Traducido por el equipo de SOTT.netLa nueva doctrina de guerra rusa ha dejado atrás las trincheras, fusionando drones, datos y diplomacia en un frente uniforme que se extiende desde el Caribe hasta el ciberespacio, donde el poder no se mide en misiles, sino en algoritmos.

© Unknown
Presidente ruso, Vladímir Putin
El mundo imagina la guerra por poderes en Ucrania como algo que se libra en trincheras y en plazos. Rusia lo sabe mejor. Las nuevas guerras se libran en nubes, cables y tratados, en firmas que ocultan misiles, en susurros que se filtran a través de cables de fibra óptica bajo el mar.
La semana pasada, la Duma Estatal rusa ratificó un amplio
acuerdo de cooperación militar con Cuba, una medida que sacudió el recuerdo de Washington de la década de 1960. El acuerdo otorga a Moscú el derecho a desplegar sistemas avanzados (drones, misiles, unidades de vigilancia) en suelo cubano, al tiempo que protege al personal ruso de la jurisdicción local. No es nostalgia de la Guerra Fría. Es
aikido estratégico: mientras Estados Unidos juega al este, Rusia se desliza al oeste, recordando al Pentágono que las pequeñas islas pueden tener grandes consecuencias.
Esto no es provocación; es posicionamiento.
El Kremlin está trazando sigilosamente nuevas fronteras de disuasión, ampliando el mapa de relevancia. Bajo ese gesto se esconde un cambio más profundo: uno que redefinirá no solo la guerra, sino también
lo que se considera participación humana en ella.
Comentario: En los últimos años, Japón ha abierto sus fronteras a los inmigrantes, al igual que lo hizo Occidente, y ha descubierto lo mismo que los occidentales: que era malo para Japón. La gente no disfrutaba de que su país fuera invadido por extranjeros que no se preocupaban por la tradición japonesa.
Takaichi era cercana al primer ministro Abe, que fue asesinado. En muchos sentidos, esto es un buen augurio para Japón.