Traducido del inglés para
Rebelión por Germán Leyens

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Parece que después de todo Osama bin Laden no será el principal personaje en el proceso del siglo; por un simple vuelco del destino, ese papel lo tendrá Dominique Strauss-Kahn (DSK), el todopoderoso jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), que ahora languidece en "Alcatraz" Rikers Island en Nueva York.
El hecho de que esta sopa de acrónimos acabe de presentarse para una prueba, muy a pesar suyo, ante el mundialmente famoso Departamento de Policía de Nueva York, que completa la captura en el último minuto en la cabina de primera clase de un vuelo transatlántico, la rueda de identificación y el 'paseo del perpetrador', lo convierte en el máximo escándalo sociopolítico global.
A un nivel más desagradable, el de los tabloides neoyorquinos, fue difícil librarse de la chispeante metáfora del IMF (FMI) - y su reputación de follarse a los pobres del mundo - aplicada literalmente a un ajuste estructural en un hotel de Manhattan a una discreta viuda inmigrante musulmana de África que vive en el Bronx con su hija adolescente. La implacable ejecución mediática tenía que ser tan masiva como el evento en sí.
Posiblemente, DSK tenga más suerte que el líder libio coronel Muamar Gadafi, porque se enfrantará a un jurado en Nueva York y no a la Corte Penal Internacional (CPI) en La Haya. A diferencia de Gadafi, DSK - por lo menos en teoría - es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad, aunque ya ha sido condenado por la prensa sensacionalista.