Mide más de mil millones de años luz de extensión y en su interior no hay «nada» 
© Pablo Carlos Budassi
La Vía Láctea, nuestra galaxia, junto a todas sus compañeras, se encuentra en el borde mismo de un enorme vacío de más de mil millones de años luz de extensión y en cuyo interior no hay "nada". Esa es la extraordinaria conclusión presentada por un grupo de cosmólogos en la reunión anual de la Sociedad Astronómica Americana, que se celebra estos días en Austin, Texas.
Ya en 2013, un estudio elaborado por la astrónoma Amy Barger y su entonces estudiante Ryan Keenan, de la Universidad de Winsconsin-Madison, mostraba que la galaxia en que vivimos, en el contexto de las estructuras a gran escala del Universo, reside justo en los límites de un gigantesco vacío, una oscura y enorme región de espacio que contiene muchas menos galaxias, estrellas y planetas de lo que podemos ver en nuestro vecindario cósmico más inmediato.
Ahora, un nuevo estudio llevado a cabo por otro astrónomo de la misma Universidad, también estudiante de Barger, no solo confirma la idea de que todos nosotros vivimos en el mayor de los vacíos conocidos hasta ahora en el Universo, sino que, además,
ese hecho ayuda a reconciliar el aparente desacuerdo entre los dos modos que hay de medir la constante de Hubble, que los cosmólogos utilizan para describir la velocidad a la que el Universo se expande.
La citada discrepancia se produce por el simple hecho de que los resultados varían según cuál sea la técnica empleada para medir la expansión.
"Pero independientemente de qué técnica se esté usando -afirma Ben Hoscheit, autor de la investigación- se debería obtener el mismo valor para la tasa de expansión actual. Afortunadamente, el hecho de vivir en un vacío nos ha ayudado a resolver esa discrepancia".
La razón para ello es que un vacío así, con mucha más materia fuera tirando gravitatoriamente, puede afectar a las medidas de la constante de Hubble que se obtengan con una técnica que utiliza supernovas (relativamente cercanas). Por el contrario esa misma gravedad no tendrá efecto alguno sobre la medición si ésta se ha llevado a cabo usando la técnica que usa el Fondo Cósmico de Microondas (CMB), la radiación residual del Big Bang, que permea por igual todo el Universo.
Para Hoscheit, ambas técnicas son correctas, pero la que se basa en la observación de supernovas nos da un resultado "local", mientras que la basada en el CMB nos ofrece resultados "cósmicos".
Comentario: El 'Establecimiento Científico' parece por fin empezar a abandonar su escepticismo respecto a la influencia que los comentas tienen en nuestro planeta. Una influencia que va más allá del propio origen de la vida humana en la Tierra, para abarcar también su evolución y destrucción.
Desde SOTT, venimos defendiendo la hipótesis que propone que la vida "puede tener su origen en cualquier parte de universo, no procede directa ni exclusivamente de la Tierra", la vida en nuestro planeta tiene origen extraterrestre, y no estamos hablando de marcianitos verdes bajando en sus naves espaciales, hablamos de comentas o meteoritos ingresando desde el espacio a la Tierra, lo que se conoce como la teoría de la paspermia:
La aparición repentina de enfermedades, plagas, o pestes durante la historia humana (o en la actualidad) constituye un indicio de que quizá algo proveniente del exterior ingresó al ecosistema terrestre. Hay suficiente evidencia acumulada como para considerar esta hipótesis altamente probable.
De ser así, las consecuencias posibles de los impactos de cuerpos celestes en la Tierra, además de las derivadas del impacto en sí mismo y de las ondas electromagnéticas generadas, podrían traer consigo nuevas variedades de virus, bacterias (con información genética diferente), es decir, enfermedades jamás vistas y nuevas combinaciones genéticas. Recomendamos ver:
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