Según las primeras estimaciones, el 70% de los franceses estiman que el proyecto de Emmanuel Macron concebido para combatir el separatismo islamista será «poco o nada eficaz», sin afrontar con energía los problemas y amenazas que plantea de manera creciente el islam político y radical, eufemismos presidenciales para nombra el creciente islamismo francés.
El proyecto de Macron para combatir el separatismo islamista en Francia

Macron, durante un momento de su discurso en Les Mureaux, en el extrarradio de París.
Tras un año de anuncios y aplazamientos, el presidente presentó la mañana de este viernes el futuro proyecto de Ley en una ciudad emblemática de la «banlieue» parisina, los suburbios parisinos, Mureaux (Yvelines), acompañado de sus ministros del Interior, Gérald Darmanin; Justicia, Éric Dupong-Moretti y Educación, Jean-Michel Blanquer.

El proyecto de Ley que debiera estar redactado a finales de año, para ser discutido a lo largo del primer semestre en la Asamblea Nacional (AN) y entrar en vigor a mediados/finales del 2021. Como prólogo a las medidas que debieran aplicarse, dentro de un año, más o menos, Macron sentó varios principios cardinales de su proyecto:

-La escuela será obligatoria a partir de los 3 años. Quedará prohibida la escuela en casa: un sistema utilizado por muchos imanes musulmanes para liberar a los niños del rigor de la escuela pública y mejor adoctrinarlos directamente, a domicilio.

-Francia asumirá la formación de los futuros imanes... poniendo fin al sistema de los imanes enviados por potencias extranjeras (Marruecos, Argelia, Turquía, algunos países del Golfo). Se trata de un proyecto concebido hace muchos años, sin éxito.

-Mejor control de las mezquitas y centros de culto. Proyecto muchas veces concebido, que Macron desea actualizar para intentar controlar a imanes islamistas.

Tras esos principios básicos, el proyecto macroniano se propone regular este tipo de actividades: prohibiendo los lugares de culto en las empresas, estaciones y aeropuertos; con un control más estricto de asociaciones culturales convertidas en centros de adoctrinamiento religioso y protegiendo a la infancia adoctrinada por profesores y predicadores que violan las normas más elementales de la escuela pública. Asimismo, con la prohibición y castigo de los certificados de virginidad, ofrecidos por un número desconocido de médicos de una ética profesional desconocida; luchando contra la poligamía y el control y penalización de agentes religiosos que imponen sus criterios en los transportes públicos en materia de relaciones hombre/mujer y manera de vestir.

Crisis multicultural

Esperado, desde hace meses, el proyecto de lucha contra el secesionismo religioso, cultural, es recibido con prudencia y gran escepticismo. Según un primer sondeo publicado por el matutino conservador «Le Figaro», apenas un 28% de franceses dicen apoyarlo, mientras que el 72% de los franceses estiman que será poco o nada eficaz

Candidato a la presidencia de la República, en 2017, Macron solo denunciaba al «comunitarismo», sin entrar en detalles. Dos años más tarde, comenzó a denunciar el secesionismo cultural. Para terminar aceptando la crisis multicultural de fondo: en el islam francés, la religión de 5 o 6 millones de franceses de confesión musulmana, cohabitan malamente en unas organizaciones (controladas por países como Marruecos y Argelia) que dialogan y aceptan las instituciones francesas, y unas organizaciones que llevan años viviendo en la periferia institucional de Francia, estimando que su religión (el islam integrista, político, yihadista, con frecuencia) «está por encima y es más importante» que las instituciones del Estado.

Hay una guerra civil larvada e inconfesable entre musulmanes franceses de distinta obediencia. Y, al mismo tiempo, el islam radical, se ha transformado en un cáncer nacional que Macron cree combatir denunciando el separatismo religioso.