En marzo del 2020 escribí el artículo "Ante todo, no hacer daño: si la atención primaria permanece suspendida, el daño a los ancianos será peor que el del COVID-19". Mi predicción resultó ser correcta. Desde entonces, la pseudo realidad del COVID-19 ha hecho que la Atención Primaria de Salud sea casi irreconocible.
Durante el último año de mi práctica me decidí a priorizar cualquier cosa que suponga una amenaza para la vida o que esté relacionada con la Atención Primaria de Salud, y dejé como última prioridad (y la Administración me lo hizo pasar mal por ello) la burocracia o los seguimientos relacionados con la "pandemia" (que en realidad se trata de personas que no presentan NINGÚN síntoma). Esto hizo que me diera cuenta no sólo del daño a nuestra sociedad, sino también de lo absurdo que es todo hoy en día.
Ahora la campaña de vacunación ha comenzado con fuerza, y también la temporada de gripe de invierno. Después de un verano y un otoño sin casos típicos de COVID-19, los médicos están empezando a ver algo de acción otra vez. Algunos acuden a mí con los síntomas de la neumonía COVID-19 que vimos en primavera (y antes). Sospecho que las miles de personas que ya han recibido las vacunas experimentales (aprobadas en contra del
sentido común y la precaución) tienen algo que ver con este aumento. Por lo tanto, me siento obligada a escribir de nuevo, porque me preocupan las millones de personas que están considerando la posibilidad de vacunarse, ya sea porque creen que las vacunas contra el COVID-19 los protegerán, o porque sienten que no tienen otra opción.
Comentario: Vea también: (en inglés)