(España) -
Quienes pretenden instaurar un privilegio legal por razón de género no son ni feministas, ni demócratas: son identitarios.

© EFEImagen de la pasada huelga del 8M
Llevo trabajando más de veinte años. Empecé por cuenta ajena, pero con apenas veintisiete años fundé mi propio despacho de abogados. Todo empezó en un bajo comercial con la ayuda de un préstamo. No recibí ningún empujoncito y tampoco gozaba de influencias. Y aquí me tienen: madre de dos hijos que dirige un bufete con tres oficinas en España en el que trabajan varios empleados y que compagina el ejercicio del Derecho con su labor de columnista en este medio.
Así que me considero legitimada para afirmar que el 8-M debería ser un día de celebración. Pero, sin embargo, no lo es. Ni para mí, ni para muchísimas mujeres, cada una con sus vivencias y con su propia trayectoria profesional y vital. ¿Por qué?
Porque el 8-M se ha convertido en un gueto ideológico de izquierdas, cuyos ingredientes poco o nada tienen que ver con el feminismo, pero sí mucho con reivindicaciones políticas de corte anticapitalista.
Comentario: El camino elegido por el gobierno argentino lleva a que las provincias promuevan criptomonedas y el sálvese quien pueda. Y esto es así porque el gobierno de Alberto Fernández negocia con los acreedores privados la reestructuración de la deuda, siempre obedeciendo a los jerarcas del FMI, quienes pedirán controlar la emisión de pesos en Argentina, atando las manos del gobierno que ya no podrá ayudar a las provincias a cumplir con sus obligaciones. Y, en el caso de las deudas que tienen las provincias con la nación, los gobernadores querrán el mismo trato para con la deuda externa: correr las fechas y pagarlas en un futuro distante. Todo esto genera fricciones entre el gobierno central y las provincias, que de agravarse, podría llevar a la desintegración del territorio nacional argentino.