Los indignados que se echan a la calle cada vez son menos. Desde dentro del movimiento brota la autocrítica: «Quizá quisimos abarcar demasiadas cosas».
© AFPUn indignado en la Puerta del Sol, el pasado 22 de mayo
Medio millar de indignados se manifestaron el domingo en Madrid para pedir «un cambio en el sistema». Pero la noticia no es esa.
La noticia es que fueran tan pocos. Las convocatorias del Movimiento 15M empiezan a perder fuelle y esto preocupa a muchos de los colectivos que promovieron un fenómeno que se convirtió en protagonista de la escena informativa nacional y ahora ve evaporarse su protagonismo a marchas forzadas.
Cuando todo hacía presagiar que en una campaña electoral abocada según todos los pronósticos a una victoria aplastante del Partido Popular los indignados llevarían a cabo una intensa campaña de movilizaciones para remover la conciencia de los electores, resulta que
su falta de tirón los está condenando al ostracismo. Su impacto no está siendo, ni mucho menos, el que tuvieron en el mes de mayo. Al contrario que en las autonómicas y municipales,
el 15M está pasando sin pena ni gloria por la campaña.
La marcha dominical de Madrid, con apenas medio millar de ciudadanos, secundada en otras ciudades españolas también por pocos ciudadanos, contrasta con las multitudinarias protestas del 15 de mayo, el 19 de junio o el 15 de octubre, en las que
fueron cientos de miles los indignados.