
© Desconocido
Tengo que empezar este artículo subrayando que no tengo ninguna simpatía por el coronel Gadaffi. Ya he escrito sobre este tema en varias ocasiones. Pero me molesta la manipulación que la mayoría de los medios de información están haciendo en su cobertura de lo que ocurre en Libia, manipulación que aparece incluso con mayor claridad cuando se compara con los reportajes de estos mismos medios sobre la situación en otros países en los que la represión sobre la población, por parte del dictador que comanda el país, es incluso mayor.En cualquier guerra, los medios de información de mayor difusión juegan un papel clave en la creación de la opinión popular favorable al que se considera bando amigo y desfavorable al enemigo. El ejemplo más conocido es el ocurrido en la primera guerra del Golfo, durante el periodo 1990-1991, cuando una niña de 15 años explicó su testimonio frente al Congreso de EEUU, en el que indicó con toda serie de detalles lo que ella había visto en un hospital de Kuwait, invadido por las tropas de Saddam Hussein de Iraq. En su testimonio señaló que soldados iraquíes habían sacado a los bebés de las incubadoras y los habían dejado morir. La indignación de los congresistas estadounidenses, y más tarde de la población, jugó un papel clave en la posterior votación de apoyo del Congreso a la intervención militar de las tropas de EEUU en Kuwait.
Más tarde se descubrió que tal joven, que se había presentado como ayudante de enfermería en el hospital de Kuwait citado en su testimonio, era la hija del embajador de aquel país en Washington, y que no se había movido de Washington durante toda la guerra (citado en el artículo "
Those Lybian atrocities: Do they really stand up?", de Patrick Cockburn en CounterPunch, 20 de junio de 2011, del cual extraigo gran parte de los datos presentados en este artículo).
Algo semejante está ocurriendo en la guerra de Libia. Alexander Cockburn, uno de los periodistas más agudos y críticos de las culturas mediáticas y políticas de EEUU, señala, en su columna semanal en
The Nation del 27.06.11, que en las últimas tres declaraciones sobre derechos humanos que ha realizado el grupo G-8 (el grupo de países más poderosos del mundo), Libia es el país que acapara mayor atención, siendo citado catorce veces. Bahrein, o Arabia Saudí, regimenes casi feudales, donde existe una represión brutal (no hay otra manera de definirlo), no aparecen ni una vez. Mientras, los dirigentes de los países del G-8, la mayoría de los cuales se presenta como los grandes defensores de los derechos humanos, están presentando la intervención de la OTAN en Libia como un ejemplo de su compromiso en su defensa de la democracia. Y,
para resaltar su compromiso, están demonizando al coronel Gadaffi, distribuyendo y promoviendo información de dudosa credibilidad.