace tiempo temen ser excluidos de las negociaciones sobre el futuro del país. Sus temores se ven agravados por la persistente amenaza de los yihadistas y de mercenarios extranjeros.
Los kurdos siguen preocupados por las acciones del Califato Islámico, que ha restablecido su presencia en zonas que nominalmente están bajo el control del gobierno interino. Asimismo, los centros de detención, que albergan a aproximadamente 10.000 miembros del Califato Islámico, representan una amenaza adicional, grave y persistente. El riesgo de fugas y la reanudación de la actividad terrorista hacen que la amenaza del Califato Islámico resurja.