Cada Estado Parte en la presente Convención se compromete a no desarrollar, producir, almacenar o de otra forma adquirir o retener, nunca ni en ninguna circunstancia:
Agentes microbianos u otros agentes biológicos, o toxinas, sea cual fuere su origen o modo de producción, de tipos y en cantidades que no estén justificados para fines profilácticos, de protección u otros fines pacíficos (Convención sobre la prohibición del desarrollo, la producción y el almacenamiento de armas bacteriológicas (biológicas) y tóxicas)

© Stephane Mahe/ReutersUna persona recibe la vacuna Covid-19 en Saint-Nazaire, Francia, mayo de 2021.
"Durante la Guerra Fría, EE. UU. tenía armas biológicas suficientes para exterminar a toda la humanidad... en una convención sobre armas biológicas y tóxicas celebrada el 10 de abril de 1972
1, se prohibió el uso de armas bacteriológicas. Desde aquel momento solo se permitirían programas de defensa con organismos letales
si iban dirigidos a desarrollar vacunas", escribe Eric Frattini en
Manipulando la Historia, operaciones de falsa bandera, del Maine al Golpe de Estado en Turquía. Han pasado décadas desde aquella operación paperclip, en el que los norteamericanos reclutaron a miles de científicos nazis para desarrollar armas bioterroristas
2 y nada ha cambiado. Al contrario, la guerra se ha extendido a un control efectivo de las mentes.
Es extraño: "Programas de defensa con organismos letales". Es inevitable el paralelismo con la actualidad. En efecto, el SARS COV 2 es utilizado como un arma biológica destinada al control social. El brazo teórico de este enorme fraude político es la consideración de que la humanidad
3 es una plaga de langostas que destruye la naturaleza. Incluso una parte de la sociedad secunda ese fatalismo eugenésico
4 enarbolado por el progresismo de derechas e izquierdas transnacional. En palabras del Sir inglés David Attenborough: "Todos nuestros problemas ambientales se vuelven más fáciles de resolver con menos personas, y en última instancia, imposibles de resolver con cada vez más gente". El "lord" inglés no ha pensado en otro sistema económico ni en la educación espiritual de los niños, sino en eliminar "la raíz" del problema, y la pregunta que surge es si estaría dispuesto a sacrificar su vida para mejorar el medio ambiente. En realidad, la destrucción de la naturaleza es a causa de la acción en Europa, EE. UU. y ahora en China. Pero no se preocupen, el mantra es siempre el mismo: la tecnología es la salvación. La solución, como el problema, siempre están fuera. Los hábitos insanos de vida de los hiper consumidores en realidad no se abordan con sinceridad.
Comentario: Ver también:
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