Basamos nuestra vida en ideas y opiniones ajenas y en el deseo de quedar bien con los demás; esto generalmente es la causa de una vida insatisfactoria. Este ejercicio te ayudará a encontrarte a ti mismo, desarrollar tu intuición y llevar una vida auténtica.

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A menudo crecemos y adoptamos las ideas, conceptos, costumbres, prejuicios y demás de nuestro entorno social. Sin embargo, al hacerlo navegamos por el mundo con una especie de sinsentido o falta de significado genuino, ya que no hemos encontrado auténticamente lo bueno, bello y verdadero para nosotros mismos, no lo hemos descubierto por nuestra propia cuenta. Este proceso de encontrar lo significativo por nosotros mismos y lograr congruencia interna -moral y espiritual- es similar a una iniciación, a un proceso de maduración sumamente importante en la conformación de un ser humano que busca, en términos del psicólogo Maslow, su autorrealización. Para ello se requiere de una enorme honestidad y una capacidad crítica, un poco como Sócrates, el filósofo que se atrevió a cuestionar todo lo establecido para encontrar la verdad.

Lo que está en juego no es nada menos que simplemente ser uno mismo, es decir, ser aquello particular y más genuino que somos, desarrollando la capacidad de expresarnos más allá de las limitaciones de lo conceptual y lo convencional.

Consciente de la importancia de lo anterior, el profesor de la Universidad de Toronto y recientemente una suerte de celebridad de Internet, Jordan Peterson, ha compartido una serie de consejos prácticos para poder lograr este estado de individuación o autorrealización, lo cual considera que es el ejercicio psicológico más importante que un ser humano puede hacer. Lo genial de esto es que combina un proceso de deconstrucción de nuestras ideas y pensamientos con un acto de intuición o afirmación de lo real a través de las sensaciones del cuerpo, es decir, va más allá de la mente racional, puesto que la verdad debe sentirse y no sólo razonarse. Consiste en lo siguiente:
Empieza asumiendo que la mayoría de las cosas que dices y piensas no son tuyas y que no crees en ellas; son sólo cosas que has recogido por alguna razón u otra.

Imagina tus propios pensamientos como si los dijera alguien que acabas de conocer, para así desapegarte de ellos.

Deja de repetir ciegamente las opiniones de otros.

Nota que eso no eres tú.

Entonces empieza a escuchar lo que dices y, sobre todo, empieza a sentir lo que dices.

Y luego recuerda seguir esta regla:

Pon atención si lo que dices te hace sentir más fuerte o te hace sentir más débil.

Si es más fuerte, sigue repitiéndolo.

Y si es más débil, por ejemplo, una sensación de desintegración o fragmentación en tu estómago, deja de repetirlo.

Cuando sientas una sensación física de inestabilidad, haz una pausa.

Luego busca palabras que sientas que son verdaderas.

Reformúlalas para que cuando vuelvas a plantear tus pensamientos, tu sensación de integridad, fuerza y autenticidad vuelva aparecer.

Se puede sentir esto en la parte central de tu cuerpo.

Decir algo que no es verdadero te deja una sensación de debilidad porque te disasocias; parte de ti está de acuerdo, y otra parte no, esto fragmenta tu psique.

Por ejemplo, decir cosas que no crees para impresionar a alguien, o para intentar seguir siendo aceptado en cierto orden social, crea una máscara detrás de la cual lo que sientes debe ocultarse.

Debes evitar la falsedad en tu propia representación de ti mismo, de otra forma puedes sumirte en el caso y en una interminable multiplicidad de mentiras.

Pero si logras que tus palabras sean correctas, puedes lograr sentirte de regreso hacia una alineación.

Al seguir este ejercicio, haces que tu capacidad de hablar se subordine a tu capacidad de poner atención.

La atención es una función más alta que el intelecto, ya que la atención es lo que le enseña al intelecto.
Más sobre este ejercicio en el sitio High Existence