Traducido por el equipo de SOTT.net
«No actuaban como personas ni como actores. Es difícil de explicar».
- J. D. Salinger, El guardián entre el centeno

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Con todo el alboroto que se ha formado en torno a los gestos «pacificadores» del presidente Donald Trump hacia Rusia en relación con Ucrania y el restablecimiento de las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Rusia, conviene recordar el «giro hacia Asia» anunciado por la Administración Obama en 2011 y el golpe de Estado que llevó a cabo en Ucrania en 2014. Para aquellos que no lo recuerden, recomiendo dos películas:
The Coming War on China, de John Pilger, y
Ukraine on Fire, de Oliver Stone.Son dos vertientes de una estrategia estadounidense a largo plazo para mantener la preeminencia de Estados Unidos en todo el mundo contrarrestando a Rusia y China simultáneamente, aunque no por igual. Dicha estrategia no la determina alguien como el presidente Donald Trump, que habla y actúa de forma impulsiva, como es habitual en él, sino banqueros, financieros, eminencias grises y académicos de tez pálida a sueldo en edificios majestuosos reservados para tales deliberaciones.
A pesar de la retórica contraria, existe una estrategia de política exterior fundamental y coherente de una administración presidencial estadounidense a otra, con los pequeños desvíos necesarios aquí y allá, y las discusiones dentro de la clase dirigente sobre las tácticas. La estrategia a largo plazo es lo suficientemente amplia como para incluir cambios aparentemente repentinos en las políticas, que se disimulan con historias de tapadera que engañan incluso a las personas más inteligentes. Los deseos confunden las mentes de los más astutos. Sirven para ocultar los intereses de la dominación estadounidense del mundo, una dominación que ahora se ve amenazada y que Trump no está abandonando, incluso aunque ajuste las tácticas estadounidenses sobre la marcha.