A lo largo de la historia del mundo occidental se han ido produciendo diferentes cambios al valor que se le atribuye a la alimentación y, con ello, a las dimensiones corporales. Muy ligado a esto, encontramos las variaciones en el concepto de belleza que se han ido produciendo en las distintas épocas. Así, por ejemplo, en ciudades desarrolladas, donde el alimento no es un bien limitado, la delgadez es considerada el ideal estético, mientras que por el contrario en lugares donde la comida es escasa, la redondez corporal es lo más deseable estéticamente.
trastorno alimenticio
No hay que olvidar que la belleza es un valor estético subjetivo propio del ser humano, y no tiene universalidad, ya que está influido por diversos factores culturales, económicos... lo que para una sociedad puede ser bella, al mismo tiempo puede no serlo para otra.

Es por eso que los fenómenos sociales afectan tanto al modo en el que percibimos la belleza como al modo en el que nos valoramos a nosotros mismos. En ciertos contextos, esto puede dar paso a trastornos alimenticios.

Cánones de belleza y su influencia en los trastornos alimenticios

La simetría, al igual que la salud humana, se ha considerado como un indicador de belleza, junto a ella otros elementos como los ojos grandes, las piernas largas y la juventud. Hoy en día tenemos estudios que demuestran que estos rasgos son buenos indicadores de atracción.

Además, la simetría de la potencial pareja es señal de salud interna, y la evolución habría ido seleccionando a los más simétricos con el fin de descartar enfermedades o malformaciones que generen desventajas en la descendencia y lograr así el futuro de la especie.

Es difícil lograr una definición de belleza debido a ese carácter subjetivo, pero podemos hablar de canon de belleza haciendo referencia al conjunto de características que debería reunir un objeto o persona para que la sociedad en la que habita considere su atractivo.

Este concepto varía según las épocas y de una cultura a otra. Durante gran parte de la prehistoria existía un canon de belleza que correspondía a una mujer de vientre grande, pechos voluptuosos y caderas anchas ya que el principal objetivo era la supervivencia y la reproducción de la especie. Este concepto fue evolucionando hasta llegar a la actualidad, etapa en la que la extrema delgadez llena las pasarelas.

Este tipo de estereotipos sociales asociados a la belleza corporal están provocando un efecto potenciador de diferentes trastornos alimenticios. Los principales son los siguientes.

1. Anorexia nerviosa

Es el trastorno alimentario más importante por la gravedad a la que pueden llegar algunos casos. La traducción literal de anorexia nerviosa es "pérdida nerviosa de apetito" y es un trastorno por déficit de ingesta de alimentos. El sujeto que padece este trastorno tiene una necesidad implacable de adelgazamiento provocado por un miedo fóbico a la obesidad, por lo que siguen una dieta muy estricta y continua llegando a la inanición y en muchos casos a la muerte.

Entre los síntomas aparecen una severa restricción de la comida y la desnutrición consiguiente, distorsión de la imagen corporal, conducta de evitación del alimento, y diferentes repercusiones físicas como puede ser la irregularidad menstrual y más tarde la amenorrea o impotencia para el caso de los varones.

2. Bulimia nerviosa

La bulimia nerviosa es un trastorno alimentario caracterizado por los atracones y las purgas. Al igual que la anorexia, la persona está obsesionada con su "peso ideal" (distorsionado como la visión de su imagen corporal) y tiene miedo a la obesidad, buscando por encima de todo su delgadez.

La persona comienza a sentir una necesidad imperiosa de ingerir alimentos a toda costa y sin autocontrol. Después de estos episodios de sobreingesta o comúnmente llamados "atracones" el sujeto es invadido por sentimientos negativos de culpa que intenta subsanar mediante el vómito inducido, el uso de purgantes y laxantes o el consumo de anfetaminas.

Este comportamiento circular (necesidad comer - sentimiento de culpa - eliminación de dichos sentimientos) se produce una y otra vez constantemente perpetuando el cuadro bulímico. La influencia de los medios de comunicación y publicidad, las exigencias profesionales en algunos casos y la propia necesidad de integración social, pueden ser factores que predisponen a la persona a sufrir este tipo de trastornos.

Las edades más afectadas son las que abarcan la adolescencia, donde la autoestima tiene su mayor inestabilidad y la aceptación social y del grupo de referencia es la prioridad número uno, pero cualquiera puede ser vulnerable.

Nadie es perfecto, pero somos perfectas imperfecciones. Conocerse a uno mismo, quererse y superarse día a día en todos los aspectos deben ser los pilares fundamentales para el desarrollo personal y lograr un bienestar psicológico que acompañe al bienestar corporal.