Los investigadores analizaron a hembras de animales en período de gestación cuando los fetos estaban desarrollando sus sistemas reproductores. Estos animales estaban expuestos de manera transitoria a compuestos químicos de los combustibles usados por los aviones, como el JP 8.

Los machos también registraron anomalías en la próstata y del desarrollo durante la pubertad. En las mujeres se observó una pérdida del folículo primordial y el ovario poliquístico, además de obesidad en ambos sexos.
En las siguientes generaciones se continuó observando la pérdida del folículo primordial y el ovario poliquístico, además de obesidad en ambos sexos.
Al analizar el esperma se encontraron 33 regiones diferenciadas de la metilación del ADN, que corresponden a las llamadas epimutaciones, causantes de trastornos en los sistemas de reproducción.
El equipo formado por los investigadores Rebecca Tracey, Mohan Manikkam, Carlos Guerrero Bosagna y Michael K.Skinner, sostiene que la mezcla de hidrocarburos, que en la aviación se llama JP-8 promueve enfermedades que se transmitirán a las siguientes generaciones, como "herencia epigenética transgeneracional".
A su vez sostienen que las exposiciones ambientales que recibieron nuestros ancestros, están provocando mutaciones en enfermedades del sistema reproductivo.
Estos resultados apoyan la teoría de que los tóxicos no solo afectan a la persona que está presente en ese momento y en el lugar preciso, sino que se transmitirá al menos por algunas generaciones.




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